Arequipa, Misión bajo el volcán

La cima del impresionante volcán Misti está a casi seis mil metros de altitud. En faldas de este gigante se encuentra la parroquia del Buen Pastor, en el distrito de Selva Alegre, periferia de Arequipa. La parroquia está regida por los misioneros combonianos y nació hace 21 años cuando la congregación dejó la anterior misión que ya estaba bien organizada y asentada.

Arequipa sigue creciendo en esta periferia de barrancos y piedras volcánicas. La población, necesitada de vivienda, se va asentando sobre estos terrenos ocupados por el sistema de las invasiones, como ocurre en tantas ciudades peruanas. Unas 30.000 personas viven en la parroquia comboniana que se extiende a lo largo de varios kilómetros y por diferentes sectores, lo que hace muy difícil el trabajo misionero.

Junto a los Misioneros Combonianos, están presentes en Arequipa los Laicos Misioneros Combonianos que con su trabajo y testimonio hacen presente el Reino de Dios en medio de una población donde existen altos índices de pobreza, trabajo mal pagado, violencia familiar, falta de servicios básicos…pero con un gran espíritu de lucha y las ganas de progresar.

Arequipa

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Más allá de los Andes

En San Martín de Pangoa, una población de la selva central peruana, están trabajando los misioneros Combonianos desde hace 14 años.

El programa nos muestra   una de las comunidades nativas nomatsiguengas de la parroquia, su modo de vida y las dificultades que tiene esta población para sobrevivir, así como el gran trabajo educativo que se realiza en el Centro San Daniel Comboni que acoge a 800 alumnos.

En 1938 los primeros misioneros combonianos llegaron a Perú y comenzaron su trabajo no muy lejos de aquí, en Pozuzo. En estas décadas se multiplicó la presencia comboniana en varios lugares del país. 77 años más tarde, la misión continúa.

Más allá de los andes

La alegría de la misión

El fin de semana del 13 y 14 de febrero, tuvo lugar en la Casa de las Misioneras Combonianas, un nuevo encuentro de la PJV. El tema central fue la alegría y el taller de la mañana del sábado, dinamizado por los LMC, tuvo como elemento de trabajo la exhortación del Papa Francisco sobre «La Alegría del Evangelio». En el trabajo realizado pusimos en común nuestras ideas a partir del compartir las debilidades y fortalezas de nuestro caminar, así como las oportunidades y amenazas que encontramos en nuestra sociedad e Iglesia que pueden afectar, en positivo y en negativo, al compromiso con los demás.
La tarde estuvo dedicada al testimonio misionero de la Hermana Magdalena en Chad y a la experiencia vocacional de Magda, postulante polaca que vino desde Granada para compartir su proceso vocacional.
Con un video-forum sobre la película «La Ciudad de la Alegría» terminamos nuestra jornada del sábado.
La reflexión sobre la Exhortación se prolongó en la mañana del domingo para terminar el encuentro con la celebración de la Eucaristía. La siguiente parada en Granada para celebrar la Pascua.

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VICTOR OCHEN, PREMIO MUNDO NEGRO A LA FRATERNIDAD 2015

Victor Ochen con el director de Mundo Negro P. Jaume Calvera
Victor Ochen con el director de Mundo Negro P. Jaume Calvera

 “Si la única cooperación que Europa ofrece al continente africano es militar, no servirá para sembrar ni paz ni reconciliación en África. La cooperación debe ser cooperación para la paz y el desarrollo”.

Así lo ha señalado el ugandés Victor Ochen en un encuentro con medios de comunicación que mantuvo el pasado viernes, en la Casa Provincial de los Misioneros Combonianos. Ochen se encuentra en España para recoger el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2015 y participar en el 28 Encuentro África, que se celebrará hasta el domingo con el tema “Sueños de paz”.

El fundador de la African Youth Iniciative Network (AYINET),  ha reconocido que durante siete años no pudo completar nada más que una comida al día, o que 21 de sus 34 años de vida los ha pasado en campos de desplazados, como refugiado interno, debido al conflicto que ha vivido su país. En ese contexto, Ochen ha explicado que “cada vez que me preguntaba por lo que tenía delante de mí, me ponía a mirar a todos lados y me preguntaba dónde estaría la solución. Entonces me fijé en mí mismo y me convencí de que había que acabar con la tendencia al sufrimiento de la comunidad. Dejé de mirar la solución militar como una vía para solucionar el conflicto y comencé pensar en clave de paz”.

A continuación ha señalado que “África necesita paz, pero también justicia”.

 

Con esta convicción fundó AYINET, con el objetivo primordial de proteger a los jóvenes de la violencia y para convencerlos de que se podían convertir en agentes de paz. Además, comenzó a ofrecer apoyo de todo tipo a chicas que habían sido violadas, a jóvenes mutilados y a comunidades que habían quedado devastadas por el horror.

En el trasfondo de toda esa actividad se encuentra la convicción de que la paz es posible, a pesar de que algunos procesos de reconciliación y perdón entre víctimas y verdugos, según Ochen, no han tenido en cuenta dos aspectos fundamentales: la responsabilidad de los agresores y la reparación a las víctimas.