ECOS DE LA PASCUA (2)

«Yo llegaba a la Pascua con falta de energías y más cansada que de costumbre, y he vuelto con fuerzas renovadas y  con ganas de afrontar el próximo trimestre; y todo ello gracias, yo creo, a este parón que hacemos en la vida cotidiana, en el ajetreo del mundo, para encontrarnos con los hermanos, rezar juntos, reflexionar, achucharnos…Me ha gustado especialmente cómo hemos reflexionado el tema del «sufrimiento», y la noche de la «oración ante la Cruz». También ha sido muy bueno todos los ratos que hemos compartido con los niños. Ellos han disfrutado mucho y están deseando volverse a encontrar».

Mercedes Navarro LMC

ECOS DE LA PASCUA

 DSC03234Nuestra vida está plagada de momentos. Unos los consideramos más importantes y otros no. Aunque puede que todos sean necesarios. Tal vez esos de los que no nos damos cuenta de que existen en nuestra vida, sean de los más importantes. Solo que los hacemos mecánicamente, sin darnos cuenta. Nuestro corazón palpita desde mucho antes de nacer. Es mecánico. Nunca lo oímos, pero si en algún momento deja de hacerlo, ah! Entonces si que tendríamos problemas… En un segundo, en un momento. Otros momentos muy importantes -para nuestra consciencia- son todas las celebraciones puntuales a lo largo de nuestra vida como protagonistas o invitados. Y otros que pueden ser importantes o no: los momentos de celebrar nuestra fe.

Todos los años -desde que tengo memoria- celebramos la Pascua. Varios días que antaño eran de tristeza, o, al menos, se aparentaba. Un poco de miedo cuanto más chico eras, por los nazarenos y las imágenes que veíamos pasar, sangrantes los Cristos o dolientes las vírgenes. Y si reías o cantabas ese Cristo sufría más por tu culpa. O por tus pecados. Los niños nos acongojaba pensar que nuestros terribles pecados habían llevado a «ese hombre» a tan terrible muerte… ¡Con siete años!

 Y el tren de la vida ha seguido recorriendo su camino. Y en cada estación se ha ido bajando y subiendo gente. Y muchos de los que aun continuamos el viaje seguimos celebrando la Pascua cada año. Gracias a nuestro Padre-Abba ya no es triste ni nos da miedo. Al contrario. A algunos pocos nos ha concedido la Gracia de celebrar a lo grande el misterio de nuestra salvación. Celebrar el triduo más impresionante que una persona pueda encontrar en su vida. Cada año. En Collado Mediano nos encontramos todas las primaveras una pequeña familia, un pequeño cenáculo. Con ese Jesús Hermano sufriente al centro de nuestras vidas. Pero sin mantos ni potencias doradas, sin pasos, profusión de flores o cirios. Nos encontramos con Cristo en el hermano, el que tenemos al lado y, sobre todo, el que sufre en nuestro hoy: los refugiados que mueren de frío a la intemperie bajo la lluvia en Grecia y Turquía. Los inmigrantes que pasaron su vía crucis entre África y Europa, vía que para miles terminó en las aguas de los muchos mares que nos separan, por no tener un travesaño de Cruz a la que agarrarse. Cristo que mal vive y mal muere en el continente más rico del mundo; continente que hemos vendido por treinta monedas de plata, por barriles de petróleo, por minas de coltán donde trabajan niños, por piedras brillantes que adornen manos de personas que, tal vez y solo tal vez, van a misa. Cristo -Nuestro Señor- que camina descalzo en Sudamérica, doblado bajo el peso de otras maderas que calienten su frío y su soledad. Cristo. Este es el Cristo de nuestra Pascua, de nuestra vida. Siempre Resucitado. Inyectando Vida, con mayúsculas, a unos pobres laicos misioneros Combonianos que seguimos creyendo en la utopía del Evangelio porque la realidad de nuestro mundo es ya increíble. Que seguimos celebrando, cada año, la Buena Noticia de la vida a la que nos invita la misma Vida. Que reconocemos nuestros pecados, ahora sí que son pecados, nuestra debilidad. Y el Viernes Santo noche no procesionamos, nos tiramos al suelo, al «humus», mostrándome humilde, débil, para acompañar de la misma forma a nuestros Cristos sangrantes, a sus Madres dolorosas y doloridas como otro Cristo más sufriente aún por el solo hecho de ser mujer. Tirados por los suelos «como esclavos a los pies de sus señores». Pero ricos, muy ricos, por el tesoro de mi hermana que comparte conmigo su experiencia de Vida. Por mi hermano que me remueve el alma con su experiencia de injusta muerte. Riquísimos porque Cristo está en medio de nuestra pequeña familia, con nuestros niños dormidos sobre las alfombras y cojines, como fue en aquel cenáculo hace tantos siglos.

12439092_10153628153534702_1449991055822212245_n Mucho más ricos nos sentimos el sábado Santo. «No tengáis miedo, soy Yo». Yo Resucitado. Y para que creáis no miréis mis manos traspasadas, o miréis mi costado ni mis pies. Mirad mi frio de patera, mi llanto de niño en descampados de refugiados, mi angustia de inmigrante bajo un puente de la M-30, mi soledad de anciano olvidado. Mi dolor y mi llanto en todo el mundo. Yo os envío a curar mis heridas. Mis manos, costado y pies. Os envío a Mozambique, Os envío a Uganda y a Etiopía. A Madrid, a la Mancha y Castilla, Andalucía y Extremadura. No tengáis miedo. Yo he resucitado pero sigo sufriendo en esos lugares y en todo el mundo. Vosotros sois la cura a tanto sufrimiento. No llevéis alforja, ni ningún equipaje. Cargad con la escucha, la compañía, la sonrisa y el abrazo. Estad alegres, estad alegres porque si Yo estoy Vivo, vosotros sois enviados a dar mi Vida.

  No tengáis miedo. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo

 ¡Que paso! ¡Que Pascua! Gracias Señor por tanta Gracia.

Juan Eugenio de las Heras. LMC

PASCUA COMBOJOVEN: ABRIENDO PUERTAS A LA VIDA

Durante los días 23 al 27 de marzo se ha celebrado en la casa de los Misioneros Combonianos de Granada una nueva Pascua Combo-Joven bajo el lema “Abriendo puertas a la vida”.

18 participantes provenientes de Madrid, Granada, Sevilla y Navarra y animados por un misionero comboniano, una misionera comboniana y un Laico Misionero Comboniano, han reflexionado y celebrado la Pascua acompañando a la comunidad  parroquial de Casería de Montijo.

La experiencia ha sido muy enriquecedora para todos. Todos los momentos compartidos como las oraciones, las catequesis, las celebraciones y los ratos de convivencia, han sido para los jóvenes ocasiones de encuentro con la realidad y la persona de Jesús.

En estos días todos hemos sentido la presencia del Dios de Jesús y nos ha servido para renovar nuestro compromiso de fe y de misión con los más necesitados de este mundo.

 Llenos de la misericordia y de la alegría pascual salimos de este encuentro con el deseo de transmitirla y repartirla.

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PASCUA LMC 2016

En torno al lema: «Enviados a sanar un mundo herido desde la Misericordia» el grupo de LMC de España nos reunimos en Madrid para celebrar la Pascua.

Han sido  días  intensos donde hemos compartido oraciones, reflexiones, risas, ilusiones…. y donde sobre todo hemos «hecho familia» y Comunidad.

 

Tierra de misión

Os dejamos aquí el programa “Tierra de Misión” creado por Vida Misionera Ecuador, donde podemos ver el trabajo que como Familia Comboniana estamos realizando en Açailandia, Brasil.
En este video podemos escuchar a Xoancar (Laico Misionero Comboniano español) que lleva 16 años en Brasil.

Un saludo