BAUTIZADOS Y ENVIADOS: MES MISIONERO EXTRAORDINARIO

Con motivo del centenario de la Carta Apostólica Misionera Maximun Illud munus, el papa Francisco  ha convocado un mes misionero extraordinario para el mes de octubre de 2019 con “el fin de despertar aún más la conciencia de la missio ad gentes y de retomar con un  nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”.

El papa nos invita a vivir  con intensidad este mes misionero a través del Encuentro personal con Jesucristo, el Testimonio, La Formación y la Caridad misionera, todo un  reto para nuestras comunidades cristianas.

El lema escogido por el Papa para este mes es “Bautizados y Enviados. La Iglesia de Cristo en misión por el mundo”, y en sus 10 puntos desarrolla muy bien las implicaciones misioneras de nuestro Bautismo, alentando el nuevo despertar misionero, necesario en toda la Iglesia, para ofrecer el mensaje de Jesucristo al mundo actual.

Que la celebración de este Mes Misionero nos ayude a reconocernos como discípulos misioneros ya que la misión “nos toca” y nos responsabiliza a todos, de manera que seamos una Iglesia en salida.

Misión en tierra roja (Subir al monte)

Entrar en la nueva cultura es un viaje que requiere dedicación, ir conociendo de todo un poco. No solo para ver el gris del panel, sino también, y sobre todo, para contemplar los diferentes colores del panel y pintar con más fuerza los rosas, los verdes, los azules, los amarillos, los rojos… Es saber apreciar, como un niño pequeño curioso por descubrir este mundo y el otro, embelesados ​​sobre cómo funcionan las cosas. Sin juicios. Siempre con nuevos ojos. Lo cual es muy difícil, especialmente cuando eres adulto, cuando tienes ya un bagaje, vicios, opiniones sobre todo y muchas otras cosas.

Entrar en la nueva cultura, la tan escuchada bendita inculturación, es también disfrutar de los momentos en que estamos en la escuela con los compañeros de clase de amárico y otros idiomas, las tardes con la comunidad MCCJ (Misioneros Combonianos del Sagrado Corazón de Jesús), las oraciones en comunidad, las visitas a museos, la comida (que es bastante diferente aquí y casi siempre con un toque de berber, una especia típica de aquí, que le da a todo su sabor picante), las salidas con la comunidad para comer helado o tomar una coca cola (¡sí, aquí también hay de esto!).

Entrar en la nueva cultura no es solo beber del choque cultural del que hablaba en el último artículo, un choque que nos lleva a bajar la montaña. También es sentir la sed de encontrar a Dios en medio de todo esto y subir la montaña. Escúchalo, reza cada dificultad que surja. Como hago ahora, subo al monte. Tuvimos unas dos semanas de descanso de las clases de amárico (mientras la escuela estaba de vacaciones), lo que nos dio la posibilidad de ir una semana a Benishangul-Gumuz, donde comenzaremos la misión en septiembre (si Dios quiere), y también para hacer una semana de ejercicios espirituales.

Es en los Ejercicios donde me encuentro ahora. Un tiempo que ha sido importante para mí, para renovarme, subir la montaña y hablar con Dios. Ha sido un momento de rezar todo lo que vi en Benishangul-Gumuz.

¿Y qué viste allí? Recuerdo como si fuera ahora el día que fuimos a los pueblos de esta región, donde solo viven los Gumuz, para celebrar la catequesis. Salimos de casa alrededor de las 4:30 pm. Viajé en la parte trasera del 4×4 al aire libre, aunque había un lugar para mí dentro, que era más seguro ya que en cualquier momento podía empezar a llover fuerte (lo cual es muy típico aquí en esta época del año, porque estamos en kremt gizê (traduciendo del amhárico, la estación lluviosa.) ¡Pero preferí la vista afuera porque siempre es más original! El viaje afuera también daría paso a poder convivir con los catequistas Gumuz con los que nos reuniríamos (no imaginé que la parte trasera se llenaría de ellos). Pero así fue: por el camino hacia una de las aldeas de Gumuz estuvimos reuniendo a muchos de los jóvenes catequistas. Contemplé que los jóvenes catequistas, hablaban y se reían mucho entre ellos, hablaban en su idioma, Gumuzinha (otro que tendré que aprender), ¡así que no entendía nada! En mi cabeza hice historias y frases en amárico para tratar de hablar. También hablan amárico, pero no todos los gumuz lo hacen. Estos son catequistas elegidos por los MCCJ porque pueden ser puente entre los misioneros y el pueblo Gumuz. Además de darles catequesis, también hacen la traducción amárico-gumuzinha, siendo intermediarios entre nosotros y el pueblo gumuz.

Allí gané coraje y comencé la conversación con uno de los catequistas. Intercambiamos media docena de frases. Sentí amistad y la mirada de que soy diferente. La gente Gumuz es una gente amigable. A diferencia de la reacción común de muchos otros etíopes, que a nuestro paso nos llaman Farengi (extranjeros), los Gumuz nos miran con una sonrisa. Ellos nos ven como amigos, como aquellos que han recordado a su pueblo y que los han estado protegiendo. Son muy negros, a diferencia del típico etíope que generalmente tiene un color de piel más marrón. Esta es también la razón por la cual son personas tan marginadas, ya que muchos no los consideran la verdadera «raza» de los etíopes.

En un cierto momento, los catequistas fueron distribuidos por diferentes casas. Con ellos salimos de la camioneta y estuvimos llamando a niños y jóvenes a participar en la catequesis. Un apretón de manos, una mirada a los ojos… ¡cómo me gustaba mirarlos a los ojos! Llamamos a muchos, pero no todos vinieron. Todavía tienen miedo de abandonar sus hogares, dado los acontecimientos que ocurrieron en junio (cuando fueron atacados por el pueblo amara). Aún así, puedo deciros que muchos fueron los catecúmenos que, en la oscuridad de esa noche, llenaron esa casa hecha de palos, donde celebramos las diversas catequesis.

Lo que vi y viví esa semana en Benishangul-Gumuz despertó en mí una doble sensación de emoción. Entre las ideas surgieron proyectos para comenzar, pero también vino el miedo, la sensación de incapacidad. Y aquí, durante esta semana de Ejercicios, fue un momento para renovar la confianza, lo mismo que me hizo decir SÍ, el día de mi envío, como María, “He aquí la sierva del Señor. Deja que tu palabra se cumpla en mí”. Al subir la montaña, me doy cuenta de que no soy capaz de realizar esta misión. No lo soy, y no lo somos. Pero no estamos solos. ¡Asumir nuestra incapacidad humana, nuestras debilidades y nuestra dependencia del Amor de Dios a veces es tan difícil! Ser humano es querer con tanta frecuencia tener el control de nuestra vida. Pero no nos equivoquemos. No te confundas Carolina, no eres dueña de tu vida. Ella es un regalo de Dios. Aquí, curiosamente durante los Ejercicios Espirituales, viví el día de la Transfiguración del Señor, encarnándola. Recé. Dejé (y dejo) que esta transfiguración del Señor se haga en mí. De hecho, solo tengo que «no temer». Porque aquí, en esta montaña, acepto nuevamente la invitación de Dios: “Levántate, mira, cruza, sígueme, tal como eres… con miedos, debilidades, errores, pero también dones. ¡Acéptate como te creé! ¡Sígueme! Y lo sigo.

Y es siguiéndolo que os dejo mi tierno abrazo. Os pido una oración especial por la misión que Dios quiere que construyamos allí. Que no sea el fruto de nuestras ideas de misioneros europeos, sino que sea la inspiración del Espíritu Santo, porque la misión nunca será nuestra. La misión es de Dios.

Vuestra amiga Laica Misionera Comboniana, Carolina Fiúza

En RED – Diócesis Leiria Digital Magazine – Fátima, No. 30, 25 de julio de 2019 (disponible en https://leiria-fatima.pt/noticias/subir-ao-monte/ )

PEREGRINACIÓN MISIONERA VERONA-LIMONE 2019

Como ya os comentamos en una entrada anterior, este verano un grupo de jóvenes ha participado en la peregrinación misionera  que organiza la Familia Combonia desde  la ciudad de Verona a Limone, cuna  de S. Daniel Comboni. Os dejamos con el testimonio de Borja, de uno de los participantes.

Gracias por compartir tu experiencia.

Se trata del camino, no solamente del destino

Comienzo este texto con el difícil reto de condensar en pocas palabras toda una experiencia única cargada de diversas sensaciones. Una experiencia en la que se creó un clima tan especial que es difícil encontrarle una explicación, ya que quizá fue la perfecta combinación de varios factores. La interculturalidad; el carisma de los combonianos y las combonianas; el grupo de personas que formábamos parte; el recorrer los pasos de Comboni; conocer su historia y la de las personas que ayudaron a construir su idea, dignas de admiración como Liliana Rivetta o Giuseppa Scandola; el convivir en el caminar con gente tan distinta, pudiendo escuchar y contar vivencias o reflexiones; las risas; el compartir y vivir nuestras formas de sentir la fe… y otras tantas cosas que hicieron de este camino, un camino excepcional. 
Las convivencias mensuales de Combojoven siempre me han ayudado a orientarme en mi camino, a no desviarme por las distracciones de la vida cotidiana, cuestionándome continuamente. En cambio, la peregrinación de Verona-Limone me ha ayudado a saber cómo afrontar mi camino personal, a mejorar la forma de recorrerlo, y a saber disfrutar el camino. Además, personalmente, me ha aportado una valiosa lección: el saber escuchar. Siempre he vivido con la incesante necesidad de sentirme escuchado, pues me horroriza el abrirme y expresarme para que nadie me preste atención, pero pocas veces he sentido la necesidad de situarme al otro lado, de ser el que pone la atención y el tiempo necesario para entender al que está junto a mí. Y así me ha pasado con mi forma de vivir la fe. Siempre esperando a que Él me escuche, sintiéndolo por encima mío, pero jamás el pararme, ponerme en silencio y escucharle a mi lado. Y poder aprender a escucharle y sentirlo tan cerca después de tanto tiempo me ha hecho sentirme muy feliz y con una intensa paz interior. Esta actitud también me ha permitido conocer mejor y, mirar de otra forma, a la gente que está a mi alrededor. 
Siento que no he podido expresar con las palabras la transformación que he vivido estos días en Italia, pues me es muy difícil plasmar tal vivencia en unos párrafos. Simplemente os invito a que forméis parte de este grupo extraordinario, y viváis vuestra fe y vuestra vida de una forma tan especial. Aún más difícil me resulta dar el suficiente agradecimiento a todas las personas que han formado parte de este camino y a la familia comboniana por hacerlo posible. Me siento increíblemente afortunado de hacer parte de ello.
Borja Vitón

JÓVENES Y MISIÓN

El verano es tiempo de vacaciones, un tiempo especialmente apreciado por los más pequeños para disfrutar y participar en actividades diferentes que no pueden llevar a cabo durante los largos meses del año escolar. Los Misioneros Combonianos lo sabemos y desde hace muchos años organizamos en julio y agosto campamentos y encuentros en clave misionera para niños, adolescentes y jóvenes.

Este verano 2019 las principales actividades de este tipo han sido cuatro:


Del 7 al 14 de julio tuvo lugar en la localidad granadina de Huétor-Santillán el campamento de Aguiluchos. Bajo el lema “Misioneros al abordaje”, 44 niños, 16 monitores, 3 cocineros y 2 combonianos disfrutaron de lo lindo hasta encontrar el tesoro escondido. Al abrirlo descubrieron un cofre con un espejo en el fondo. Al verse reflejados en el espejo que contenía el cofre del tesoro, enseguida se dieron cuenta de que el mayor de los tesoros son ellos mismos, cada uno de ellos. Es un tesoro que no hay que buscarlo fuera porque lo llevamos siempre con nosotros

 

Del 24 al 31 de julio los chicos y chicas adolescentes de Nkembo realizaron una travesía por las Alpujarras granadinas. Participaron 16 adolescentes, 5 monitores, 3 cocineros y personal de apoyo, además de dos combonianos. Fueron varias etapas para recorrer el camino que separa la localidad de Lanjarón de la de Juviles. Además de vivir la espiritualidad del camino, hubo tiempo para encuentros de reflexión y para compartir experiencias de vida que enriquecieron a todos. Los adolescentes participantes salieron encantados por este tiempo vivido como grupo de amigos.

Durante el mes de julio, varios miembros del grupo de jóvenes Combojoven viajaron a Kenia para vivir una interesante experiencia misionera entre el pueblo Turkana. Fueron acompañados por el padre Daniel Villaverde que vivió su misión en esta región de Kenia entre 1989 y 1995. Algunos de los jóvenes viajaban por primera vez a África y a juzgar por sus testimonios, pudieron descubrir nuevas realidades humanas que les marcaron profundamente.
Otros jóvenes, también pertenecientes al grupo Combojoven, realizaron una peregrinación comboniana en Italia junto a jóvenes de otros países europeos donde los Misioneros Combonianos estamos presentes. Del 4 al 11 de agosto, recorrieron la distancia que separa Verona (donde San Daniel Comboni fundó los institutos misioneros de las Combonianas y los Combonianos) de Limone sul Garda (pequeña localidad junto al lago Garda donde Comboni nació el 15 de marzo de 1831). Hubo tiempo para cansarse en el camino, pero también para orar y reflexionar juntos, siempre en clave misionera.
Para nosotros, acompañar a los jóvenes ha sido y es un desafío, no siempre fácil, pero muy enriquecedor. Se trata de estar ahí, cercano y abierto al diálogo pero sobre todo dejando que el Señor haga su trabajo en la vida de cada uno de los jóvenes y niños que participan.

De regreso a Arequipa

Han sido 3 semanas intensas de vuelta a la querida tierra arequipeña. Queríamos volver no solo por Isabel y por mí, sino por que nuestros hijos se reencontraran y pusieran en su sitio esos recuerdos que seguro estaban en su corazón.

Ahí hemos disfrutado mucho viendo cómo se reenganchaban desde el primer día. Se han sentido a gusto y con libertad para hablar y jugar con sus amigas y amigos como si estos cinco años en España no hubieran transcurrido. Ha sido un salto también en su madurez al insertarse conscientemente a una realidad muy exigente, en la que la pobreza salta a la vista. Y lo han vivido con naturalidad. No quieren regresarse a casa. Porque se sienten en casa.

Volver a nuestra parroquia, a la comunidad de Villa Ecológica, pero también a las de Buen Pastor y Cristo Rey, en las que también dejamos amigos y mucho cariño. Experimentar la generosidad del pueblo, su alegría sincera… y la falta de tiempo para llegar a todos los que nos hubiera gustado.

¿Hemos venido en misión? Porque pensábamos que veníamos de vacaciones, pero es  difícil buscar el límite. Hemos vivido la misión en el encuentro, aunque esta vez no teníamos el rigor de las planificaciones, actividades, ritmos… Pero tampoco teníamos el cuerpo y el corazón entrenado, así que hemos tenido que ir a otro ritmo. Lo que más hemos disfrutado ha sido encontrarnos con las familias amigas, compartir como familia cómo han sido estos años de distancia para ellos y para nosotros, sentirnos familia entre familias, con unas claves comunes como padres y madres, a pesar de las diferencias de nuestros contextos. Cómo han progresado algunas, cómo han sufrido otras, las ilusiones por el ingreso en la universidad de los chicos, los sueños de una nueva generación peruana de profesionales, honestos, que pasen la página de la corrupción política que sigue ahogando al país, abocado a un nuevo proceso electoral anticipado. Un misterio: la alegría sostenida e inocente de las familias que se mantienen fieles en su pobreza, fieles en su matrimonio y en la parroquia, frente a la frialdad en las que han conseguido una casa hermosa y una economía mejor… pero su convivencia  familiar se ha deteriorado, aun sin violencia explícita.

De la situación social, me sorprendió la fuerte presencia de inmigrantes venezolanos, y los mismos clichés de siempre: que no trabajan bien, que son flojos, que se aprovechan de los peruanos, que no se les debería abrir sin más la puerta… Es un nuevo reto para esta sociedad, convertirse en sociedad de acogida, en el que la Iglesia todavía no parece dar un paso al frente. Debe ser complicado ser a la vez una sociedad en formación y acoger a los que vienen de mundos peores que el tuyo.

En Villa Ecológica, la comunidad Ayllu de Neuza Andrea y Paula es un motor de alegría. Son dos terremotos de sonrisas para los abuelitos, para las familias. Vienen muy bien, son tan jóvenes… conectan con los jovencitos y con los mayores, y son una chispa en la comunidad de los padres combonianos.

Los mejores recuerdos: Volver a ver a Maricarmen Fonseca, niña especial que fue desahuciada por los doctores (no de la ley, sino médicos) al año de vida: “Cualquier catarro se la llevará” Ni los cirujanos de la campaña norteamericana la quisieron operar por la complejidad de su caso. Ahora estudia en su cole, va solita en el bus escolar, es cuidada por su familia como una princesa. En España los serivcios sociales habrían retirado a todos los 6 hijitos, pero es el milagro de la vida, de la pobreza. Maricarmen es el ojo derecho del Sr. Teo, músico y albañil. “No se enferma, hermanito, es fuerte. Los otros caen en la gripe, pero ella no”.  Y la visita a Matías, el otro niño especial que ya cumplió 9 años, en su casita, ya mejorada después de que su papá tenga un contrato estable en una empresa. La alegría espontánea de estos hijitos, cómo se entendieron Carmen y Ángel con Matías y su hermano Christofer de 1 año.  El brindis con Inka Cola en su azotea, junto a los vecinos de al lado, que un día estuvieron enemistados pero pudieron reencontrarse. Y al final bailando las dos familias la música arequipeña… ¡Hagamos 3 tiendas…! Un anticipo del banquete que nos espera si queremos compartirlo con los extranjeros, las prostitutas y los descartados que nos llevan la delantera.

Gonzalo Violero, LMC