Gracias por tanto bien recibido

Este fin de semana los LMC de España nos hemos reunido en nuestras comunidades de referencia para cerrar el curso, evaluar el camino recorrido y, sobre todo, compartir un encuentro de convivencia que nos ha recargado de energía y espíritu misionero.


Ha sido un fin de semana para mirarnos, escucharnos y reconocernos en todo lo que hemos construido juntos pero sobre todo para agradecer y celebrar todo lo vivido como comunidad LMC en este año.


Un año en el que hemos acompañado a nuestra hermana Mercedes en la enfermedad, y nos hemos despedido de ella cuando fue a las manos del Padre. Su vida misionera nos fortalece y acompaña, también en estos días de evaluación.

¡Gracias Señor por tanto bien recibido! Seguimos caminando.

A la escucha de Comboni. Junio 2026

Comboni vivió con una convicción firme que atravesó toda su vida y obra: la misión no le pertenecía, sino que era obra de Dios. Esta conciencia le llevó a cultivar una relación constante y profunda con Él, especialmente en medio de dificultades e incomprensiones.

Comboni insistió en la importancia de formar comunidades misioneras profundamente enraizadas en la fe. Para él, la eficacia de la misión no dependía de los medios humanos, sino de la calidad espiritual de quienes la llevaban a cabo. De ahí que subrayara la necesidad de que entre sus miembros abundaran la piedad y un auténtico espíritu de oración, capaces de sostener la entrega generosa y el amor por los más abandonados.

También hoy nosotros estamos llamados a redescubrir esta dimensión esencial. En un contexto donde la actividad puede absorber fácilmente la interioridad, el testimonio de Comboni nos invita a volver a lo fundamental: una misión que brota de la oración, se sostiene en Dios y se orienta según su voluntad.

Mensaje del Consejo General de los MCCJ con motivo de la celebración de la Fiesta del Corazón de Jesús

Queridos hermanos, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, estamos invitados a regresar a la fuente de nuestra vocación y misión. Al contemplar el Corazón traspasado del Buen Pastor, reconocemos el amor infinito de Dios por la humanidad: un amor que se manifiesta en cercanía, compasión, misericordia y entrega total.

El Corazón de Jesús no es solo un símbolo de nuestra fe; es el lugar donde aprendemos sobre el amor de Dios y los criterios para discernir nuestra vida misionera. En él, descubrimos un amor que no excluye a nadie, que se deja herir por el dolor del mundo y que sigue buscando a los perdidos, olvidados o rechazados.

San Daniel Comboni encontró en el Corazón de Cristo el secreto de su pasión misionera. De esa contemplación nació su amor por los pueblos más abandonados y su capacidad de compartir su historia hasta sentirlos verdaderamente como hermanos. En nosotros también, «hijos» de tan gran apóstol de África, la misión encuentra su origen y renovación al dejarnos moldear por el Corazón de Jesús, de modo que nuestra mirada, nuestras decisiones y nuestras relaciones reflejen cada vez más sus sentimientos.

El Papa Francisco nos recordó que «el Corazón de Cristo, que simboliza su centro personal del que emana su amor por nosotros, es el núcleo vivo de la primera proclamación» ( Dilexit nos , 32). Solo permaneciendo unidos a este centro podemos evitar que la misión se reduzca a eficiencia, organización o simple actividad. Antes de ser obreros, somos discípulos; antes de hablar de Cristo, estamos llamados a dejarnos transformar por su amor.

Vivimos en un mundo marcado por profundas heridas. Guerras, violencia, desigualdad, migración forzada y pobreza, tanto antiguas como nuevas, siguen afectando a millones de personas. Muchos hombres y mujeres buscan esperanza, ser escuchados y tener dignidad; muchos jóvenes buscan un futuro; numerosas comunidades viven en situaciones de fragilidad e incertidumbre. Ante estas realidades, la tentación de la indiferencia o la resignación siempre está presente.

El Corazón de Cristo, sin embargo, nos llama a una cercanía valiente. Nos invita a no pasar de largo, a no encerrarnos en nuestra zona de confort, sino a compartir la vida de los pueblos a quienes somos enviados. La misión nace precisamente de este movimiento del corazón: salir de nosotros mismos para encontrarnos con los demás, reconociéndolos como hermanos y hermanas amados por Dios. Dando prioridad a los más pequeños, a los más marginados, a los más pobres, hasta el punto de desear, en palabras de Daniel Comboni, «abrazar y dar un beso de paz y amor a esos desafortunados hermanos nuestros» ( Escritos 2742). Sí, como Misioneros Combonianos, estamos llamados a ser signo de este amor que acoge y restaura, que crea fraternidad y genera esperanza en las periferias del mundo.

Nuestra presencia en las diversas Iglesias y pueblos del mundo cobra credibilidad cuando se convierte en testimonio de comunión, especialmente en nuestras comunidades internacionales e interculturales. La diversidad de nuestros orígenes no es un obstáculo para nuestra misión, sino uno de sus signos más elocuentes: el Evangelio es capaz de unir lo que el mundo a menudo divide.

En esta fiesta, pues, pedimos la gracia de un » corazón misionero «, capaz de compasión, escucha y cercanía; un corazón libre de toda forma de cerrazón y dispuesto a conmoverse ante el sufrimiento de los más pobres y abandonados; un corazón que sepa reconocer la presencia de Dios en las periferias humanas y existenciales de nuestro tiempo.

Encomendamos al Sagrado Corazón de Jesús nuestro Instituto, las comunidades en las que vivimos, las personas a las que servimos y a todos aquellos a quienes invitamos a la oración y al trabajo diario. Que este Corazón renueve en nosotros la alegría del Evangelio, reavive el fuego de la misión y nos convierta en testigos creíbles de su amor en el mundo.

Con afecto fraterno, les deseamos una fiesta santa y gozosa.

Consejo General Roma, 12 de junio de 2026 – Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Encuentro Día de África 2026

Compartimos la grabación del streaming organizado por AMANI, Laicos Combonianos por el Sur y Laicos Misioneros Combonianos con motivo de la celebración del Día de África. Una oportunidad única para acercarnos a la realidad del continente desde la experiencia misionera.

En esta sesión, Alberto de la Portilla, Coordinador del Comité Central LMC, nos ofrece una actualización completa y cercana sobre el movimiento LMC en África: su historia, sus desafíos, sus sueños y el compromiso que sigue inspirando a tantos laicos en misión. Un testimonio que ilumina, anima y conecta con la vocación misionera que San Daniel Comboni soñó.

Ser obispo en República Centroafricana: Pobreza, guerras… pero MUCHA FE

Mons. Jesús Ruiz Molina, obispo comboniano en Mbaiki, nos acerca a la dura realidad del pueblo pigmeo, una de las comunidades más olvidadas y castigadas de África.

Entre grandes desafíos y profundas desigualdades, su labor diaria se centra en acompañar, defender y crear oportunidades para mejorar las condiciones de vida de estas comunidades, promoviendo la dignidad, la educación y la esperanza.

Los LMC llevamos más de 25 años presentes en República Centroafricana en la misión de Mongoumba, trabajando por la dignidad, los derechos y el futuro de este pueblo pigmeo, caminando junto a ellos y compartiendo su realidad cada día.