Biblioteca Misionera: «Daniel Comboni, misionero y profeta»
Comenzamos una nueva sección en nuestro blog. Se trata de lo que hemos llamado «Biblioteca misionera». Cada mes haremos una reseña de algún libro de interés para nuestra formación misionera.
Para empezar nos acercaremos a la figura de S. Daniel Comboni a través del libro: «Daniel Comboni, misionero y profeta» de Juan Manuel Lozano de la Editorial Mundo Negro.
el libro nos acerca a la biografía de Daniel Comboni, primer obispo de África Central y fundador de las Misioneras y de los Misioneros Combonianos; escrita desde la admiración y el rigor histórico. Es la historia de una pasión, vivida hasta las últimas consecuencias: dar a conocer el mensaje de Cristo a los pueblos africanos.
Comboni intuyó y trazó un “Plan para la regeneración de África”, cuyo objetivo era la evangelización de África para los mismos africanos.
Esta obra nos ofrece el perfil de un hombre de una fe profunda y de una espiritualidad fraguada en el horno de la humillación y la duda. Con una fe ciega en el valor redentor de la Cruz, nada ni nadie hizo retroceder a Comboni ante el clamor del pueblo africano.

Día de Hispanoamérica 2021: «Con María, unidos en la tribulación»

El próximo 7 de marzo se celebra el Día de Hispanoamérica. Este año bajo el lema » Con María, unidos en la Tribulación». El objetivo de esta jornada constituye una acción de gracias por los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se encuentran en el continente americano.
Actualmente, hay 178 sacerdotes de la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) en América Latina. A ellos se les recuerda en esta jornada; además se invitar a colaborar a través de la oración y la ayuda económica. Gracias a estas ayudas el año pasado se recaudaron 55.594, 20 euros.
«PASIÓN CON ÁFRICA». Via Crucis Misionero
Compartimos con todos vosotros este Viacrucis misionero preparado por Monseñor Jesús Ruiz, mccj. Obispo Auxiliar de Bangassou (Republica Centroafricana) que nos ayudará a rezar esta Cuaresma con África y desde África.
África subsahariana vive su particular Viacrucis donde el Señor Jesús continúa a sufrir su pasión en la carne de tantos africanos…
Nigeria, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Camerún, Mozambique, RDCongo, Centroáfrica…, vivimos realidades comunes como la alta mortandad infantil y el bajo índice de vida…; las continuas pandemias como el sarampión, el SIDA, la tuberculosis o el paludismo…; los conflictos bélicos orquestados desde la ambición de potencias extranjeras…; el bajo índice de desarrollo provocando pobreza y miseria, fruto de un sistema económico injusto que no hace sino endeudar cada vez más al continente africano…; la corrupción de gobiernos locales, muchas veces incapaces de mirar a su pueblo…; los fundamentalismos de toda índole…; la crisis ecológica y los desastres medio ambientales…; las prácticas ancestrales como la brujería, la escisión de las mujeres…
Es desde estas realidades comunes, que me acerco a la pasión de nuestro Salvador Jesús viendo en Centroáfrica la actualización de su pasión y muerte… “Nadie me qui-ta la vida, soy yo quien la entrego libremente”.
Pasión sí, pero una pasión preñada de Vida. Lo que más sorprende de África son los raudales de vida que corren por doquier en situaciones de muerte, y destrucción tan inéditas… Sí, África es vida…; África está llamada a renacer, África lleva en sus raí-ces los gérmenes de inmortalidad, pues el Señor Jesús, “la amó y se entregó… para que tengan vida y una vida en abundancia”…; África vive y sufre… África vivirá.
Desde mi realidad de europeo -viviendo ya 33 años en África-, comparto esta humilde contribución en signo de agradecimiento a esta África que me ha dado tanto y que me abre cada día al don de la vida en Dios.
P. Jesús Ruiz Molina, MCCJ
Obispo auxiliar de Bangassou
(República de Centroáfrica)
Domingo 2º de Cuaresma (B). 28 de febrero de 2021
Marcos 9,2-10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
NUEVA IDENTIDAD CRISTIANA
Para ser cristiano, lo más decisivo no es qué cosas cree una persona, sino qué relación vive con Jesús. Las creencias, por lo general, no cambian nuestra vida. Uno puede creer que existe Dios, que Jesús ha resucitado y muchas cosas más, pero no ser un buen cristiano. Es la adhesión a Jesús y el contacto con él lo que nos puede transformar.
En los evangelios se puede leer una escena que, tradicionalmente, se ha venido en llamar la «transfiguración» de Jesús. Ya no es posible reconstruir la experiencia histórica que dio origen al relato. Solo sabemos que era un texto muy querido entre los primeros cristianos, pues, entre otras cosas, los animaba a creer solo en Jesús.
La escena se sitúa en una «montaña alta». Jesús está acompañado de dos personajes legendarios en la historia judía: Moisés, representante de la Ley, y Elías, el profeta más querido en Galilea. Solo Jesús aparece con el rostro transfigurado. Desde el interior de una nube se escucha una voz: «Este es mi hijo querido. Escuchadlo a él».
Lo importante no es creer en Moisés ni en Elías, sino escuchar a Jesús y oír su voz, la del Hijo amado. Lo más decisivo no es creer en la tradición ni en las instituciones, sino centrar nuestra vida en Jesús. Vivir una relación consciente y cada vez más comprometida con Jesucristo. Solo entonces se puede escuchar su voz en medio de la vida, en la tradición cristiana y en la Iglesia.
Solo esta comunión creciente con Jesús va transformando nuestra identidad y nuestros criterios, va curando nuestra manera de ver la vida, nos va liberando de esclavitudes, va haciendo crecer nuestra responsabilidad evangélica.
Desde Jesús podemos vivir de manera diferente. Ya las personas no son simplemente atractivas o desagradables, interesantes o sin interés. Los problemas no son asunto de cada cual. El mundo no es un campo de batalla donde cada uno se defiende como puede. Nos empieza a doler el sufrimiento de los más indefensos. Nos atrevemos a trabajar por un mundo un poco más humano. Nos podemos parecer más a Jesús.
José Antonio Pagola


