MUJER Y MADRE AFRICANA

Mientras el sol auntitledrdiente
quema impetuoso tu rostro
que tratas de proteger con tus manos.
 
Mientras la arena quema
tus pies desnudos
que hunden sus pasos
con la esperanza de dejar huella
de una historia infinita.
 
Mientras el cántaro rebosante de agua
encorva tu espalda pero no tu corazón,
deseoso de apagar la sed
de los que amas.
 
Mientras tu vientre
esconde, nutre y protege
el enésimo fruto de tu anhelo,
de un amor más verdadero y humano…
 
Otros, extraños y lejanos a ti,
a tu mundo y a tus problemas,
que nunca te han visto
ni saben quién eres…
 
Otros hacen programas
para dirigir tu futuro
y deciden según sus esquemas
cómo y cuándo tendrás que ser Madre.
 
Otros, usurpando tu derecho de palabra,
pensamiento y opinión,
codifican según sus intereses tu silencio,
pisotean tu dignidad de mujer
e ignoran tu privilegio
de Madre de la Humanidad.
 
Entonces, mientras el sol ardiente
quema impetuoso tu rostro,
una fuerza nueva te nace dentro
y te empuja a apresurar el paso
para dar vida a tu sueño milenario
de justicia y liberación .

 

Elisa Kidane. Misionera Comboniana

Domingo 3 Pascua (A). 4 de mayo de 2014

Lucas 24,13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pregunto: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.» Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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ACOGER LA FUERZA DEL EVANGELIO

Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. En su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en Jesús, cuando lo han visto morir en la cruz. Sin embargo, continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?
Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado tal vez con pasión, les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué. Más tarde dirán: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”

Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarlo marchar: “Quédate con nosotros”. Durante la cena, se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el primer mensaje del relato: Cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.

Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco, se les ha convertido en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.

¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?

Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio.

José Antonio Pagola

 

Pascua Juvenil Familia Comboniana: «Únete al Plan» (II)

«Es preciso abandonar el camino seguido hasta ahora, cambiar el antiguo sistema y crear un nuevo plan que conduzca más eficazmente al deseado fin.»   San Daniel Comboni.

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEste año he querido vivir la pascua diferente a como estaba acostumbrada últimamente. Los Laicos Misioneros Combonianos han celebrado el triduo en un pueblo de la sierra de Madrid, como de costumbre, pero yo este año he querido quedarme en mi ciudad, en mi parroquia, en mi familia…

Este año la Pascua Juvenil Misionera que organiza la Familia Comboniana se ha realizado aquí en Granada, en la casa de los Combonianos. Hemos sido alrededor de 35 personas las que nos hemos congregado para esta celebración. Gente de muchas nacionalidades distintas: Nigeria, Congo, Italia, México, Colombia, Guatemala… gente con una riqueza enorrrrme y aseso nos ha permitido vivir estos días muy intensos.

Durante estos días también hemos participado en los oficios de la Parroquia de Ntra. Sra. de las Mercedes en un barrio pequeño de Granada, donde los Combonianos tienen la parroquia desde hace dos años. Una parroquia muy acogedora donde nos hemos encontrado como en nuestra casa.

Como decía antes, han sido unos días muy ricos girados alrededor del 150 aniversario del Plan de Comboni. Cuestiones como ¿Cuál es el plan que Dios tiene para mí? ¿lo acepto? ¿no lo quiero?… han sido fundamentales en estos días.

 Hemos celebrado, hemos reído, hemos llorado, hemos bailado, hemos bautizado, hemos trabajado, hemos limpiado… días que se quedan marcados en cada uno de nosotros y os aseguro que volveríamos a repetir todos.

Gracias y FELIZ PASCUA

Ana Vidal. LMC

Pascua Juvenil Familia Comboniana: «Únete al Plan» (I)

Una de las actividades que se viene organizando como familia comboniana es la celebración de la Pascua. Este año se ha celebrado en Granada en la Parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes donde están presentes los Misioneros Combonianos.
 Han sido unos días ricos en encuentros y vivencias.
Inma y Ana han participado como LMC y nos comparten su experiencia.

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¡ÚNETE AL PLAN!

 Al hilo de este tema: “Únete al Plan” hemos reflexionado, dialogado y compartido en la Pascua Juvenil Misionera. Empezamos el Jueves Santo en la Casa de los Combonianos en Granada, aunque gran parte del tiempo lo pasamos en la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes en el barrio de Casería de Montijo.
Nos reunimos 20 o 25 personas, la verdad es que no lo sé, no conté. A mi me pareció que estaba congregado el mundo entero: personas de todas las edades; mujeres y hombres; religiosos/as y laicas/os de diferentes etnias; de unos cuantos países, de cuatro continentes.

Rezamos juntos/as en el mismo idioma y también cada quien en su corazón, seguro que rezó en su propio idioma: swahili, lingala, italiano, inglés, francés, chino, catalán y castellano. Lo que digo, un mundo. Recordé que en uno de los libros que hemos leído sobre la figura de Comboni, el autor reflexionaba en cuanto a la razón de ser de los misioneros y las misioneras en le sentido de que la Biblia no estaría completa hasta que no se leyera en todos los idiomas de la Tierra, puesto que Cristo murió y resucitó para toda la Humanidad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANuestra Semana Santa ha tenido un poco de todo. Empezamos el Jueves Santo bajo el lema “Ver con la luz que viene de lo alto”, con una catequesis para el grupo. Por la tarde, en grupos de unas tres personas salimos a visitar familias del barrio; se trataba de compartir un rato con aquellas personas que abrieron las puertas de su casa para nosotras y nosotros. Celebramos la Última Cena del Señor con la comunidad parroquial. Cenamos allí mismo en la Parroquia, en el atrio de la Iglesia, gracias a la compañía del sol durante todo ese día radiante. Fue un momento muy bonito y divertido. Terminamos el día con la Hora Santa, rezando juntos alrededor del Monumento.

El Viernes Santo el lema que se trató fue: “Descubrir hermanos de la misma familia”. Por la mañana tuvimos una catequesis que se realizó en la Parroquia y así pudieron asistir más personas. Luego todos/as participamos en el Viacrucis del Arciprestazgo de Cartuja, al que pertenece la parroquia Ntra. Sra. de las Mercedes que nos acogió. Como Parroquia nos tocó preparar una de las estaciones. Fue un acto que nos impresionó y realmente nos sentimos unidos como cristianos y cristianas que, aunque sea en minoría, deseamos de corazón seguir a Jesús en nuestro mundo actual.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEse día comimos el “potaje” correspondiente, y así, preparados/as de cuerpo y espíritu, volvimos a la Parroquia para conmemorar la Pasión del Señor. El resto de la tarde la pasamos en visitas a las familias y por la calle, en procesión con el Crucificado rezando y reflexionando sobre las Siete Palabras de Jesús a la hora de su muerte. La propuesta fue salir, caminar juntos con Jesús por las calles y plazas donde estaba la gente tomando el fresco, jugando, conversando en una terraza… ser y estar en la calle, donde la vida late, llevando la buena noticia del Evangelio.

El Sábado Santo nuestro lema fue: “Acompasar los latidos del corazón”, acompasarlos al Corazón de Jesús que da la vida por amor a todos los seres humanos. La mañana tuvo su momento de catequesis y después desierto. Pero no un desierto triste y vacío, para mi que el agua estaba circulando por el subsuelo, por lo hondo, a ritmo del latido que estalló como una explosión de alegría y primavera en la vigilia pascual (no creáis que exagero, que fue así). Por la tarde dos de los participantes en el grupo compartieron su testimonio misionero. Esa noche fueron bautizadas dos chiquillas y dos hombres adultos: tres razas, tres idiomas distintos, tres continentes. Desde esa noche hay cuatro cristianos/as más en Casería de Montijo y así (pensaba yo) la Biblia está un poco más completa.

El Domingo de Pascua tuvimos el lema: “Abrazar a toda la familia humana”. Acudimos a la Parroquia para la celebración de la Misa y para despedirnos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara mi han sido unos días muy hermosos de compartir, de encuentro conmigo misma y con el resto de personas en Dios. Se me han hecho presentes muchos sentimientos y hasta experiencias y situaciones de mi tiempo de misión en Perú. He recordado un montón a los LMC que ahora están trabajando en otros países y me he vuelto a ilusionar –como cada vez que lo pienso- con ese plan que Dios tiene para mi, para todos/as y cada uno/a de nosotros/as: que seamos felices, plenos/as y llenos/as de vida. Ni más ni menos. Ahora ya estamos de vuelta en Galilea, para vivir la vida cotidiana y alumbrar el mundo que Dios tiene pensado.

La pregunta sigue en el aire, la respuesta es tuya: ¿Te apuntas al plan?

¡Feliz Pascua!

Inma Monzón. LMC

Te confesamos como el Señor de la Vida

DSCF1049Queridos amigos,

¡qué alegría poder celebrar la Pascua con el pueblo en lucha!

Este año la comunidad de Villa Ecológica se siente más madura y crecida, y nosotros participamos en las celebraciones con más calma, menos responsabilidad y cierta distancia.

Ocurre que el Señor toca los corazones cuando quiere y como quiere. Ayer frente al Monumento me tocó esa canción Mi confianza eres Tú, Señor. Yo descansaba contemplando mi futuro en paz, en confianza. Aún en la noche del Jueves Santo, Jesús es Señor. Su sonrisa calma las tempestades. Como cuando Carmen tiene miedo en la noche y mi presencia a su lado la hace dormir en paz. Así me sentí anoche frente al Santísimo.

No sabemos lo que tenemos por delante y el temor me quiere agarrar, pero descanso en Jesús. Estos meses doy gracias en todo momento por estar vivo y por tener salud. Puedo caminar, puedo vestirme sólo, puedo tomar un carro para ir al centro, puedo cargar a mis hijos… El Señor me ha permitido seguir acá. Ojalá nunca se me pasara la claridad de esa certeza.

Al terminar la oración ante el Monumento, una vecina que sufre maltrato por su esposo desde hace demasiados años se arrodillaba ante el Señor, y yo me arrodillé con ella. Sentí clarito que ella estaba compartiendo la lucha de Jesús, víctima injusta. Ella y Jesús, Jesús y ella. Ella me muestra a Jesús y Jesús me señala a ella. Yo tenía que estar como ella, de rodillas ante el Señor. Adorándole, descansando junto a Él, el único que tiene palabras de Vida. Suplicándole que pase de ella el cáliz amargo que representa su esposo ¡Qué privilegio poder compartir, en la distancia, el camino con estas mujeres, protagonistas de la fe!

¡Qué alegría sentí por haber podido compartir estos seis años con este pueblo! El Señor me ha regalado muchas enseñanzas y ha obrado en mí.

Ayer en la mañana vino otra vecina que lleva a cuestas dieciocho años de maltrato. Tanto le pesa esta carga que la pobre va encorvada, flaquita, incapaz casi de mirar a los ojos. No puedo imaginar la carga del dolor que lleva encima, hasta ver a su hija intentando quitarse la vida. Vino a mi casa el Jueves Santo a preguntar cómo había progresado su última denuncia. Pero el poder judicial está en huelga. El Jueves Santo el mismo Jesús con su cruz a cuestas vino a mi casa. ¿Por qué Jesús ha querido manifestárseme de forma tan clara? Yo he podido abrazarla, tratar de fortalecerla y aumentar su esperanza de justicia. Me siento muy feliz por ello. Sufro con ella y me siento a la vez feliz. ¿Y si una noche de estas esta vecina se quita la vida? ¿Qué voy a hacer entonces?

Isabel y yo llevábamos semanas incómodos por el señor Juan, mi vecino de enfrente, enfermo desde hace seis meses que ha pasado dos operaciones y no sana, sino que empeora. Es un suspiro del hombre fuerte que era. ¿Por qué Dios nos pone esto delante? ¿Cómo he podido pasar delante de su puerta cada mañana sin conmoverme? Juntos nos dimos cuenta que el Señor nos llamaba a hacernos presentes con mayor intensidad. Lo primero pensamos en pagarle un doctor particular para que le diagnostiquen bien. Pero eso no es todo lo que necesita. Paulina llevó una tarde al padre y le administró la Unción. Porque Juan no está cerca de la Iglesia, no participa en la comunidad. Llamamos a Bety y Domingo, del equipo del padre Jaime, para que le rezaran. Y vinieron enseguida a evangelizarle. Y Juan y Yanet se pusieron contentos, lo agradecieron mucho y quieren casarse después de veinte años de convivencia. Si Dios quiere, Isabel y yo les vamos a preparar de emergencia. El Domingo de Ramos fueron a la misa juntos, no sé cuánto tiempo hacía que no iban, y el jueves el padre les lavó los pies en la celebración. ¡Quieren acercarse al Señor! El Señor está actuando, le está sanando. Así nos lo dijo Bety después de una misa de salud. El Señor trabaja los cuerpos y los corazones.

Yo he sentido que Juan es mi última enseñanza. ¿Creo o no creo que el Señor lo puede sanar? ¿Seré capaz de verlo morir poco a poco sin hacer nada, más que pagarle un doctor? Juan necesita la fuerza del Señor Jesús para levantarse de su postración. Sólo Jesús lo puede levantar.

¡Señor Jesús, salva a tu pueblo, que tanto te espera! Te confesamos como el Señor de la Vida, pero mi fe es tan débil…

Gonzalo Violero. LMC

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