Misión en Etiopía:GILGEL-BELES

Muy querida familia (para todos los que así nos consideramos).
Resulta providencial que, precisamente cuando nuestro gran Papa Francisco quiere hacer presente más que nunca nuestro ser misioneros como parte fundamental de nuestro ser cristianos, a través del Mes Misionero Extraordinario, yo me encuentre en Etiopía, poniendo todo lo que soy al servicio de este proyecto. Y que el día que comienzo este blog para abriros el corazón desde estas tierras, sea el primer día de este mes tan especial. ¿Casualidad, o Diosalidad?
Precisamente por eso, hoy quería compartir con vosotros esta reflexión, que llevo tiempo orando, pensando y escribiendo…
 Desde la cuna prácticamente he creído en la necesidad de ser testigos del Evangelio en aquellos lugares donde la presencia parece estar difuminada por muchas injusticias, ya sea en el barrio de al lado, ya sea cruzando el océano. Sin embargo, la progresiva experiencia personal en distintos lugares me ha llevado a estar convencido de ello desde lo más profundo de mi ser.
Estamos caminando hacia una sociedad que parece tenerlo todo por sí sola, en la que el motor es el interés personal y la apetencia de cada momento, sin mirar las consecuencias personales y sociales más allá de cada día. Puesto que el compromiso de cada uno es con cada uno, el otro me sobra, o incluso es un obstáculo para alcanzar mis metas personales. No parece que queramos a propósito olvidar al prójimo; simplemente, no pensamos en él, vivimos ajenos a lo que nos rodea, y no sólo lo más lejano, sino también lo que nos podemos encontrar en nuestra propia calle.
En este proceso de deshumanización, el Dios que Jesucristo nos presentó con sus palabras y obras, hasta la última consecuencia, el Dios del amor, la fraternidad, el perdón y la misericordia, parece ser para algunos (o para muchos) realmente el mayor obstáculo. Esto es así porque la experiencia personal de Dios nos toca profundamente, no nos deja nunca indiferentes, y, sobre todo, nos lleva a comprometernos con los demás; y cuanto más crece esa experiencia, mayor compromiso necesito tener (porque nace de los más profundo de lo que cada uno somos, y por tanto, llega a ser una necesidad, pero no una necesidad que nos agobia, sino una necesidad que nos empuja con mucha alegría y positivismo a poner nuestro día a día al servicio de los hermanos y de las hermanas).
Este compromiso en el mundo nos haría vivir en él como casa común: sin embargo, en muchas ocasiones parece que prefiera verse como lugar de explotación privada y de enriquecimiento personal. Es este sistema alienante de la esencia de humanidad, el egoísmo nos convierte en herramientas a su servicio, por lo que éste necesita que aparquemos el compromiso por los demás, y por ende, que nos alejemos de la propia experiencia de Dios.
Este prescindir de Dios acaba vaciándonos por dentro, y vaciando de significado la palabra fraternidad. Fruto de todo ello, surge un mundo fragmentado, con mucho sufrimiento, y cada vez más exclusión. La vida sencilla y humilde se va transformando en pobreza material, marginación y falta total de oportunidades. Por supuesto, son los más débiles los que sufren con mayor crudeza estas consecuencias. De esta manera, he podido ver cómo crece a diario el número de niños y niñas que no tienen más recurso que vivir en las sucias y muy peligrosas calles, a merced de todo tipo de explotación; ancianos y enfermos viviendo de la mendicidad (de un modo tal que en nuestros países no se desearía ni a los animales), olvidados realmente por una sociedad que, bajo la excusa de no tener recursos para acogerlos, esconde la realidad de que son un estorbo para la producción y la mal llamada “creación de riqueza”. Millones de personas condenadas a sufrir permanentemente, generación tras generación, el ciclo de la más absoluta pobreza, por no poder formar parte del sistema imperante, y por tanto, estar totalmente excluidas de las oportunidades a las que supuestamente todos tenemos acceso.
Por esa razón, más que nunca es vital buscar incesantemente al Dios que nos hace recuperar la confianza en nosotros y en la humanidad (como Jesús nos enseñó a orar en el Padre Nuestro, buscando a diario que “venga a nosotros su Reino”, pero no como una promesa de futuro, sino como un propósito de cada día). Ese Dios que nunca se ha ido, y que de hecho, ha estado sufriendo al lado de sus hijos; pero al que nosotros le hemos dado la espalda, o, incluso, lo hemos querido sustituir por otros valores que no han traído más que sufrimiento a toda la humanidad, en uno o en otro sentido. Porque el reconocerse Hijos e Hijas de Dios (y por ende, completamente amados) restaura la dignidad arrebatada, cura las heridas que las diferentes situaciones van haciendo en nuestro interior, y le quita la razón a la desesperanza, al egoísmo, al materialismo y a los enfrentamientos de cualquier tipo. De esta manera, las relaciones se vuelven más fraternales, y comienza a nacer un compromiso con las situaciones que nos rodean, fruto de dejar de reconocernos rivales o instrumentos al servicio de diversos intereses, para sabernos Hermanos y Hermanas.
Es esa alegría del Evangelio, de sentirnos plenamente Hijos de Dios y Hermanos de todos, la que los misioneros pretenden llevar por todo el mundo. Bien sea para provocar cambios que ayuden a paliar las injusticias, caminando hombro con hombro con las personas de los lugares a donde van; bien para atender urgencias que reclaman una mayor sensibilidad por parte de todos; bien para reconstruir vidas truncadas por diversas injusticias, o bien para evitar que vidas que están en severo riesgo acaben truncándose. Pero, sobre todo, para aprender a vivir en comunidad, donde todos seamos responsables y cuidadores de todos.
 Jesucristo caminaba por los pueblos y ciudades de su época anunciando la BUENA NUEVA de que Dios nos ama de manera perfecta, y por tanto, nuestro ser Hijos e Hijas de Dios tiene que llevarnos a imitar su ejemplo. Pero no de una manera cómoda y relajada, sino con un compromiso verdadero de vida. Porque siguiendo ese ejemplo, construiremos paso a paso el Reino de Dios y estaremos acercándonos a la alegría del Evangelio, la plenitud personal y social.
Por tanto, estés donde estés, y sea cual sea tu situación, Jesús te invita a diario a buscar a Dios en lo más profundo de tu ser, a saberte amado; y desde ahí, a comprometerte con tus Hermanos, empezando por tu prójimo (aquellos que te rodean en tus círculos diarios).
Los misioneros recibieron (y reciben cada día) una llamada para llevar esa Buena Nueva y trabajar por el Reino de Dios a los lugares donde más falta hace, algunos muy lejanos. Seguro que tú, desde la cercanía, también conoces muchas circunstancias que precisan de esa alegría y acompañamiento.
Yo te animo a que seas también misionero: si tu vocación es a salir de tu tierra, hazlo sin miedo; si tu vocación está en tu tierra, ponla también en práctica. Dios nos llama a todos a diario a construir, aquí y allí, cerca y lejos, en lo grande y en lo pequeño.
El Papa Francisco nos anima de manera muy especial este mes de octubre, el Mes Misionero Extraordinario, a pararnos, a detener el incesante ritmo de nuestras agitadas vidas, y en profunda y sincera oración, buscarnos. Sí, buscarnos; porque al acercarnos a nuestro verdadero ser, porque al poner lo que somos con humildad ante Dios, nos encontramos a nosotros y lo encontramos a Él, recibiéndonos con los brazos abiertos, como el Padre Bueno al Hijo Pródigo.
Es en este contexto, sintiendo el caluroso abrazo de Padre y de Madre, podemos revisar nuestra vida, y preguntarnos si estamos siendo testigos de la alegría del Evangelio, y si estamos poniéndolo en práctica, desde las pequeñas decisiones a las decisiones más trascendentales.
El Papa nos invita a revisar sinceramente si estamos abriendo el corazón al Prójimo, si somos Misión donde cada uno estamos, y misioneros de su ejemplo.
Además, y de manera más especial, nos anima a reflexionar sobre nuestra vocación. La vocación entendida como esa llamada que Dios nos hace a la felicidad, y, por tanto, a llevar a cabo eso que Él ha puesto en nuestros corazones, y que cada uno de nosotros conoce mejor que nadie. Vocaciones hay múltiples; todas requieren valentía para seguirlas y perseverar en ellas: vocación profesional, vocación sacerdotal, vocación laical, vocación matrimonial y familiar, etc. Y, entre ellas, la vocación misionera.
La vocación misionera, en el sentido más estricto, puede venir acompañada por otras llamadas especiales o vocaciones (vocación sacerdotal, vocación religiosa, vocación laical, vocación de familia, vocación a una profesión concreta, etc.). Pero todas ellas pueden estar al servicio de dicha vocación misionera.
Tengamos siempre una actitud de oración y reflexión sincera, humilde, muy cercana y constante para discernir aquello que nos hace plenamente felices. Y este mes, de manera muy especial, nuestra vocación misionera. ¿A qué te sientes llamado?
Dios nos llama a ser luz, especialmente donde las sombras están ganando terreno; a ser sal, donde la vida y el amor no se conserva; y a ser esperanza, allí donde las distintas situaciones la anulan.
Os deseo que este mes os acerque más a tantas misioneras y tantos misioneros que en el mundo han dejado sus casas, a sus familias y amigos, sus seguridades temporales, para aventurarse de la mano del Dios de la confianza a lugares insospechados. Ellos y ellas se levantan cada día procurando ser reflejo del Amor de Dios, principalmente donde Dios sufre con sus Hijos e Hijas. Que nunca dejemos de tenerlos presentes, de incluirlos en nuestras oraciones, y de hacernos sensibles (con la sensibilidad no del que da limosna, sino del que comparte con el Hermano) a las necesidades del mundo.
Feliz y dichoso Mes Misionero Extraordinario.
DAVID AGUILERA PÉREZ,
Laico Misionero Comboniano en Gumuz, Etiopía.

1ª Semana Mes Misionero Extraordinario: La Oración

Compartimos el vídeo correspondiente  a la 1ª semana del Mes Misionero Extraordinario dedicada a la ORACIÓN como centro de nuestra vida.

El encuentro con Jesús es lo que nos impulsa a los cristianos a salir al encuentro con el otro. Es en esta oración personal y comunitaria donde el misionero/a se siente interpelado por las distintas realidades del mundo.

 

Cuaderno de Oraciones para el Mes Misionero Extraordinario

Mañana da comienzo el mes de octubre y con ello las actividades propuestas para la celebración del Mes Misionero Extraordinario.

Es un mes dedicado a alimentar la actividad evangelizadora de la Iglesia, despertar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio por parte de todos los bautizados.

Porque… SOMOS BAUTIZADOS Y ENVIADOS. Somos la Iglesia de Cristo en misión en el mundo.

A lo largo de las próximas semanas iremos compartiendo algunos materiales que nos van llegando y que sin duda nos ayudarán a vivir con intensidad este mes misionero.

Empezamos compartiendo un cuaderno de oraciones que nos llega de la Delegación de Misiones de Canarias donde trabajan dos LMC. En él aparecen una oración diaria, para que todos juntos, como familia misionera recemos por todos los misioneros del mundo.

#OREMOSXMISIONEROS

libro oraciones MME

Formación para el Mes Misionero extraordinario

A las puertas del mes misionero extraordinario  que comenzará el próximo martes,  ofrecemos este pequeño tema de formación que podrá ser usado en grupos de jóvenes y adultos, en clases de religión, grupos de confirmación, formación de comunidades e incluso a modo de reflexión personal (aunque siempre mejor en comunidad).

Para ello partiremos de la carta de convocatoria del Papa Francisco, de la propia carta Maximun Illud que escribió el Papa Benedicto XV y cuya celebración del centenario ocasiona la convocatoria de este mes misionero extraordinario y nos dejaremos también acompañar por los escritos y la vida de un misionero como fue San Daniel Comboni; su vida junto a la de otros misioneros inspiraría esta carta y esperemos que también nos ayude a inspirarnos a cada uno de nosotros y de nuestras comunidades a ser misioneros y misioneras hoy.

Formación Mes Misionero Extraordinario 2019

ENCUENTRO LAICADO MISIONERO EN ZARAGOZA

Este año, todo el inicio de curso misionero,  se revoluciona y se llena de Buena Nueva con motivo de la proclamación por parte del Papa Francisco del mes de Octubre como Mes Extraordinario Misionero.

Con este motivo, la Diócesis de Aragón, a través de sus delegaciones de misiones, han realizado la XXX Jornada de Reflexión y Animación Misionera, con el título Bautizados y Enviados: Misioneros Laicos.

Y para llevarla a cabo, nos invitaron a los laicos y laicas combonianos a estar presentes en ella y de modo especial en la Mesa Redonda “Tú eres una Misión en el Mundo”.

Y por este motivo, yo me cogí el tren y me fui para Zaragoza a compartir esta preciosa jornada.

Allí pasé el día, rodeada de misioneros y misioneras aragoneses.

Yo he de compartiros que además estaba muy a gusto y feliz porque entre las participantes….enseguida detecté que estaban las hermanas combonianas que viven en Zaragoza. Y como podéis imaginar me trataron de maravilla. Éramos ejemplo de familia misionera, “las combonianas”, una laica y las hermanas. Y nos veían juntas y nos preguntaban y se sorprendían porque nos conocíamos.

Entre el laicado misionero, me sentí en familia. Y coincidió que éramos todas mujeres. Estábamos junto a laicas de Ocasha y misioneras de Ekumene y de MISEVI. Además estuvo contando su experiencia Teresa López, laica salesiana, que ha estado doce años en Etiopía. Fue como voluntaria para un año y…”me sedujiste Señor y me dejé seducir”. Qué os voy a contar que no sepáis de esta seducción misionera. Por cierto, claro que sí, se ofrece para cualquier duda que tengamos sobre Etiopía o por si tú, David,  quieres contactar con ella. Para quien no lo sepa, David, es LMC que está de misión de Etiopía.

Como laicas misioneras expusimos los carismas de nuestros grupos, la misión ad gentes y la misión “aquí” que realizamos, las dificultades y retos misioneros que vivimos. ¡Qué riqueza y diversidad nos ha regalado el Espíritu Santo!. Sentir una misión en salida, ir a las periferias, el reto de las personas migrantes, la dificultad para mantener nuestras propias organizaciones compaginándolo con nuestro estar en el mundo, la fragilidad de los proyectos personales, familiares, laborales encuadrados en un proyecto misionero laical, la dureza del retorno, los duelos, etc.. Y coincidimos que o trabajamos todas y todos juntos, religiosas, religiosos, sacerdotes, laicado, o no podremos dar respuestas a los retos actuales.

Me pareció interesantísima la ponencia  del Padre Juan Esteban Montoya Otalvaro, doctor en Misionología. Recordando los fundamentos del laicado para la Misión, en la etapa preconciliar y postconciliar. Y cuales han de ser fundamento y condiciones  de cualquier laicado en la iglesia. Especialmente me gustó lo referente a los nuevos paradigmas de Misión. Está a punto de publicar un libro de este tema. Lo último en este campo, la misión “trans”. Ahí lo dejo.

Y como cierre, un regalazo. José Luis Lázaro, misionero del IEME en Zimbabwe. Y su padre.

“Yo soy “el padre de José Luis” aquí en España. Cuando llegamos a Zimbabwe para verle, lo primero que nos dijo fue “voy a presentaros a mi familia”. Y nos llevó a ver a sus padres de allí, a quienes le acogieron y le enseñaron la lengua local y le enseñaron a caminar por allí. En aquel poblado, los hombres que son muy amigos, muy amigos, van de la mano. Y mi hijo va de la mano de ellos. Me decían “ahora nosotros somos sus padres”.

José Luis insistió en que una Iglesia y unos cristianos y cristianas que no “estamos en salida”, y que sólo vamos de bautizados, no nos podemos denominar de Cristo. El Mes Misionero Extraordinario, nos lo regala el papa Francisco a toda la Iglesia, no sólo a las Delegaciones de Misiones. A toda la Iglesia, que o es misionera o no es iglesia.

Hasta aquí os cuento. Adelante con la celebración de la “Maximum Illud”.

Una vez más constato que Comboni…es actualidad pura. Y doy gracias a Dios por este carisma que me sigue interpelando para salir de mi casa, de mis seguridades y mirar a quienes sobreviven en la invisibilidad. Bautizada y enviada.

Gracias.

Isabel Herrero. LMC