V Encuentro Familia Comboniana, «El Sueño de Comboni»

El pasado fin de semana celebramos en Granada el V encuentro del «Sueño de Comboni». Bajo el lema: Migración, ¿Esclavitud de s. XXI? nos acercamos a la realidad  que viven las personas migrantes en nuestro entorno, problemas, desafíos,… al mismo tiempo que dimos a conocer los pasos que como familia comboniana estamos dando  en relación con este tema a través del Proyecto Levante en Almería.

Gracias a todos por participar.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

COMBONI NETWORK

La familia comboniana hace una causa común con el mundo de hoy. Del 10 al 20 de marzo, un grupo de 55 misioneros, combonianas y laicos misioneros misioneros se reunieron en salvador de bahia, Brasil, para participar en el foro social mundial y en el foro comboniano. El grupo se presentó como «Comboni Network» y contó con representantes de casi todas las circunscripciones donde la familia comboniana está presente: África, Europa, América Latina y los estados unidos de América.

Mensaje final de los miembros de la familia comboniana participantes en el foro social mundial y en el foro comboniano

Nosotros laicos, hermanas, hermanos y padres misioneros combonianas, que hemos participado en el FSM y el FC, os saludamos desde Salvador, tierra de resistencia negra y culturas afrodescendiente, con un corazón lleno de gratitud y esperanza. Del 10 al 19 de marzo de 2018 hemos vivido juntos una experiencia fuerte y única participando en el FSM, que tenía como tema » resistir es crear – resistir es transformar » y al XI Foro Comboninao sobre el tema Ministerialidad y trabajo en red / Colaboración en la familia comboniana y otras organizaciones «.

Agradecemos especialmente nuestros consejos generales que juntos nos han escrito un mensaje de aliento para el compromiso en la JPIC y nuestra participación en el FSM como experiencia de la vida de nuestro carisma en los desafíos Del mundo de hoy.

Nuestra participación ha sido importante y numerosa: 53 personas procedentes de África, Europa y América. Hemos experimentado la gran riqueza de nuestro carisma en la variedad de nuestros compromisos. Por primera vez participaron representantes de los jóvenes en formación en el escolasticado y en el cif con un formador. También agradecemos las respuestas recibidas de cuatro escolásticos al cuestionario que el comité central había enviado con el objetivo de comprender lo que los temas de JPIC están presentes en la formación. Reafirmamos el compromiso de implicar cada vez más a las personas en formación y a los formadores en los temas de JPIC y en la dinámica del FSM y del FC.

En el hemos presentado como comboni network cuatro talleres: el acaparamiento de tierras, minería, situación socio-Política de la rdc y sudán del sur, superación de la violencia y discriminación de género. Esto nos permitió compartir en la metodología del FSM nuestro compromiso como misioneros y misioneras para otro mundo posible.

Un Stand, preparado por nosotros, nos permitió hacer animación misionera, reunirse y dialogar con mucha gente y hacernos conocer de ellos. Entre los numerosos talleres propuestos por el FSM, hemos seguido con interés los nuevos paradigmas, teología y liberación, jóvenes, resistencia de los pueblos originarios y afro, migraciones. Durante el desarrollo del foro, también hemos participado en la asamblea mundial de las mujeres. El FSM se celebró en un clima de fiesta, interrumpido por el asesinato de dos activistas de derechos humanos: Marielle Franco en río de Janeiro y Sergio Paulo Almeida do nascimento en barcarena.

El Foro comboniano se desarrolló en el signo de la continuidad con las reuniones anteriores. Los días han sido sucediendo con momentos inculturales de espiritualidad, durante los cuales hemos celebrado la vida, el sufrimiento y las esperanzas, en sintonía con las realidades de los países de procedencia y con las que se encuentran en el foro. Nos hemos preguntado sobre la necesidad de profundizar en la reflexión sobre los nuevos paradigmas de la misión, consolidar esta experiencia como familia comboniana y poder dar mayor cabida a los laicos y a las laicas. En esta reflexión fuimos acompañados y animados por Marcelo Barros, que compartió el estado actual de la teología y la liberación, y m. Miranda, quien, tras un análisis de la realidad mundial, ha indicado algunas luces para el camino propuesto por la laudato sí. Ante un neoliberalismo sin límites, la invitación ha sido poner en diálogo a los pobres y consolidar la fe en la presencia del Espíritu de Dios que camina con nosotros en la historia.

Encuestados por lo que hemos vivido, proponemos:
– Publicar un libro que recoja la historia y las experiencias de estos once años de foros comboniano, indicando caminos para el futuro.
– Ampliar la coordinación de la red comboni para un mejor servicio de sensibilización y formación sobre los temas de JPIC
– Crear un foro social en el foro continental para comparar las diferentes realidades en las que estamos comprometidos.
– Crear un fondo económico para apoyar las actividades relacionadas con el compromiso de JPIC.
– Consolidar una plataforma en línea para recopilar y compartir experiencias y material sobre los temas de JPIC.

Después de esta experiencia, sentimos aún más la importancia de encontrarnos para una mayor colaboración entre nosotros, para tratar como familia comboniana y como personas comprometidas en diferentes ámbitos pero unidos en el compromiso de JPIC para buscar nuevos caminos de ministerialidad y nuevos paradigmas de la misión.

Salvador de bahía
19 de marzo de 2018

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

5º Domingo de Cuaresma (B). 18 de marzo de 2018

Juan 12,20-33
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.» Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

CONFIANZA ABSOLUTA

Nuestra vida discurre, por lo general, de manera bastante superficial. Pocas veces nos atrevemos a adentrarnos en nosotros mismos. Nos produce una especie de vértigo asomarnos a nuestra interioridad. ¿Quién es ese ser extraño que descubro dentro de mí, lleno de miedos e interrogantes, hambriento de felicidad y harto de problemas, siempre en búsqueda y siempre insatisfecho?

¿Qué postura adoptar al contemplar en nosotros esa mezcla extraña de nobleza y miseria, de grandeza y pequeñez, de finitud e infinitud? Entendemos el desconcierto de san Agustín, que, cuestionado por la muerte de su mejor amigo, se detiene a reflexionar sobre su vida: «Me he convertido en un gran enigma para mí mismo».

Hay una primera postura posible. Se llama resignación, y consiste en contentarnos con lo que somos. Instalarnos en nuestra pequeña vida de cada día y aceptar nuestra finitud. Naturalmente, para ello hemos de acallar cualquier rumor de trascendencia. Cerrar los ojos a toda señal que nos invite a mirar hacia el infinito. Permanecer sordos a toda llamada proveniente del Misterio.

Hay otra actitud posible ante la encrucijada de la vida. La confianza absoluta. Aceptar en nuestra vida la presencia salvadora del Misterio. Abrirnos a ella desde lo más hondo de nuestro ser. Acoger a Dios como raíz y destino de nuestro ser. Creer en la salvación que se nos ofrece.

Solo desde esa confianza plena en Dios Salvador se entienden esas desconcertantes palabras de Jesús: «Quien vive preocupado por su vida la perderá; en cambio, quien no se aferre excesivamente a ella la conservará para la vida eterna». Lo decisivo es abrirnos confiadamente al Misterio de un Dios que es Amor y Bondad insondables. Reconocer y aceptar que somos seres «gravitando en torno a Dios, nuestro Padre. Como decía Paul Tillich, «aceptar ser aceptados por él».

José Antonio Pagola

 

Encuentro en Granada con Mons. Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou (Rep. Centroafricana)

El pasado lunes, aprovechando su paso por España, tuvimos la oportunidad de encontrarnos en Granada con Mons. Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou (Rep. Centroafricana) días antes de su represo a su diócesis.

Fue un encuentro en el que nos compartió la situación de extrema violencia y pobreza en la que se encuentra el pueblo centroafricano y en especial la diócesis en la que trabaja desde el pasado mes de noviembre junto con otro obispo comboniano español, Mons. Juan José Aguirre.

Ambos vienen denunciando desde hace tiempo la situación que vive el pueblo de Bangassou sometido a las barbaridades de los numerosos grupos armados de la región. Selekas y anti-balakas, ambos fuertemente armados, están sembrando el terror y el caos entre la población lo que ha hecho que desde hace unos 10 meses la catedral se haya convertido en un verdadero “campo de refugiados” en el que varios miles de musulmanes sobreviven gracias al apoyo y solidaridad de la misión católica.

Mons. Jesús Ruiz insistía en que la raíz del problema no es tanto religiosa (enfrentamiento entre musulmanes y cristianos), sino que su origen es totalmente económico. El país, y en especial Bangassou, posee grandes yacimientos de uranio, petróleo y diamantes y su control está provocando una lucha atroz entre los distintos grupos radicales, armados por países extranjeros.

A día de hoy, la fractura social que está provocando este conflicto es enorme: todas las ONGs se han marchado de la zona, no hay ninguna estructura mínima de gobierno que garantice un poco de orden y control, no funciona ninguna escuela pública y en toda la diócesis, cuya extensión es una quinta parte de España, no hay ni un solo médico.

Es en medio de esta realidad, donde la misión católica, guiada por estos dos obispos combonianos  sigue trabajando por los más pobres y abandonados, intentando poner un poco de esperanza y paz en medio de tanta desolación.

A la pregunta de qué podemos hacer nosotros desde aquí, Mons. Jesús Ruiz nos invitaba a 3 acciones muy concretas:

Primero, la oración continua por estos hermanos/as nuestros y por toda la Iglesia centroafricana, para que se mantenga fiel a su tarea pacificadora y evangelizadora en medio de esta situación tan difícil. A día de hoy, en su diócesis sólo quedan 6 religiosas y unos pocos sacerdotes que hacen muy difícil atender tantas necesidades.

Segundo, visibilizar el problema, “lo que no se visibiliza, no existe”. La guerra de Centroáfrica es una de tantas “guerras olvidadas” que hay en el planeta. Como hijos de Comboni, hemos de hacer presente la realidad de los pueblos de África en medio de nuestra sociedad y denunciar las injusticias a las que se ven sometidos.

Y tercero, cambiar nuestra mirada.  Es fundamental que cambiemos la manera de mirar al que viene de fuera, al que es diferente. Darnos cuenta de que no es una amenaza sino una riqueza y una oportunidad para tejer lazos de fraternidad.

Termino rescatando un pequeño fragmento de la lectura del profeta Isaías que leímos en la eucaristía que compartimos y que resume la esperanza de todo un pueblo que, a pesar de todas las dificultades, sigue apostando por la VIDA.

Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear… ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años… Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»

Que así sea.

Isidro Jiménez. LMC

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

4º Domingo de cuaresma (B) 11 de marzo de 2018

Juan 3,14-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

ACERCARNOS A LA LUZ

Puede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros. Podemos seguir viviendo día tras día sin querer ver qué es lo que en verdad mueve nuestra vida y quién es el que dentro de nosotros toma realmente las decisiones.

No es torpeza o falta de inteligencia. Lo que sucede es que, de manera más o menos consciente, intuimos que vernos con más luz nos obligaría a cambiar. Una y otra vez parecen cumplirse en nosotros aquellas palabras de Jesús: «El que obra el mal detesta la luz y la rehúye, porque tiene miedo a que su conducta quede al descubierto». Nos asusta vernos tal como somos. Nos sentimos mal cuando la luz penetra en nuestra vida. Preferimos seguir ciegos, alimentando día a día nuevos engaños e ilusiones.

Lo más grave es que puede llegar un momento en el que, estando ciegos, creamos verlo todo con claridad y realismo. Qué fácil es entonces vivir sin conocerse a sí mismo ni preguntarse nunca: «¿Quién soy yo?». Creer ingenuamente que yo soy esa imagen superficial que tengo de mí mismo, fabricada de recuerdos, experiencias, miedos y deseos.

Qué fácil también creer que la realidad es justamente tal como yo la veo, sin ser consciente de que el mundo exterior que yo veo es, en buena parte, reflejo del mundo interior que vivo y de los deseos e intereses que alimento. Qué fácil también acostumbrarnos a tratar no con personas reales, sino con la imagen o etiqueta que de ellas me he fabricado yo mismo.

Aquel gran escritor que fue Hermann Hesse, en su pequeño libro Mi credo, lleno de sabiduría, escribía: «El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad».

Probablemente, a la hora de querer transformar nuestra vida orientando nuestros pasos por caminos más nobles, lo más decisivo no es el esfuerzo por cambiar. Lo primero es abrir los ojos. Preguntarme qué ando buscando en la vida. Ser más consciente de los intereses que mueven mi existencia. Descubrir el motivo último de mi vivir diario.

Podemos tomarnos un tiempo para responder a esta pregunta: ¿por qué huyo tanto de mí mismo y de Dios? ¿Por qué, en definitiva, prefiero vivir engañado sin buscar la luz? Hemos de escuchar las palabras de Jesús: «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que hace está inspirado por Dios».

José Antonio Pagola

El amor desbordante de Dios se manifiesta en la entrega de su Hijo, que nos ilumina y nos salva.

La persona que elige la oscuridad es responsable de sí mismo y de su suerte.