LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

Un misionero comboniano hallado muerto en una fosa común en México

El cuerpo del sacerdote John Ssenyondo, misionero Comboniano de nacionalidad uugan-440x206gandesa, ha sido encontrado en una fosa común cerca de la ciudad de Chilapa (México), junto a otros cadáveres. Lo ha confirmado a la Agencia Fides una fuente de la diócesis mexicana de Chilpancingo-Chilapa. La identificación del padre John Ssenyondo ha sido posible gracias al trabajo de su dentista que había mantenido su placa dental para una intervención de odontología. El sacerdote había desaparecido el 30 de abril de 2014 . Según la policía, los motivos del asesinato no están claros. Nuestra fuente informa que el descubrimiento tuvo lugar el 29 de octubre, pero sólo el miércoles, 13 de noviembre, el juez de instrucción ha hecho las últimas comprobaciones y advertido a la diócesis.

Padre John Ssenyondo era natal de Masaka, Uganda, y pertenecía a la Congregación de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (MCCJ). El 30 de abril, después de celebrar una boda en la comunidad de Santa Cruz, en Chilapa, había desaparecido. (Agencia Fides, 15/11/2014)

Encuentro de Animación Misionera en Granada «El sueño de Comboni»

comboniAyer sábado tuvo lugar en Granada el 2º encuentro  de animación misionera organizado por la Familia Comboniana.

Bajo el lema: “La misión, alegría del Evangelio” reflexionamos y compartimos sobre lo que significa  para nosotros sentirnos discípulos misioneros.

Tras la comida la hermana  comboniana Benjamine nos dio su testimonio  misionero de cómo el descubrimiento del Evangelio supuso para ella una transformación  de toda su vida que le ha llevado  a ser misionera comboniana por varios países africanos y en la actualidad en España.

Por último, concluimos la jornada con la celebración de la Eucaristía motor y centro de nuetsra vida cristiana.

Gracias a todos-as los que hicisteis posible el día de ayer.

Seguimos en camino…

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Domingo 33 TO(A). 16 de noviembre de 2014

Mateo 25,14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.]
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
[Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.» El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»»]

BÚSQUEDA CREATIVA

A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

José Antonio Pagola

Elementos de la espiritualidad comboniana

Comboni

ELEMENTOS DE LA ESPIRITUALIDAD COMBONIANA QUE EMERGEN DEL PLAN PARA LA REGENERACIÓN DE AFRICA

Introducción

La primera pregunta que nos ponemos es si es oportuno llamar el texto de Comboni plan o proyecto. Aun si el término hebreo que indica esta realidad se traduce constantemente como proyecto, plan, designio, la cuestión merece ponerse. La palabra griega traducida por proyecto da la idea de movimiento. La noción de “plan” entonces, indica algo estático, mientras que “proyecto” implica dinamicidad. El plan normalmente indica elaboración fría, sin un involucramiento subjetivo, sin corazón; el proyecto se vive desde dentro, con una carga subjetiva fuerte, y es este el caso del texto que san Daniel Comboni ha presentado a la Iglesia. Hay el involucramiento del corazón de Comboni en el texto del Plano, por esto es quizá oportuno hablar de “Proyecto para la regeneración de la Nigricia”. San Daniel vivió la obra de la regeneración de la Nigricia dentro de sí (es la imagen de Potier) antes que llegar a las implicaciones prácticas. En las líneas que siguen seguiremos llamando el texto de Comboni “Plan”, por respeto a la memoria de nuestro padre fundador, sin olvidar el aspecto dinámico, aquella dinamicidad que nace de la contemplación del Corazón de Cristo Buen Pastor, fuente su misión.

Le experiencia carismática en San Pedro, con ocasión de la canonización de santa Margarita María Alacoque, fue el momento fundante de este Plan pero no el único, como subraya bien el Padre General: “El Plan no es el texto, sino la vida escondida en las palabras, en el pensamiento, en las intuiciones, en los sueños y deseos que fueron el motor capaz de mover las manos de Comboni para dejar huella de aquello que el Espíritu quería expresar y que va mucho más allá de las ideas y de las estrategias que serán de algún modo respuesta al grito que emerge e inoportuna los oídos de Dios para suscitar su misericordia (El Plan de Comboni, Carta del Superior General, MCCJ Boletín 258, enero 2014).

Podemos decir que el Plan brota, de una parte, de una espiritualidad “con los pies por tierra”, hecha de estudios e investigación, y, de otra, de la experiencia del amor de Dios hecha por Comboni traducida en un texto a beneficio de sus hermanos y hermanas africanos.

Nuestra contribución se divide en cinco puntos:

  1. Un Plan nacido de una mirada diversa.
  2. Un Plan movido por la indignación.
  3. Un Plan por realizarse en colaboración.
  4. Un Plan con una pizca de… “género”.
  5. Un Plan que se paga con la propia vida.

1. Un Plan nacido de una mirada diversa

Pero el católico, acostumbrado a juzgar las cosas con la luz que le viene de lo alto, miró a África no a través del miserable prisma de los intereses humanos, sino al puro rayo de su Fe; y descubrió allí una miríada infinita de hermanos pertenecientes a su misma familia, por tener con ellos un Padre común arriba en el cielo, encorvados bajo el yugo de Satanás y al borde del más horrendo precipicio. Entonces, llevado por el ímpetu de aquella caridad encendida con divina llamarada en la falda del Gólgota, y salida del costado del Crucificado para abrazar a toda la familia humana, sintió que se hacían más frecuentes los latidos de su corazón; y una fuerza divina pareció empujarle hacia aquellas bárbaras tierras para estrechar entre sus brazos y dar un beso de paz y de amor a aquellos infelices hermanos suyos, sobre los que todavía pesa, tremendo, el anatema de Canaán” (E 2742).

El parágrafo más denso, que está en la base de todo y constituye el fundamento en absoluto de todo el resto de texto es el número 2742: “El cristiano acostumbrado a juzgar las cosas con la luz que viene del alto…”. Comboni es este católico que, a fuerza de juzgar siempre a partir de las inspiraciones divinas, asumió una costumbre que lo lleva a mirar África no a partir de los intereses humanos y a descubrir hermanos que tienen su mismo Padre y a los cuales hay que llevar la Buena Noticia de la Salvación. Evidentemente para juzgar desde lo alto, hay que renacer desde arriba (Jn 3), renacer de lo alto es una gracia de Dios pero exige también una ascesis (esfuerzo). La fuente de esta mirada diversa sobre el africano, considerado un hermano perteneciente a la propia familia, que Comboni quiera estrechar entre sus brazos dándole un beso de paz y de amor, es la caridad encendida por la divina llama en el Gólgota, que brota del costado herido del Crucificado. La experiencia del amor del Crucificado es el motor del impulso misionero que lo empuja hacia esta periferia, África, vista por los otros bajo el prisma de los intereses humanos. La experiencia de la fe, que cambia su mirada sobre el africano, la experiencia de la caridad divina que los impulsa hacia estas “tierras bárbaras” es pues fuente de su confianza en el hombre africano que él asocia como protagonista en la obra de regeneración de África, “convertir África con África”. Hoy, en nuestras comunidades, en nuestras misiones, esta mirada de fe sobre los acontecimientos, sobre las personas y sobre la experiencia del amor del Crucificado, que no se separa nunca del amor al prójimo, es un elemento importante para la construcción de una fraternidad y cohermandad que va más allá del color de la piel, de la etnia, de la proveniencia provincial, etc. El Plan nace de la fe que obra a través de la caridad en vistas de una liberación del hombre africano. “Nuestra Obra se basa en la fe. Es un lenguaje que lo entienden pocos incluso entre los buenos de la tierra. Pero lo han comprendido los Santos, los únicos que debemos imitar”.

El Plan tiene un centro espiritual, el Corazón de Jesús, y centros materiales, los institutos donde serán preparados los evangelizadores y las evangelizadoras, en los que pueden vivir y actuar tanto africanos como europeos (cfr. E 2764) que irán hacia el centro de África.

“Podemos decir que el Plan brota, de una parte, de una espiritualidad “con los pies por tierra”, hecha de estudios e investigación, y, de otra, de la experiencia del amor de Dios hecha por Comboni traducida en un texto a beneficio de sus hermanos y hermanas africanos.”

2. Un Plan movido por la indignación

Plan 150 añosPero la desoladora idea de ver suspendida quizás por muchos siglos la obra de la Iglesia en favor de tantos millones de almas gimientes todavía en las tinieblas y sombras de muerte, debe herir profundamente y romper el corazón de todo devoto y fiel católico inflamado del espíritu de la caridad de Jesucristo. Por eso, para seguir el impulso de esta sobrehumana fuerza, y para alejar para siempre del filántropo católico la desoladora idea de dejar envueltas en la infidelidad y en la barbarie esas inmensas y pobladas regiones, sin duda las más menesterosas y abandonadas del mundo, es preciso abandonar el camino seguido hasta ahora, cambiar el antiguo sistema y crear un nuevo plan que conduzca más eficazmente al deseado fin” (E 2752).

El Plan nace de la indignación provocada en Comboni por el estado de abandono en que se encontraba África desde el punto de vista de la fe y del desarrollo en el plano humano. Comboni es aquel católico lleno de piedad, inflamado por la caridad de Jesucristo, que se entristece y se siente desolado ante la situación de África; que se indigna “Pero se nos perdonará si el ímpetu del corazón, donde manifestamos sentir fuerte el grito de angustia que hacia todos nosotros envían aquellos infelices hijos de Adán y hermanos nuestros, empujase a la mente fuera de la línea de la verdad y de la certeza” (E 2754). Una indignación que lo impulsa a buscar un camino para la evangelización de África, sin miedo de equivocarse, sin una certeza absoluta: si se equivoca se le perdonará. El miedo de equivocarse paraliza la acción evangelizadora y nos cierra en nosotros mismos, limitando nuestra audacia de ir en busca de nuevos caminos. Prefiero, dice el papa Francisco “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades” (EG 49).

Dios mismo se indigna ante toda forma de no-dignidad de la persona humana: “He visto la miseria de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus quejas contra los opresores; me he fijado en sus sufrimientos” (Ex 3,7). Es la indignación de Jesús ante las multitudes sometidas como ovejas sin pastor. Como toda auténtica indignación, que nace de la contemplación, la indignación de Comboni no quedó estéril, sino que lo condujo a la compasión y a la acción. Una acción que se caracteriza por la íntima comunión de vida con África: “África y los pobres negros se han adueñado de mi corazón, que vive sólo para ellos, sobre todo desde que el Representante de Jesucristo, el Santo Padre, me ha animado a trabajar por África” (E 941).

Muchas de nuestras indignaciones ante los horrores del mundo quedan estériles porque, mientras condenamos las situaciones de guerra que hay en el mundo, al mismo tiempo reproducimos en nuestras comunidades y en nuestras misiones los mismos mecanismos de guerra entre nosotros, aunque sólo sea en menor escala. “Dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras! La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica” (EG 98).

Además, nuestra indignación queda estéril cuando nos indignamos ante la pobreza extrema en la que se encuentran millones de contemporáneos nuestros, pero somos incapaces de realizar pequeños sacrificios que la misión nos exige. Pensamos en este momento a ciertos misioneros que aceptan la destinación a condición de que, en el lugar al que irán, haya los medios tecnológicos, como por ejemplo internet. Cuando hay la pasión por la misión y la compasión por las personas, el resto es superfluo.

3. Un Plan por realizarse en colaboración

Familia CombonianaLa Obra debe ser católica, no ya española, francesa, alemana o italiana. Todos los católicos deben ayudar a los pobres negros, porque una nación sola no puede socorrer a toda la estirpe negra” (E 944).

En el Plan aparece claramente esta dimensión de la colaboración. Al llamado a la colaboración para la obra de la regeneración de África deriva de la conciencia que san Daniel Comboni tiene del hecho que es obra de Dios y no un asunto persona, es tarea de la Iglesia: “Como la obra que tengo entre las manos es toda de Dios, es con Dios especialmente con quien hay que tratar todo asunto grande o pequeño de la Misión” (E 3615).

Esta colaboración se manifiesta en el momento de la formación de los evangelizadores y evangelizadoras. Aun valorizando las riquezas carismáticas de cada instituto religioso en la formación de los africanos y africanas, san Daniel Comboni indica lo que no puede faltar en el camino formativo. Ante todo, el espíritu de Jesucristo (E 2770): se trata de enraizar en su corazón (de los formandos, hombres y mujeres) el espíritu de Jesucristo.

¿Qué entiende Comboni por espíritu de Jesucristo? En la vida de Jesucristo son dos los elementos fundamentales: la experiencia de Dios como Padre (Abbá) y la experiencia del Reino. Enraizar el espíritu de Jesucristo en el corazón de las evangelizadoras y evangelizadores quiere decir conducirlos a una experiencia del cristianismo no como un conjunto de leyes o de una gran idea, sino como un encuentro con la persona de Jesús (Deus caritas est, 1); es el único modo para desarrollar en ellos la libertad de los hijos de Dios contra cualquier miedo de espíritus que paralicen el crecimiento humano, espiritual y social.

El segundo elemento es desarrollar en los africanos la pasión por el anuncio del Reino de Dios, que es el Reino de amor, de paz, de justicia y de misericordia; el único modo para disipar las densas tinieblas que cubrían las vastas regiones de África Central (E 2741).

Un tercer elemento que caracteriza el espíritu de Jesús es la humildad: “de rico que era, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se enriquecieran con su pobreza” (cfr. 2 Cor 8,9).

4. Un Plan con una pizca de… “género”

El plan que nos proponemos es: la creación de otros tantos Institutos de ambos sexos, que deberían rodear toda África, juiciosamente situados en lugares oportunos, a la menor distancia posible de las regiones interiores de la Nigricia, dentro de zonas seguras y algo civilizadas, en las que pudiese vivir y trabajar tanto el europeo como el indígena africano” (E 2764).

La valoración de la mujer en la obra de la evangelización por parte de san Daniel Comboni no es sólo una opción estratégica en el sentido que las mujeres habrían resistido mejor al clima duro de África (hablando de las europeas) o habrían entrado más fácilmente en ciertos ambientes hostiles al cristianismo. La valoración de la figura femenina en su Plan para la regeneración de la Nigricia es una opción de vida. Es una de las consecuencias de aquella mirada contemplativa sobre la realidad: para quienes están en Jesucristo, no hay más griego o judío, circunciso o incircunciso… mujer u hombre, hay un solo Cristo que es todo en todos (cfr. Col 3,9-11).

Se explica también así la devoción de san Daniel a la Virgen. Junto con el título de “Virgen de la Nigricia”, encontramos en sus escritos, diversos títulos con los que Comboni se refiere a la Madre de Dios. Uno de nuestros hermanos combonianos ha preparado una letanía basada en los títulos que Comboni usaba para dirigirse a María.

San Daniel Comboni está en sintonía con el patrimonio de la gran tradición católica: lejos de todo devocionismo, María es el corazón de la Iglesia. En la Iglesia, decía von Balthasar, María tiene un puesto más alto que Pedro y en la Evangelii Gaudium, el papa Francisco dice que María es más importante que los obispos. Hay que revalorizar esta dimensión femenina en la Iglesia en equilibrio con la masculina para no caer, por una parte, en el machismo y clericalismo, y, por otra, en el feminismo exasperado o simplemente en teorías de género que tanto mal hacen a la humanidad. En la vida de san Daniel Comboni hubo este equilibrio porque junto a la Virgen está San José, su esposo, y en el carácter de Comboni – podríamos decir – los dos elementos se entrelazan: Comboni es capaz de defenderse con virilidad cuando es calumniado y autentificar los hechos con palabras a veces duras pero, al mismo tiempo, es capaz de perdonar a fondo a quien lo acusa falsamente. A la fuerza une el elemento de la misericordia, de la compasión y de la ternura, que son típicamente femeninas. No es casual que la Comisión encargada de ejecutar el Plan se llame “Sociedad de los SS. Corazones de Jesús y María para la regeneración de la Nigricia, bajo el patrocinio de la Virgen Inmaculada, san José, su esposo, y de los Príncipes de los Apóstoles”.

5. Un Plan que se paga con la propia vida

Comboni y la VirgenSobre un asunto tan relevante nos hemos dicho a nosotros mismos: «¿Y no se podría asegurar mejor la conquista de las tribus de la infeliz Nigricia, situando nuestra base de operaciones allí donde el africano vive y no cambia, y el europeo trabaja y no sucumbe? ¿No se podría promover la conversión de África por medio de África?». Esta gran idea ha quedado como una fijación en nuestro pensamiento, y la regeneración de África con África misma nos parece el único Programa que se debe seguir para realizar tan brillante conquista. Por eso, en nuestra pequeñez, hemos creído lícito sugerir humildemente un camino que al seguirlo permita alcanzar con mayor probabilidad la alta meta a la que por otra parte se orientan siempre todos los pensamientos de nuestra vida, y por la que estaremos contentos de derramar nuestra sangre hasta la última gota” (E 2753).

Existe una relación estrecha entre el Plan elaborado por san Daniel Comboni y su vida concreta. Todos sus pensamientos se dirigen al Plan por el cual estará dispuesto a dar su sangre hasta la última gota. Es la imagen del Buen Pastor que vino para que todos tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10,10).

Esta afirmación por parte de Comboni no es retórica. San Daniel, el 10 de octubre de 1881, morirá en Jartum, en el vértice de una vida dedicada totalmente a África y a los africanos. Atrás del Plan de Comboni hay nombres, apellidos, rostros de africanos y africanas por los cuales Comboni da la propia vida. Podemos decir lo que el papa Francisco afirma a propósito de los pastores de la Iglesia y cierto del todo en el caso de san Daniel Comboni: podemos sentir el olor de los africanos bajo la sotana del incansable misionero de África. Para que un plan pastoral, entonces, para que un proyecto comunitario pueda salir del papel y ser elaborado – nos enseña san Daniel Comboni – hay que ponerle corazón y amor, conscientes de que detrás del Plan hay millones de vidas que esperan su regeneración espiritual y humana al mismo tiempo, hay que estar dispuestos a dar la propia aportación, a dar la propia sangre para que se realice. ¿Por qué a veces nuestros planes pastorales se quedan en el papel? Falta quizá el involucramiento afectivo y efectivo con la gente para la cual el Plan se vuelve un pedazo de papel más, o porque no estamos dispuestos a dar algunas gotas de sangre para su realización, ni energía, ni tiempo.

Conclusión

Al concluir esta breve reflexión, podemos decir que para comprender el Plan hay que entrar en profundo diálogo con su autor, san Daniel Comboni, con su vida y con toda su obra. Hay que descubrir el espíritu que anima el Plan, más allá de las pobres palabras que lo traducen, para no perderse en estériles debates como por ejemplo: “los hijos de Cam” o de otro tipo.

El Plan traduce la pasión de san Daniel por África, su preocupación por conquistar la perla negra a la Iglesia de Jesucristo. El Plan nació de una visión de fe que mueve a la indignación-compasión-acción ante la situación de abandono en la que se encontraba África. San Daniel Comboni entendió que la evangelización de África no era tarea personal, sino de la Iglesia. Ha buscado la confrontación y el diálogo con el pontífice, con el prefecto de Propaganda Fide y con personalidades ligadas a la experiencia africana. En resumidas cuentas, ha buscado la colaboración involucrando estrechamente la figura femenina. Para la elaboración y ejecución del Plan, san Daniel Comboni dio su vida porque entendió que atrás del Plan hay una multitud de vidas, una multitud de hermanos y hermanas que esperan el Mensaje de la regeneración.
Noviembre 2014

P. Fidèle Katsan, mccjSalvar Africa con Africa

Saludos desde Uganda

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQuerida familia…….os escribo a todos y espero que podáis sentir el cariño de mis palabras a través de la pantallita del ordenador…..a pesar de los kilómetros de distancia, me siento muy cerca de todos.
Os escribo desde el corazón de África!!!!! *:) feliz
Estamos muy bien, como os dijo Isidro en el otro correo. Tenemos una Comunidad muy bonita, unida, equilibrada porque somos cuatro tipos diferentes pero compenetrados. Todas tenemos nuestro espacio aquí, todas nos sentimos “útiles” y aceptadas de una manera diferente y eso hace que nadie se sienta fuera de lugar. Os mando una foto de la capilla de nuestra casa, pequeñita y acogedora (con el pequeño Moses echándose una siesta), y con “vuestro” Comboni.Lugar importante «de encuentro» de nuestra comunidad…..
 
El Orfanato es una realidad difícil, un proyecto precioso, pero al mismo tiempo muy exigente, porque vivimos dentro del recinto y porque estamos metidas hasta las orejas desde el minuto uno. Además el trato constante con los niños hace que tengamos que estar “a tope” con más motivo (no se cansan nuncaaaa *:D gran sonrisa!!!)
 
Personalmente creo que empiezo a despertarme después de casi tres meses y las imágenes de mi cabeza (las buenas y las malas) comienzan a hacer mella en mi corazón. Me cuesta un poco ver cómo crecen los niños sin las atenciones a las que estamos acostumbrados, y me cuesta bastante asimilar el cómo están los  discapacitados. Pero también me gusta estar aquí con esta realidad, porque necesito poner en manos de Dios muchas cosas que no comprendo. Y el tener a Dios tan presente me hace sentir bien, y me hace ser consciente de que esto no es “mío”.
 
En fin, que estoy bien, asimilando y disfrutando de una vida diferente y preciosa.
 
Los que me han atrapado muchísimo (y jamás lo hubiera imaginado) son los niños con discapacidades serias……ahhhh!!!!! Son alucinantes!!! Especiales, angélicos…….. estamos todas locas con ellos, porque no paran de sonreír, no piden nada, no esperan nada y sin embargo siempre nos reciben con una sonrisa enorme, son preciosos. Un descubrimiento tremendo……
 
Con la familia comboniana “super bien” (sabéis que soy optimista por naturaleza, pero no exagero es la verdad nos tratan muy bien), nos tienen muy mimadas, nos sentimos bien recibidas en todas las casas, con confianza y con alegría. El P. Ramón es el que nos acompaña y es genial. Participamos con ellos en 2 grupos vocacionales, o de lectura de la Biblia, uno los jueves con una comboni sister y otro algún domingo con un father.
Con los laicos ugandeses, despacico pero con buena letra!!! trabajando…….
 
Yo he acompañado tb a Sister Teresa un par de domingos a una de las capillas más alejadas para celebrar con una comunidad la Liturgia de la Palabra.
 
En todos sitios nos sentimos bien, la gente es muy abierta y muy acogedora.
 
Os contaría muchísimas más cosas…..pero me cuesta decir todo lo que tengo en la cabeza y en el corazón, es MUCHO y variado ; )
 
Lo más importante es que estoy bien, (cogidica de la mano del Señor) y os tengo a todos conmigo.
Besos.
Carmen Aranda LMC
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