Nueva Junta Directiva de Amani

20151018_120946[1]El pasado día 17 de octubre se celebró Junta extraordinaria de nuestra ONG AMANI en la que fueron elegidos los nuevos cargos de la Junta Directiva. A partir de ahora la presidenta de Amani es Carmen Martín, la Tesorera  Aitana Sevilla y David Aguilera será el Secretario.

AMANI es una entidad sin fines lucrativos y tiene el carácter de Organización No Gubernamental. Su fin prioritario es promover la acción misional laica en los países del Tercer Mundo, dentro del marco de la Iglesia Católica y la inspiración de San Daniel Comboni.

Nuestros fines son:

1. La promoción integral de la persona, que abarca fundamentalmente sus dimensiones religiosa, socio-económica, política y cultural, en los países más desfavorecidos.

2. La promoción de la acción misional de agentes laicos, haciendo frente a su preparación, estancia en sus puestos de misión, y previendo su reincorporación al país de origen.

3. Sensibilización sobre la realidad de los países del Sur.
Si deseas ser socio y colaborar regularmente en la Asociación por favor, contacta con nosotros en amanilaicoscombonianos@gmail.com.
Desde AMANI realizamos actividades de sensibilización con la realidad de Sur y fundamentalmente buscamos los fondos para ofrecer apoyo económico a los equipos de la familia comboniana en los lugares de Misión y, en especial, para la cobertura, formación y los trabajos de los Laicos Misioneros Combonianos en estos países. Estamos comprometidos con un uso eficiente de los recursos disponibles, así como un adecuado enlace con las personas que sobre el terreno desarrollan los proyectos a fin de hacer transparente la forma en que se emplean los recursos.

El origen de nuestros fondos viene de los socios que regularmente realizan aportaciones a la Asociación así como de los generosos donativos que habitualmente recibimos.
Así mismo, si deseas realizar alguna aportación o donativo puedes hacerlo a través de la cuenta de AMANI: ES37.2100.1737.7702.0004.0367

Estamos a vuestra completa disposición y deseando recibir vuestros comentarios y aportaciones.

Así mismo, para contactar con AMANI podeís hacerlo a través de:

AMANI-Laicos Combonianos por el Sur

Tel: 91 47 48 743

E-mail: amanilaicoscombonianos@gmail.com

DOMINGO XXX T.O. (B) 25 de octubre de 2015

Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

CURARNOS DE LA CEGUERA

¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

No es difícil reconocernos en la figura deBartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Solo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

José Antonio Pagola

Los cristianos estamos a veces ciegos y sentados al borde del camino, sin ser capaces de ver la luz que viene de Jesús. Nos faltan las fuerzas, hemos perdido la fe, la esperanza y el amor. Sin embargo, hay una buena noticia que podemos llevar a quienes están tirados en la cuneta de la vida: acercarse, escuchar, prestar atención, ayudar, caminar al lado…

Octubre misionero en Granada

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El mes de octubre, mes misionero por excelencia, nos ha permitido a los Laicos Misioneros de la zona Sur acudir a varias parroquias para seguir desarrollando el proyecto que nos propusimos de Animación Misionera. El fin de semana del 10 y 11, y toda esta semana que acabamos de concluir ha sido fructífera, gracias a Dios, tanto en posibilidad de visitas como en lo que han calado.

El domingo 11 de octubre nos recibió con mucha alegría la Parroquia Inmaculada Niña, en el granadino barrio de Mirasierra, Parroquia de mi infancia y de mi familia. A este encuentro acudimos Héctor, Marisela, Mari Carmen Polanco y yo mismo. En la celebración pudimos tener gestos muy misioneros, como la decoración del altar con la bola del mundo, velas de los continentes y telas africanas, el Padre Nuestro en «Sango» o el acompañamiento al coro. Terminada la celebración, tuvimos un rato de compartir experiencias entre los Laicos, el párroco y un nutrido grupo de parroquianos muy interesados y muy afables (entre los que incluyo, como no podía ser de otra manera, a mis padres). En ese rato hablamos de nuestra vocación como Combonianos, como Misioneros y como Laicos; los presentes acogían los testimonios con mucho interés, y se inició un movimiento de hermandad y agradecimiento a Dios, a la Iglesia y a los Combonianos precioso. Tal fue la experiencia que el Párroco va a organizar encuentros posteriores, e incluso convivencias.

En esta semana misionera hemos tenido también varios actos más de Animación Misionera:

El lunes 12 y el martes 13, Héctor, Marisela y Mari Carmen Polanco visitaron el colegio de Juan XXIII de la Chana, con gran entusiasmo por parte de los alumnos, con actividades misioneras e incluso cartas escritas de los niños a misioneros activos actualmente, y algún que otro ofrecimiento de profesores y prácticos interesados en la Misión.

El sábado 17 fue el culmen de la semana, con una Vigilia Misionera en Dúrcal, pueblo granadino, organizado por la familia misionera: Combonianos,       Combonianas y Laicos, y la invitación del párroco, Antonio. Comenzó con una eucaristía, con bastante afluencia de gente, con ambientación Comboniana y homilía de Animación Misionera. Tras la eucaristía, gran parte de los asistentes siguieron para estar en la Vigilia, en la que hubo cuatro grandes partes, a cual más intensa:

-Introducción de Animación Misionera de Héctor y el párroco.

-Testimonio de Jose, de su vocación misionera (personal y familiar), de su misión en Arequipa y de la misión en general (testimonio intenso, vivido, desde lo más íntimo y profundo, conmovedor).

-Reflexión misionera, leída y llevada por Isidro, en la que comentó el Mensaje del Papá, en clima de reflexión, dando lugar a la interiorización del mensaje.

-Acto misionero, en el que los asistentes tuvieron la oportunidad de coger de una cesta colocada en el centro de la Iglesia, el nombre de dos misioneros, uno en activo y otro fallecido, para rezar por ellos en concreto, y establecer una red de oración por la misión.

Todo esto acompañado por un coro parroquial increíble, que permitía sumar a cada acto canciones que impregnaban el ambiente de espiritualidad, hermandad y carácter misionero.

Mensaje del Papa para la Jornada mundial de la alimentación 2015

alimenMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2015

Al Profesor José Graziano da Silva Director General de la FAO

  1. Esta jornada en la que se celebra el septuagésimo aniversario de la fundación de la FAO, pone en un primer plano a tantos hermanos nuestros que, no obstante los esfuerzos realizados, pasan hambre y malnutrición, sobre todo por la distribución inicua de los frutos de la tierra, pero también por la falta de desarrollo agrícola. Vivimos en una época donde la búsqueda afanosa del beneficio, la concentración en intereses particulares y los efectos de políticas injustas frenan iniciativas nacionales o impiden una cooperación eficaz en el seno de la comunidad internacional. En este sentido, queda mucho por hacer por lo que se refiere a la seguridad alimentaria, que se divisa aún como una meta lejana para muchos. Este doloroso escenario, Señor Director General, está reclamando con urgencia que se retome la inspiración que condujo al nacimiento de esta Organización y nos compromete a buscar los medios necesarios para librar a la humanidad del hambre y promover una actividad agrícola capaz de satisfacer las necesidades reales de las diversas áreas del planeta.

Se trata ciertamente de un objetivo ambicioso, pero improrrogable, que se debe perseguir con renovada voluntad en un mundo donde aumentan las diferencias en los niveles de bienestar, ingresos, consumos, acceso a la asistencia sanitaria, educación y por lo que concierne a una mayor esperanza de vida. Somos testigos, a menudo mudos y paralizados, de situaciones que no se pueden vincular exclusivamente a fenómenos económicos, porque cada vez más la desigualdad es el resultado de esa cultura que descarta y excluye a muchos de nuestros hermanos y hermanas de la vida social, que no tiene en cuenta sus capacidades, llegando incluso a considerar superflua su contribución a la vida de la familia humana.

El tema elegido para la Jornada Mundial de la Alimentación de este año: Protección social y agricultura para romper el ciclo de la pobreza rural, es importante. Un problema que pone de relieve la responsabilidad hacia los dos tercios de la población mundial que carece de protección social, incluso mínima. Un dato aún más alarmante por el hecho de que la mayoría de esas personas viven en las zonas más desfavorecidas de aquellos países donde ser pobre es una realidad olvidada y la única fuente de supervivencia está ligada a una escasa producción agrícola, a la pesca artesanal o a la cría de ganado en pequeña escala. En efecto, la carencia de protección social afecta sobre todo a los pequeños agricultores, ganaderos, pescadores y agentes forestales, obligados a vivir precariamente, porque el fruto de su trabajo depende con frecuencia de condicionamientos naturales, que a menudo escapan de su control, y a la falta de medios para enfrentar las malas cosechas o para obtener las herramientas técnicas necesarias. Paradójicamente, además, incluso cuando la producción es abundante, se encuentran con serias dificultades para el transporte, la comercialización y el almacenamiento de los frutos de su trabajo.

Durante los viajes y las visitas pastorales, he tenido numerosas oportunidades de escuchar a estas personas expresar sus penosas dificultades, y es natural que yo me haga portavoz de las arduas preocupaciones que me han confiado. Su vulnerabilidad, en efecto, tiene repercusiones muy gravosas en su vida personal y familiar, ya abrumada por el peso de tantas contrariedades o por jornadas agotadoras y sin límite de tiempo, como no sucede en tantas otras categorías de trabajadores.

  1. Las condiciones de las personas hambrientas y malnutridas pone de manifiesto que no es suficiente ni podemos contentarnos con un llamado general a la cooperación o al bien común. Tal vez la pregunta sea otra: ¿Es aún posible concebir una sociedad en la que los recursos queden en manos de unos pocos y los menos favorecidos se vean obligados a recoger sólo las migajas?

La respuesta no puede limitarse a buenas intenciones y propósitos, radica más bien en «la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia» (Enc. Laudato si’, 157). En efecto, para las personas y las comunidades, la falta de protección social es un factor negativo en sí mismo y no puede restringirse sólo a las posibles amenazas para el orden público, puesto que la desigualdad afecta a los elementos fundamentales del bienestar individual y colectivo, como, por ejemplo, la salud, la educación, la calidad de vida, la participación en los procesos de decisión.

Pienso en los más desfavorecidos, en aquellos que, por la falta de protección social, sufren las nocivas consecuencias de una crisis económica persistente o de fenómenos relacionados con la corrupción y el mal gobierno, además de padecer los cambios climáticos que afectan a su seguridad alimentaria. Son personas, no números, y reclaman que las apoyemos, para poder mirar el futuro con un mínimo de esperanza. Piden a los gobiernos y a las instituciones internacionales que actúen cuanto antes, haciendo todo lo posible, aquello que dependa de su responsabilidad.

Tener en cuenta los derechos de los hambrientos y acoger sus aspiraciones significa ante todo una solidaridad transformada en gestos tangibles, que requiere compartir y no sólo una mejor gestión de los riesgos sociales y económicos o una ayuda puntual con motivo de catástrofes y crisis ambientales. Es esto lo que se pide a la FAO, a sus decisiones y a las iniciativas y programas concretos que se lleven a cabo en los distintos lugares.

Esta perspectiva antropológica, sin embargo, muestra que la protección social no puede limitarse al incremento de los beneficios, o quedar reducida a la mera idea de invertir en medios para mejorar la productividad agrícola y la promoción de un justo desarrollo económico. Se debe concretizar en ese «amor social» que es la clave de un auténtico desarrollo (cf. ibíd., 231). Si se considera en su componente esencialmente humana, la protección social podrá aumentar en los más desfavorecidos su capacidad de resiliencia, de asumir y sobreponerse a las dificultades y contratiempos, y a todos hará comprender el justo sentido del uso sostenible de los recursos naturales y del pleno respeto de la casa común. Pienso, en particular, en la función que la protección social puede desarrollar para favorecer la familia, en cuyo seno sus miembros aprenden desde el inicio lo que significa compartir, ayudarse recíprocamente, protegerse los unos a los otros. Garantizar la vida familiar significa promover el crecimiento económico de la mujer, consolidando así su papel en la sociedad, como también apoyar el cuidado de los ancianos y permitir a los jóvenes continuar su formación escolar y profesional, para que accedan bien capacitados al mundo laboral.

  1. La Iglesia no tiene la misión de tratar directamente estos problemas desde el punto de vista técnico. Sin embargo, los aspectos humanos de estas situaciones no la dejan indiferente. La creación y los frutos de la tierra son dones de Dios concedidos a todos los seres humanos, que son al mismo tiempo custodios y beneficiarios. Por ello han de ser compartidos justamente por todos. Esto exige una firme voluntad para afrontar las injusticias que nos encontramos cada día, en particular las más graves, las que ofenden la dignidad humana y afectan profundamente nuestra conciencia. Son hechos que no permiten a los cristianos abstenerse de prestar su contribución activa y su profesionalidad, sobre todo a través de diversas organizaciones, que tanto bien hacen en las zonas rurales.

Ante las dificultades, no puede prevalecer el pesimismo o la indiferencia. Lo que hasta ahora se ha hecho, no obstante la complejidad de los problemas, es ya motivo de aliciente para toda la Comunidad internacional, para sus instituciones y sus líneas de acción. Entre ellas, pienso en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada recientemente por las Naciones Unidas. Espero que no se quede sólo en un conjunto de reglas o de posibles acuerdos. Confío que inspire un modelo diverso de protección social, tanto en el plano internacional como nacional. Se evitará así utilizarla en beneficio de intereses contrarios a la dignidad humana, o que no respetan plenamente la vida, o para omitir responsabilidades que dejan los problemas sin resolver, agravando de esta manera las situaciones de desigualdad.

Que cada uno, en aquello que dependa de él, dé lo mejor de sí mismo en espíritu de genuino servicio a los demás. En este esfuerzo, la acción de la FAO será fundamental si dispone de los medios necesarios para asegurar la protección social en el marco del desarrollo sostenible y de la promoción de cuantos viven de la agricultura, la ganadería, la pesca y los bosques.

Con estos deseos, invoco sobre usted, Señor Director General, y sobre cuantos colaboran en este servicio a la familia humana, la bendición de Dios rico en misericordia.

Vaticano, 16 de octubre de 2015.

FRANCISCO

BIENAVENTURANZAS DEL MISIONERO

CLM Uganda (420)Bienaventurado el misionero que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como lo más necesario y absoluto, porque no quedará defraudado.

Bienaventurado el misionero que cada mañana dice «Padre Nuestro», llevando en su corazón todas las razas, pueblos y lenguas, porque no se conformará con una vida mezquina.

Bienaventurado el misionero que mantiene su ideal e ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.

Bienaventurado el misionero con un corazón puro y transparente, que sabe descubrir el amor y la ternura de Dios sin complicaciones, porque Dios siempre se le revelará.

Bienaventurado el misionero que reconoce y acepta sus limitaciones y debilidades y no pretende ser invencible, porque Dios se complace en los humildes.

Bienaventurado el misionero que sabe discernir con sabiduría lo que conviene callar y hablar en cada circunstancia, porque nunca tendrá que arrepentirse de haber ofendido a un hermano.

Bienaventurado el misionero que no puede vivir sin la oración y sin saborear las riquezas de la Palabra de Dios, porque esto dará sentido a su vida.

Bienaventurado el misionero que anuncia la verdad sobre Jesucristo y denuncia las injusticias que oprimen a los hombres, porque será llamado profeta de los signos de los tiempos.

Bienaventurado el misionero que sabe asumir y valorar la cultura de los pueblos, porque habrá entendido el misterio de la Encarnación.

Bienaventurado el misionero que tiene tiempo para hacer felices a los demás, que encuentra tiempo para los amigos, la lectura, el esparcimiento, porque ha comprendido el Mandamiento del Amor y se conoce humano y necesitado.