Campaña de materiales escolares para Perú

Durante estas semanas de nuevo este año ponemos en marcha una campaña de ayuda para lograr materiales escolares para la población más vulnerable de Huarín en Perú. En Huarín, los Laicos Misioneros Combonianos han tenido una intensa presencia y en particular los LMC de España. Por este vínculo, coordinados por los Misioneros Combonianos que están sobre el terreno en estos momentos, anualmente se organiza una actividad en la Parroquia de San Joan d’Horta de Barcelona que permita lograr los fondos para dotar a los alumnos más peques de los materiales necesarios para sus actividades en el cole en este curso 2015.

Os enviamos unas imágenes de los resultados de la campaña del año pasado enviados por nuestros contacto local, el P. Eliseo.

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Aunque no viváis en Barcelona, todos los que queríais participar en esta campaña podéis hacerlo mediante un donativo en nuestra cuenta bancaria ES37.2100.1737.7702.0004.0367 con la referencia “Materiales escolares Huarín”. Así mismo estamos a vuestra disposición para cualquier duda en nuestro email amanilaicoscombonianos@gmail.com

Saludos desde Uganda

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQuerida familia…….os escribo a todos y espero que podáis sentir el cariño de mis palabras a través de la pantallita del ordenador…..a pesar de los kilómetros de distancia, me siento muy cerca de todos.
Os escribo desde el corazón de África!!!!! *:) feliz
Estamos muy bien, como os dijo Isidro en el otro correo. Tenemos una Comunidad muy bonita, unida, equilibrada porque somos cuatro tipos diferentes pero compenetrados. Todas tenemos nuestro espacio aquí, todas nos sentimos “útiles” y aceptadas de una manera diferente y eso hace que nadie se sienta fuera de lugar. Os mando una foto de la capilla de nuestra casa, pequeñita y acogedora (con el pequeño Moses echándose una siesta), y con “vuestro” Comboni.Lugar importante «de encuentro» de nuestra comunidad…..
 
El Orfanato es una realidad difícil, un proyecto precioso, pero al mismo tiempo muy exigente, porque vivimos dentro del recinto y porque estamos metidas hasta las orejas desde el minuto uno. Además el trato constante con los niños hace que tengamos que estar “a tope” con más motivo (no se cansan nuncaaaa *:D gran sonrisa!!!)
 
Personalmente creo que empiezo a despertarme después de casi tres meses y las imágenes de mi cabeza (las buenas y las malas) comienzan a hacer mella en mi corazón. Me cuesta un poco ver cómo crecen los niños sin las atenciones a las que estamos acostumbrados, y me cuesta bastante asimilar el cómo están los  discapacitados. Pero también me gusta estar aquí con esta realidad, porque necesito poner en manos de Dios muchas cosas que no comprendo. Y el tener a Dios tan presente me hace sentir bien, y me hace ser consciente de que esto no es “mío”.
 
En fin, que estoy bien, asimilando y disfrutando de una vida diferente y preciosa.
 
Los que me han atrapado muchísimo (y jamás lo hubiera imaginado) son los niños con discapacidades serias……ahhhh!!!!! Son alucinantes!!! Especiales, angélicos…….. estamos todas locas con ellos, porque no paran de sonreír, no piden nada, no esperan nada y sin embargo siempre nos reciben con una sonrisa enorme, son preciosos. Un descubrimiento tremendo……
 
Con la familia comboniana “super bien” (sabéis que soy optimista por naturaleza, pero no exagero es la verdad nos tratan muy bien), nos tienen muy mimadas, nos sentimos bien recibidas en todas las casas, con confianza y con alegría. El P. Ramón es el que nos acompaña y es genial. Participamos con ellos en 2 grupos vocacionales, o de lectura de la Biblia, uno los jueves con una comboni sister y otro algún domingo con un father.
Con los laicos ugandeses, despacico pero con buena letra!!! trabajando…….
 
Yo he acompañado tb a Sister Teresa un par de domingos a una de las capillas más alejadas para celebrar con una comunidad la Liturgia de la Palabra.
 
En todos sitios nos sentimos bien, la gente es muy abierta y muy acogedora.
 
Os contaría muchísimas más cosas…..pero me cuesta decir todo lo que tengo en la cabeza y en el corazón, es MUCHO y variado ; )
 
Lo más importante es que estoy bien, (cogidica de la mano del Señor) y os tengo a todos conmigo.
Besos.
Carmen Aranda LMC
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Por qué he vuelto a Sierra Leona

Hoy, el ébola; entonces, la guerra. Me encuentro en Makeni, Sierra Leona, a donde he regresado hace ocho meses. Mi primera estancia en este país fue en los años 1996-2002, en plena guerra civil, la cual, después de 11 años, dejó el país destruido, millares de muertos, centenares de amputados y casi toda la población afectada de alguna manera. Fue una de las guerras más crueles de las que hubo en África en aquel tiempo: torturas, muertes, destrucción, amputaciones de miembros como estrategia de terror, miles de niños y niñas soldado…

A las confesiones religiosas también les tocó lo suyo: lugares de culto, de reunión, escuelas, clínicas, hospitales destruidos; varios religiosos y religiosas asesinados y, en gran número, secuestrados. Estábamos aquí y compartimos los avatares, sufrimientos, miedos… y la solidaridad y ayuda recíprocas que la gente vivió, que todos vivimos. Aquí permanecimos hasta que tuvimos que ser repatriados todos los europeos (civiles y religiosos), cuando los rebeldes del RUF ocuparon el país y conquistaron la mayor parte de la capital (enero de 1999). La orientación adoptada por la Iglesia católica era la de permanecer cada uno en su puesto, tratando de que todo (celebraciones, reuniones, formación cristiana, sacramentos, escuelas, clínicas) funcionara lo más posible el mayor tiempo posible; y, cuando llegara el momento inevitable, abandonar los lugares y huir con la gente.

Cuando la capital, Freetown, fue atacada, los que allí trabajábamos no tuvimos tiempo ni modo, como la gente, de huir; pasada una semana del ataque, fuimos secuestrados —junto al arzobispo y seis hermanas de las Misioneras de la Caridad, de las que cuatro fueron asesinadas— cinco javerianos. También fueron secuestrados otros religiosos y sacerdotes en diversos momentos de esos largos años. Cuando el Ejército (17.000 cascos azules de la ONU) liberó la capital y alrededores, comenzamos a regresar (abril de 1999) para seguir con nuestra presencia, reanudar el trabajo y poner en marcha un programa de rehabilitación e inserción en la sociedad de niños y niñas soldado, auspiciado y sostenido por UNICEF.

Aquel final de 1998, cuando los ataques se iban acercando a la capital, fue un tiempo de miedo, inseguridad, ansiedad e incertidumbre por nuestro (y el de la gente) inmediato futuro, pero seguimos el protocolo: quedarnos con ellos.

Estuvimos retenidos en la misión una semana, y otra secuestrados en poder de los rebeldes del RUF; estábamos en su centro de mando, que tenía que moverse todos los días, dados los continuos bombardeos que recibían del Ejército. Vimos destrucción, torturas, muertos, cuerpos descuartizados por las bombas… Vivíamos en un continuo sinvivir, sin saber lo que pasaría, lo que duraríamos, cuánto se alargaría la cosa. Con todo ello, nunca cundió entre nosotros el pánico, el terror, la pérdida de control. Las razones que mitigaron e hicieron razonable y soportable nuestra situación fueron el haber decidido quedarnos; el haber puesto nuestra entera confianza en el que creíamos, anunciábamos y tratábamos de seguir: Jesús; el estar compartiendo lo que vivía la gente, sus sufrimientos y esperanzas; el tratar de ser coherentes con nuestra vocación y vivirla con la gente a las duras y a las maduras.

Estoy de nuevo aquí y me encuentro con el virus del ébola; situación algo parecida a la anterior y también diferente. Ahora tampoco nos marchamos, todos estamos en nuestros puestos. Las razones son las mismas: vivir la fe y nuestro encuentro con Jesús y la fraternidad en cualquier circunstancia; compartir, un poco, la situación de las personas y comunidades con las que vivimos, y estar con ellas.

Al regresar encontré un país en buena parte reconstruido y con esperanza, y todo esto recibe un buen palo: muertos, familias destrozadas, personal sanitario diezmado, economía parada, puestos de trabajo perdidos, precios más altos, escuelas y universidades cerradas, hospitales y clínicas inoperativos por falta de medios y personal, miedo en la población, aislamiento del país, niños huérfanos del ébola que nadie acoge por quedar estigmatizados… Las ayudas están llegando; la Cruz Roja Española ha instalado un hospital en Kénema.

Ahora se puede hacer menos que cuando la guerra; está prohibida la relación con los afectados, son aislados para evitar contagios. Las parroquias y comunidades cristianas se limitan casi a la eucaristía. Cuando hay que ayudar a los afectados que permanecen en sus casas aislados, lo que se entrega se deja al otro lado de la calle: el Ejército no deja que nadie se acerque. A nosotros se nos ha pasado el miedo que nos embargó al inicio, al no saber lo que era este virus; ahora, con más información y siendo prudentes, nos queda un poco de desasosiego y de inseguridad, y mucha tristeza por los afectados y muertos y por las consecuencias que esto tiene y tendrá para el país.

Hacemos poco; casi nos podríamos marchar. No lo hacemos porque estar es compartir juntos lo que somos —ellos y nosotros— en estos tristes momentos. Es cuestión de coherencia (como la de otros voluntarios y voluntarias que se han quedado o llegarán); es la forma de vivir nuestra vocación misionera aquí y ahora. Seguimos con la esperanza, basada en la bondad de Dios y de las personas, de que, como dice el lema del DOMUND que se celebra este 19 de octubre, la alegría renacerá. O mejor, crecerá, ya que nunca la hemos perdido. Ni este pueblo ni nosotros.

P. Luis Pérez Hernández, es misionero javeriano en Sierra Leona.

Con Magdalena e Isabel…Renace la alegría

En este fin de semana en que celebramos la jornada del DOMUND compartimos los testimonios de dos misioneras que nos hacen ver la gran labor que realizan los misioneros en favor de los más pobres y abandonados. Con su vida y testimonio llevan la alegría del evangelio a todo el mundo. Todo un testimonio de entrega y donación para nosotros.

Magdalena Rivas, misionera comboniana que ha trabajado más de 30 años en Chad

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http://www.rtve.es/alacarta/videos/ultimas-preguntas/ultimas-preguntas-renace-alegria/2803414/

Isabel Herrero, Laica Misionera Comboniana que ha trabajado junto con su familia en Arequipa (Perú)

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http://videos.13tv.es/video/?videoId=e-354-isabel-herrero-comparte-su-testimonio-como-misionera-laica-en-peru-al-dia-16-octubre.html

 

Mi primer día en la Misión de Mongoumba

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Después de 3 días de estancia en Bangui, capital de la República Centroafricana, para abordar los problemas de documentos para la obtención de una carta de permanencia en el país y también para acompañar a Elia y Teresa, mis colegas de la Misión, que tenían que comprar suministro de alimentos, medicamentos, combustible, etc., salimos el 24/05 a las 6:00 de la mañana, hacia Mongoumba lugar de mi destino. En la carretera fuimos encontrando soldados de la MISCA que estaban allí para controlar las entradas y salidas, y aún otros grupos de “milicias populares” que hacían autostop para cobrar “peajes”, dinero destinado a su sustento. Hicimos varias paradas para visitar algunas comunidades de Hermanas que están de camino, y en especial para saludar al Obispo de esta Diócesis de M’Baiki, principal responsable de esta porción del rebaño de Cristo, la Iglesia. Tuve una cálida bienvenida y me regaló algunas recomendaciones, sobre todo para estar a disposición de “servir” a este pueblo. Llegamos Mongoumba sobre las 17:30, donde nos esperaban los Padres Combonianos, responsables de esta misión, que me acogieron con cariño y alegría, y que esa noche me ofrecieron la cena de “bienvenida”.

Mi primer día en la misión

IMG_0023-1024x768Salí de mi parroquia, donde me hicieron el “envío misionero” en el Día del Buen Pastor (11 de mayo de 2014), y el lema era: “Para que todos tengan vida en abundancia”. Para eso Él (Buen Pastor) envía a sus colaboradores por el mundo. Y así me fui de Portugal hacia la República Centroafricana con este eco que vibra en el alma: dar vida, dar alegría, dar amor”. Pero el Señor, que no se deja nunca ganar en generosidad, quería hacerme un buen regalo en mi primer día en la Misión: “Vivir con este pueblo la alegría plena, la verdadera” vida en abundancia”. Con Elia y el padre Jesús fuimos a una comunidad cristiana en la que se celebró durante la Eucaristía, el bautismo de 11 jóvenes, 6 chicos y 5 chicas, el resultado de “Vida” que otros ya entregaran para generar estos Hijos de Dios y de la Iglesia. Me sentí como en casa, en el país de mis sueños y con el alma vibrando de alegría, para vivir la Fiesta, la verdadera “Fiesta de la Vida.” ¿Quién dijo o pensó que yo vine a hacer frente a las balas, a la muerte? ¡Aquí se respira vida por todos los poros del cuerpo y el alma!

La misa comenzó con una procesión de entrada al ritmo de un canto con cientos de voces vibrantes, de los tambores y la danza. Era la fiesta que comenzaba. En el momento oportuno fueron llamados los catecúmenos que, con decidida y poderosa voz respondían al sacerdote: “Quiero el bautismo de la Iglesia”. Fueron entonces bautizados, uno tras otro, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Seguidamente todos salen de la iglesia y dejan a un lado su ropa de calle y vestidos ahora todo de blanco, entran de nuevo en procesión hacia el altar de la iglesia, cantando y bailando, sintiendo la verdadera alegría de los hijos de Dios y de la Iglesia; de la mano de sus padres, reciben la vela encendida del Cirio Pascual para continuar cantando y bailando alrededor del altar, sosteniendo, no la espada de la muerte sino la luz de las velas de la vida que les fue entregada desde el Altar de Cristo que ellos rodeaban con entusiasmo. Realmente me conmovió y dejé rodar algunas lágrimas. Miré el reloj y eran las 10,15 horas, recordé entonces que se estaba celebrando la Misa, también en mi parroquia, en Torredeita, con la diferencia de que aquí ¡se había iniciado a las 9:00 am! Me sentí en sintonía con los que dejé, pero profundamente enraizada en el pueblo que el Señor me ofrece con tanta ternura y benevolencia.

IMG_0032-1024x768En el momento de la consagración, ya no son los padres sino los nuevos bautizados que encienden en el Cirio Pascual sus propias velas y hacen una corona alrededor del altar, símbolo de los invitados para la boda del Cordero (Jesucristo), quien se inmoló para darles vida. La misa terminó alrededor del mediodía; 3 horas de fiesta donde todos mostraron sus caras sonrientes, señal de que todavía querían continuar.

El padre Jesús aprovechó la oportunidad para presentarme a la población como una más que viene a reforzar la Comunidad de los misioneros, de los servidores del Pueblo.

Elía fue la fotógrafa del día, y al final todos se acercaban pidiendo una foto. De regreso a casa todavía Elia (con cara de “mala”) tiene que salir al paso de todos aquellos que quieren regresar en el coche, pero eran tantos que era imposible. Llegamos a casa tres horas después. Elia me preguntó: “¿Estás cansada?”, y yo le respondí: “no, estoy muy feliz”, María Teresa había salido con otro sacerdote y llegó más tarde. Sin embargo, también vino con aire de satisfacción.

Y así comenzó mi primer día de misión en la República Centroafricana. Un abrazo misionero para todos ustedes.

Palmira Pinheiro