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5 de junio Día Mundial del Medio Ambiente

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La lucha contra el hambre y la pobreza será baldía si no se atacan las causas estructurales y medioambientales que las provocan

Hace ya 45 años que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente para sensibilizarnos sobre la importancia del entorno y promover medidas para protegerlo.

Las actividades industriales, productivas y económicas del ser humano,explica Fidele Podga, coordinador de Estudios de Manos Unidas-, están ocasionando grandes cambios en el medio ambiente y en los ecosistemas debido, sobre todo, al abuso de combustibles fósiles y de productos químicos, al sobreconsumo de bienes no renovables, o a los incendios, la tala indiscriminada, y la caza y pesca descontroladas. El efecto más negativo de esas acciones es, probablemente, el cambio climático”.

Además, por desgracia, – continúa Podga-, son los pueblos más desfavorecidos los que más sufren las consecuencias del cambio climático y los que dependen, en mayor medida, de la salud de los ecosistemas y de la productividad de la tierra”.

Ante esta situación, Manos Unidas se pregunta: ¿Qué puede hacerse para encontrar la sostenibilidad de nuestro planeta, es decir, para satisfacer nuestras necesidades actuales sin poner en peligro los recursos necesarios para el mañana?

Aunque lográsemos eliminar por completo todas nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), podríamos detener el calentamiento global, pero no revertirlo”, continúa el coordinador de Estudios de Manos Unidas. “Por esa razón, es necesario cambiar el rumbo, de manera que podamos proteger el medio ambiente de forma indefinida, sin tener que renunciar al progreso económico y social. Y es evidente que, ante la magnitud de la cuestión, las respuestas personales y de la sociedad civil son insuficientes. Son necesarios cambios sociales, económicos y políticos muy profundos. Conectar a las personas con la naturaleza, como dice el lema elegido este año por Naciones Unidas, debería ir más allá de ciertos planteamientos estéticos y hedonistas. Para el 78% de los pobres que viven en áreas rurales, su conexión diaria con la naturaleza ya no les resulta dignificante”.

Ecosistemas y alimentación

Según estimaciones de la ONU, para 2030 la población mundial necesitará, por lo menos, un 35% más de alimentos, un 40% más de agua y un 50% más de energía. No parece que sea posible lograr esas metas, dentro de los modelos de producción actuales, sin que el calentamiento promedio del planeta aumente 5ºC a final de siglo. “Urge una transición del modelo energético, pero, sobre todo, urge modificar estructuralmente los sistemas de producción, agrícola e industrial, para reorganizar la economía en función del bien común, y no del crecimiento económico, la ganancia y el consumismo”, prosigue Podga. “La experiencia del pasado reciente nos indica la necesidad de un rediseño radical del sistema alimentario mundial, que tenga como objetivos fundamentales la producción como garantía del derecho de todas las personas a una alimentación adecuada y la preservación de los ecosistemas, por encima de los beneficios de los inversionistas y la especulación financiera”, añade.

En esta línea, se hace particularmente importante el fortalecimiento de la capacidad de adaptación al cambio climático de los pequeños productores agropecuarios, para quienes la nueva situación ha significado mayores dificultades para su subsistencia.

Conviene recordar que unos 550 millones de pequeños campesinos en el mundo tienen acceso solo al 12% de las tierras cultivables, pese a lo cual producen más del 70% de los alimentos. Fortalecer sus capacidades ayudaría también a combatir la injusticia climática, al reducir la vulnerabilidad de quienes son los menos responsables del cambio climático y los más castigados por él”, dice Podga.

Nos afecta a todos, depende de todos

Para Manos Unidas, la cuestión del medio ambiente no debe desvincularse del hambre, la pobreza y la exclusión, ya que constituyen dos caras de una misma realidad marcada por la injusticia y la desigualdad. La lucha contra el hambre será baldía si no se atacan las causas estructurales que las provocan”.

Por ello, las organizaciones de la sociedad civil (sociales, populares, sindicales, organizaciones no gubernamentales, Iglesias…) y, a través de ellas, los ciudadanos, debemos ejercer una labor de movilización e incidencia política, para que las instancias de decisión (locales, nacionales e internacionales) asuman un compromiso para contribuir a generar unas estructuras económicas y sociales que contribuyan a rescatar y preservar la salud del medio ambiente.

Frente a un modelo social y económico que pretende convertirnos en depredadores, termina explicando Podga, nuestra responsabilidad y compromiso es ser cuidadores de la «casa común» que nos acoge y que compartimos con todos los seres vivos. Es imprescindible transformar nuestro modelo de producción y consumo para caminar hacia un desarrollo humano sostenible, y que nuestra conexión con la naturaleza hunda sus raíces en la justicia y la solidaridad”, termina recalcandoel coordinador de Estudios de Manos Unidas.

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