Unidos por la Paz el diálogo interreligioso

Durante esta semana  los galardonados con el premio Mundo Negro a la Fraternidad, el Cardenal Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui y el Imám Oumar Kobine Layama, Presidente del Consejo Islámico de Centroáfrica visitaron  la ciudad de Granada, ciudad de encuentro y de encrucijadas de culturas.

A través de su testimonio pudimos acercarnos a la realidad compleja de este  país. Su trabajo para promover el encuentro y la fraternidad entre los miembros de las diversas religiones ha contribuido a desenmascarar la raíz más profunda del problema que se vive en Centroáfrica:  la lucha por el control de las riquezas económicas del país y por el poder, especialmente por el control de los yacimientos de diamantes.

Actualmente trabajan por construir una plataforma que consolide la acción de reconciliación y se extienda no solo al propio país centroafricano sino que sirva de ejemplo para la acción en otros lugares de África.

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Manos Unidas Campaña Contra el Hambre 2017.

Un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mi
entras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo. 

Manos Unidas nació como Campaña contra el Hambre para dar respuesta a una llamada de la Comunidad Internacional a unir esfuerzos y acabar con esa lacra en el mundo. Sesenta años después asistimos a lo que San Juan Pablo II denominó «la paradoja de la abundancia»: a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, sigue habiendo 800 millones de personas a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse.

El lema elegido para la campaña de 2017 incorpora aspectos centrales del problema del hambre y busca promover un compromiso con un modelo global de producción y consumo sostenibles:compromiso con una concepción de los alimentos como comida para las personas y no como negocio; compromiso con la agricultura sostenible y compromiso con el aprovechamiento integral de la producción evitando la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Más información sobre la campaña

 

6º Domingo T.O. (A) 12 de febrero de 2017

Mateo 5,17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.] Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

 

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la Ley, que ordena «no matarás». Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata cumple la Ley, pero, si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se dé solo en la convivencia social. Es también un grave problema en el interior de la Iglesia. El papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de «cristianos en guerra contra otros cristianos». Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: «No a la guerra entre nosotros».

Así habla el papa: «Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?». El papa quiere trabajar por una Iglesia en la que «todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis».

J.A Pagola

En un mundo donde cumplir la ley puede considerarse un objetivo y un éxito, proponemos mirar a nuestro interior, a nuestro corazón, a la intimidad de Dios para vivir con una autenticidad mayor que la propuesta por las normas.

Domingo 5 T.O.(A)05 de febrero de 2017

Mateo 5,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

SALIR A LAS PERIFERIAS

Jesús da a conocer, con dos imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la «sal» que necesita la tierra y la «luz» que le hace falta al mundo.

«Vosotros sois la sal de la tierra». Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.

«Vosotros sois la luz del mundo». Sin la luz del sol, el mundo se queda en tinieblas: ya no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de la oscuridad. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.

Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve en la comida puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.

El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive encerrada en sí misma, paralizada por los miedos y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecer la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: «Hemos de salir hacia las periferias existenciales».

El Papa insiste una y otra vez: «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos».

La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: «No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos». «El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro». El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama la «cultura del encuentro». Está convencido de que «lo que necesita hoy la Iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones».

J.A. Pagola

Damos sabor si nuestra calidad de vida lo tiene. Somos luz, si nuestra existencia es luminosa. Nosotros tenemos la llave para lograrlo

Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2016

No hay texto alternativo automático disponible.En Bangui,la capital de la martirizada República Centroafricana, la gente los llama los ‘mellizos de Dios’. Y eso que son muy diferentes en casi todo. Uno es el cardenal Nzapalainga, alto y fornido, arzobispo de Bangui y, lógicamente, católico. El otro es el imán Kobine Layama, pequeño, delgado, líder musulmán de la capital y, como es lógico, musulmán. Distintos, pero iguales en su lucha por conseguir la paz a través del diálogo y buscar un futuro mejor y reconciliado para su pueblo.

Los dos mellizos están en Madrid, para recoger el premio ‘Mundo negro a la Fraternidad 2016’ y participar, como ponentes, en el ‘XXIX Encuentro África’, que organiza anualmente la revista ‘Mundo negro’ de los misioneros combonianos.

El lema de las jornadas de este año es ‘Islam y cristianismo, diálogo bajo un mismo techo’ y encaja a la perfección con lo que piensan y viven estos dos líderes religiosos centroafricanos. Los dos se han entregado, desde hace años, a la búsqueda de la paz. Y no sólo de forma teórica, sino jugándose la propia vida.

Desde que, en marzo de 2013, las milicias de la Seleka (musulmanas) tomaron el poder, se encontraron con la réplica de los milicianos ‘anti Balaka’ (cristianos). Desde entonces, el arzobispo y el imán se convierten en constructores de paz, negando con su propia experiencia que se trate de una guerra religiosa.

«La guerra de Centroáfrica no es ni nunca fue una guerra religiosa. Es una guerra militar y política, en la que se ha instrumentalizado a la religión. No hay nada religioso en ella», asegura, con convicción, el cardenal Nzapalainga. Y añade: «La violencia la sufren los pobres por ser pobres y, para hacerle frente, caen también ellos en ella».

Y pone varios ejemplos de amistad y paz entre ambas comunidades religiosas. «Abrimos las puertas de nuestras casas y de nuestras parroquias, que se llenaron de refugiados musulmanes, y lo mismo hicieron los musulmanes con los cristianos, abriendo para ellos sus casas y su mezquitas, con riesgo de sus propias vidas», explica el purpurado.

De hecho, el cardenal acogió en su propia casa, durante más de 9 meses, al imán Lamaya y a toda su familia, al que los milicianos le habían quemado su mezquita y su propio hogar. «Lo acogí, para mostrar a todos nuestra amistad», dice el purpurado. Un gesto criticado por los radicales de uno y otro bando, que recelaban de esta forma de acogida y respeto mutuo.

Con el paso del tiempo y la visita del Papa Francisco, la búsqueda de la paz se hizo más ardiente, la gente empezó a valorar el gesto y comenzó a llamar ‘mellizos de Dios’ al prelado y al imán.

Poco a poco, la gente fue entendiendo que era posible «tratarse como hermanos» y los ‘mellizos de Dios’ crearon una plataforma interreligiosa, que actúa como «los bomberos, apagando muchos fuegos en el país». Y con reconocimiento exterior, tanto en Usa como en Alemania u Holanda, donde el imán y el cardenal recibieron varios premios.

Vayan donde vayan, ofrecen la receta de la educación para romper la espiral de la violencia. «Hay que educar y formar, para convencer de que, en la sociedad, no es la fuerza física, sino la estima y el respeto las que tienen la última palabra. Porque, muchas veces, el que no responde a la violencia es tachado de débil, cuando es todo lo contrario», dice Nzapalainga.

Desde el Islam, el imán Lamaya dice que «la violencia descansa sobre la ignorancia religiosa. Sólo el creyente que no conoce bien su religión puede responder con la violencia. Muchos extremistas son ignorantes religiosos». Y cita, en apoyo de su tesis, una sura del Corán.

Precisamente porque les parece violenta, ambos líderes religiosos denuncian la decisión del presidente USA, Donald Trump, de cerrar sus fronteras a siete países musulmanes. «Una decisión nada sabia. Es una muestra más de la instrumentalización política de la religión. Hay que llamar gato al gato y perro al perro y diferenciar al criminal del creyente», explica el imán.

«No es una buena solución, porque en esos países hay gente de bien que nada tiene que ver con el extremismo. Meter a todos en el mismo saco es el mejor camino para radicalizar a los buenos y, además, toma como rehenes a toda la población de un país», añade el cardenal. Y concluye: «No queremos que los políticos manipulen la religión y tampoco queremos meternos nosotros en política, porque no somos políticos».

Los ‘mellizos de Dios’ se levantan, tras la rueda de prensa y se dan la mano para las fotos. Se palpa el buen feeling que hay entre estos dos constructores de paz y, por eso mismo, hermanos y amigos.