Animación Misionera del Grupo africano «Comboni»

??????????Hoy ha sido un día muy especial para el grupo Africano «Comboni» porque tres de ellos lo han dejado todo por un día para acercar a unos niños otra realidad que no sale en la tele, la de África.

 Don, Mossa y David junto con la LMC Lola empezaron hablando de los niños en África. Allí la vida es un regalo de Dios y se celebra durante seis días con grandes fiestas donde el pobre invita al rico y el rico al pobre porque como dicen ellos “todos tienen hijos”. En esa fiesta de bienvenida no se escatima en comida y alabanzas a Dios.

 Entre historia e historia algún niño preguntaba si lo que llevaban en la cara era una máscara, pero ellos, comprendiendo que eran preguntas inocentes no solo no se ofendían, sino que les hacía mucha gracia. Otros comentarios graciosos eran sobre sus nombres, como el de Don con «Don simón»etc..

 Tras varias historias sobre la realidad de los niños africanos, terminaron cantando alabanzas al Señor», en un colegio público donde eso se intenta evitar normalmente, pero allí estaban ellos consiguiendo llevar a Dios, donde el único pecado es pensar que existe un Dios creador, omnipresente y misericordioso en cada uno de nosotros.

 Quizá los niños olvidarán todo lo que contaron estos africanos o quizá sea la simiente de algo que perdura en sus subconscientes.

 El próximo lunes tenemos el teatro Africano en el colegio «Jesús Maestro» y con la ayuda de Dios podremos seguir haciendo nuestro trabajo: Evangelizar.

 Daniel LMC.

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Domingo 5 Pascua (A). 18 de mayo de 2014

Juan 14,1-12
En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

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EL CAMINO

Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

José A. Pagola

 

 

Campaña en favor de la liberación de las niñas nigerianas secuestradas

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Desde hace varias semanas, una campaña recorre las redes sociales de todo el mundo para exigir al grupo extremista Boko Haram que no venda a las menores secuestradas en Nigeria. En distintas partes del mundo, se están organizando concentraciones en apoyo de las chicas y  personalidades de todo el mundo se han unido para pedir la liberación de las niñas nigerianas.

La joven paquistaní Malala Yousafzai, defensora del derecho universal de las niñas a la educación, ha pedido que el mundo no permanezca callado ante el secuestro. «Si nos mantenemos en silencio entonces esto (el secuestro) se extenderá, y acabará pasando más y más veces».

El grupo radical islámico Boko Haram, responsable del secuestro de las niñas en Nigeria, apoya la visión puritana islamista de que el sitio de la mujer debe ser en la casa. Malala describió a las menores nigerianas como sus «hermanas» que están en «prisión». Las niñas entre 16 y 18 años, que se encontraban en un internado en Chibok, en el noreste del estado nigeriano de Borno, fueron capturadas por unos 200 militantes armados el pasado 14 de abril.

Boko Haram, que inició una operación militar en 2009 para destituir el gobierno actual y crear un estado islamista, amenazó con esclavizar y vender a las niñas que opinan nunca tendrían que haber estado en un colegio. La activista paquistaní describió al grupo como un «grupo de extremistas» que «no entienden» que el Islam insta a sus creyentes al deber de ser tolerantes y educarse.

La visión eclesial que brota del “Plan” de Comboni

618_Piano-Comboni“Comboni – creyendo en la unidad del género humano y por eso mismo en el hecho que el Evangelio deba ser anunciado a todos – se pone en una actitud de demistificación profética de esa forma cultural racista…” (Prof. Fulvio De Giorgi, Consejo de Dirección de Archivio Comboniano).

Colocación de contexto
Una reflexión actual sobre el “Plan” de Comboni que no sea puramente histórica, sino de tipo espiritual y misionológico (desde un punto de vista de fe, de pertenencia a la Iglesia católica y de “filiación” comboniana) debe, por tanto, partir de algunas colocaciones de contexto y no ponerse en una actitud de lectura directa e inmediata (es decir, sin mediaciones), como si se tratase de un texto escrito hoy. La actualización debe rehuir el riesgo de cierto ingenuo fundamentalismo actualizante. Que sería, en el mejor de los casos, una banalización que correría el riesgo de una deformación grave. Ningún texto del tiempo (no sólo de Comboni) puede leerse sin los filtros del contexto: de otra manera quien, en aquel momento histórico, era antirracista, por ejemplo, correría el riesgo de aparecer como racista en la actualidad

No se trata sólo de traducir un lenguaje del 800 en un lenguaje actual (con una operación que no es sólo de semántica histórica) aunque este simple aspecto señala un problema más vasto: el de las formas de continuidad/discontinuidad cultural (y espiritual) entre nosotros y nuestros Padres y nuestras Madres del pasado, entre nuestra visión y la visión de ellos.

Comboni, igual que nosotros hoy, se colocaba dentro de la Iglesia católica. Pero la Iglesia católica es un organismo vivo que crece: por eso “ha crecido” respecto al 800. Este crecimiento comprende también la autoconciencia: la misma visión eclesial. No podemos entonces colocarnos plenamente en la situación del ochocientos: ello significaría que todo se ha detenido, que el cristianismo no está vivo sino muerto, que nuestra tarea no sería histórica sino arqueológica…

Actualidad y profecía
En resumidas cuentas, es evidente que el paradigma eclesiológico de Comboni, su visión eclesial, era el del Vaticano I y no el del Vaticano II y que su cultura, en cuyo interior se definían tantos aspectos de la misma visión eclesial, era la lombardo-véneta del siglo XIX y no la del siglo XXI. Entonces ¿qué significa esta observación obvia sobre el nivel de nuestra lectura? ¿Cuáles son los rasgos de continuidad, de actualidad y de profecía y cuáles los de discontinuidad, en los cuáles ha habido una superación (es decir, un crecimiento)?

Más los elementos culturales de Comboni se acercan al Evangelio más se da la continuidad: la Iglesia anuncia el Evangelio de Cristo como una propuesta de alianza liberadora dirigida por Dios a todo el género humano (lo cual, y no era obvio entonces como ahora, implica la unidad del género humano: hay un sólo género humano y todos los hombres y todas las mujeres son hijos e hijas de Dios, iguales en dignidad personal). Así que, si a mitad del siglo XIX, se formaba en el corazón de Europa, una forma cultural nueva que era el racismo, Comboni era ajeno y hostil respecto a estos procesos culturales. El racismo implica dos puntos esenciales: 1. Existen las razas humanas (reducidas generalmente a tres); 2. Hay razas inferiores y razas superiores. Comboni – creyendo en la unidad del género humano y por eso mismo en el hecho que el Evangelio deba ser anunciado a todos – se pone en una actitud de demistificación profética de esa forma cultural racista. Sobre esto, entonces, no sólo hay continuidad, sino también una permanente actualidad de tal punto de vista, porque de forma explícita o más a menudo disimulada permanecen, también en nuestros días, visiones racistas que pueden insinuarse también en la visión eclesial.

Discontinuidad como crecimiento
Elementos culturales de discontinuidad son en cambio aquellos más ligados a las particularidades de mentalidad y de pensamiento de la época: una ignorancia “geográfica”, etnográfica, cultural de los europeos respecto a tantas partes del planeta y a amplios extractos de la humanidad; una presencia – por tanto – de fantasías míticas y de lugares comunes tradicionales (incluso religiosos como la llamada “maldición de Cam”) que colman estos vacíos cognoscitivos y pueden aparecer hoy como “prejuicios racistas” (pre-juicios, como todos nosotros tenemos, sí; racistas no, porque no participan – como he dicho antes – de los aspectos específicos de aquella forma cultural).

Entender esta diferencia es, a nivel metodológico, esencial para encuadrar la reflexión sobre el “Plan” de Comboni, sobre su visión eclesial y sobre su actualidad profética.

Unidad, utilidad y simplicidad
Si partimos de una óptica racista, consideramos entonces a la civilización europea superior y, por tanto, destinada a dominar sobre las demás: condenándolas a un desarrollo “separado” (apartheid) o civilizando desde lo alto y desde fuera algunos aspectos, para mejor dominarla y explotarla en vistas de un mayor desarrollo de la civilización considerada superior. Comboni en el “Plan” asumía en cambio un paradigma opuesto: el de la unidad del género humano. En este cuadro, es posible que algunos pueblos (históricamente han sido los europeos, pero podían ser otros) lleguen primero, por causalidades históricas, a conquistas consideradas positivas (por ejemplo: la escritura, la alfabetización, la medicina, la ciencia y la técnica). Estas conquistas entonces deben darse a conocer a todos, deben ser compartidas, puestas a disposición para “regenerar” toda la humanidad, para mejorar la existencia real, disminuyendo todas las formas de sufrimiento, de pobreza, de injusticia, para la común utilidad. Pero esta “civilización” (“compartir de conquistas de la civilización”) no puede ser impuesta desde lo alto y desde afuera: si así fuera, incluso con las mejores intenciones, se introduciría una asimetría y con ello un potencial desequilibrio y dominación. La civilización/compartición tiene que ser propuesta y realizada desde abajo y desde dentro, de modo que los beneficiados sean protagonistas en primera persona, no con astucias o mediaciones complicadas, sino con simplicidad: sólo así es re-generadora (intrínsecamente emancipadora). Los logros serían siempre generantes y generadores, es decir, creativos e innovadores, autóctonos y originales, no extrínsecamente similares (a-asimilados) a los europeos, ni tampoco hostiles a ellos porque serían fruto de un encuentro fraterno, en el que se busca el bien de todos y no de un encuentro desequilibrado (que sería en realidad un enfrentamiento de culturas) en el que se busca el bien sólo de una parte (la más fuerte).

Los presupuestos de la visión eclesial de Comboni en el “Plan” pueden entonces resumirse en sus palabras-símbolo: unidad, utilidad, simplicidad, actualísimas hasta el día de hoy.

El criterio del Plan
En un mundo globalizado e interdependiente (hoy más que en el siglo XIX) tal interpretación del “Plan” es más actual porque indica la única vía posible para un desarrollo unitario, aunque no uniforme, del género humano, en una perspectiva de no violencia y de condivisión siempre respetuosa del otro. El criterio del “Plan” desmitifica dos perspectivas que en la actualidad constituyen los dos riesgos mayores de deshumanización: de una parte las dinámicas de desarrollo desigual, con lógicas (como las del neoliberalismo) que tienden a aumentar la brecha de la riqueza, con una cerrazón comunitarista y xenófoba que rechaza la igualdad en derechos y en dignidad personal; por otra parte, una occidentalización cultural feroz, como macizo desbrozamiento de las cultural locales, como homologación universal o como macdonaldización del mundo.

Esta interpretación del “Plan”, que aparece en sintonía profética con la enseñanza social de la Iglesia (pensemos sólo en las actuales orientaciones del papa Francisco), aunque fue formulado en un periodo en el cual la misma expresión “enseñanza social de la Iglesia” no existía, era para Comboni, consecuencia de una visión eclesial que debía enraizarse en el Evangelio de liberación de Jesús de Nazaret. Al Evangelio entonces debe ser reconducido también hoy para comprenderlo mejor y actualizarlo en fidelidad al carisma. Es éste un criterio hermenéutico esencial en la lectura hodierna del “Plan”.

Por tanto, algunos rasgos esenciales de la visión eclesial del “Plan” (que en la época no eran para nada mayoritarios ni previstos, aunque podían ser relacionados a una tradición significativa de Propaganda Fide) aparecen proféticos y portadores de renovación evangélica incluso hoy día: la Implantatio Ecclesiae como fundación de verdaderas Iglesias locales, con un clero indígena; la paridad de género, significativa en todo ambiente, especialmente espiritual y de vida cristiana; la importancia – ad intra y ad extra – del laicado católico.

Un tema amplio, fecundo y rico de posibles nuevos desarrollos – que aquí me limitaré sólo a mencionar – es por último aquella estructura pedagógica del “Plan” que, con originalidad, combina elementos diversos: la dimensión emancipadora de la instrucción para todos; la educación como caridad intelectual; la pedagogía de los oprimidos.

Visión eclesial armónicamente unitaria
Tal estructura pedagógica permite una visión eclesial armónicamente unitaria – porque unitariamente se funda en la formación de la conciencia – de evangelización y promoción humana: “La formación que deberá darse a todos los individuos de ambos sexos pertenecientes a los Institutos que rodeen África consistirá en infundir en su alma y hacer que arraiguen en ella el espíritu de Jesucristo, la integridad en las costumbres, la firmeza en la Fe, las reglas de la moral cristiana, el conocimiento del catecismo católico, y los primeros rudimentos del saber humano de primera necesidad” (E 826).
Prof. Fulvio De Giorgi
(Consejo de Dirección de Archivio Comboniano)

Domingo IV Pascua (A).11 de mayo de 2014

Juan 10,1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

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NUEVA RELACIÓN CON JESÚS

En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.

José Antonio Pagola