ECOS DE LA PASCUA

 DSC03234Nuestra vida está plagada de momentos. Unos los consideramos más importantes y otros no. Aunque puede que todos sean necesarios. Tal vez esos de los que no nos damos cuenta de que existen en nuestra vida, sean de los más importantes. Solo que los hacemos mecánicamente, sin darnos cuenta. Nuestro corazón palpita desde mucho antes de nacer. Es mecánico. Nunca lo oímos, pero si en algún momento deja de hacerlo, ah! Entonces si que tendríamos problemas… En un segundo, en un momento. Otros momentos muy importantes -para nuestra consciencia- son todas las celebraciones puntuales a lo largo de nuestra vida como protagonistas o invitados. Y otros que pueden ser importantes o no: los momentos de celebrar nuestra fe.

Todos los años -desde que tengo memoria- celebramos la Pascua. Varios días que antaño eran de tristeza, o, al menos, se aparentaba. Un poco de miedo cuanto más chico eras, por los nazarenos y las imágenes que veíamos pasar, sangrantes los Cristos o dolientes las vírgenes. Y si reías o cantabas ese Cristo sufría más por tu culpa. O por tus pecados. Los niños nos acongojaba pensar que nuestros terribles pecados habían llevado a «ese hombre» a tan terrible muerte… ¡Con siete años!

 Y el tren de la vida ha seguido recorriendo su camino. Y en cada estación se ha ido bajando y subiendo gente. Y muchos de los que aun continuamos el viaje seguimos celebrando la Pascua cada año. Gracias a nuestro Padre-Abba ya no es triste ni nos da miedo. Al contrario. A algunos pocos nos ha concedido la Gracia de celebrar a lo grande el misterio de nuestra salvación. Celebrar el triduo más impresionante que una persona pueda encontrar en su vida. Cada año. En Collado Mediano nos encontramos todas las primaveras una pequeña familia, un pequeño cenáculo. Con ese Jesús Hermano sufriente al centro de nuestras vidas. Pero sin mantos ni potencias doradas, sin pasos, profusión de flores o cirios. Nos encontramos con Cristo en el hermano, el que tenemos al lado y, sobre todo, el que sufre en nuestro hoy: los refugiados que mueren de frío a la intemperie bajo la lluvia en Grecia y Turquía. Los inmigrantes que pasaron su vía crucis entre África y Europa, vía que para miles terminó en las aguas de los muchos mares que nos separan, por no tener un travesaño de Cruz a la que agarrarse. Cristo que mal vive y mal muere en el continente más rico del mundo; continente que hemos vendido por treinta monedas de plata, por barriles de petróleo, por minas de coltán donde trabajan niños, por piedras brillantes que adornen manos de personas que, tal vez y solo tal vez, van a misa. Cristo -Nuestro Señor- que camina descalzo en Sudamérica, doblado bajo el peso de otras maderas que calienten su frío y su soledad. Cristo. Este es el Cristo de nuestra Pascua, de nuestra vida. Siempre Resucitado. Inyectando Vida, con mayúsculas, a unos pobres laicos misioneros Combonianos que seguimos creyendo en la utopía del Evangelio porque la realidad de nuestro mundo es ya increíble. Que seguimos celebrando, cada año, la Buena Noticia de la vida a la que nos invita la misma Vida. Que reconocemos nuestros pecados, ahora sí que son pecados, nuestra debilidad. Y el Viernes Santo noche no procesionamos, nos tiramos al suelo, al «humus», mostrándome humilde, débil, para acompañar de la misma forma a nuestros Cristos sangrantes, a sus Madres dolorosas y doloridas como otro Cristo más sufriente aún por el solo hecho de ser mujer. Tirados por los suelos «como esclavos a los pies de sus señores». Pero ricos, muy ricos, por el tesoro de mi hermana que comparte conmigo su experiencia de Vida. Por mi hermano que me remueve el alma con su experiencia de injusta muerte. Riquísimos porque Cristo está en medio de nuestra pequeña familia, con nuestros niños dormidos sobre las alfombras y cojines, como fue en aquel cenáculo hace tantos siglos.

12439092_10153628153534702_1449991055822212245_n Mucho más ricos nos sentimos el sábado Santo. «No tengáis miedo, soy Yo». Yo Resucitado. Y para que creáis no miréis mis manos traspasadas, o miréis mi costado ni mis pies. Mirad mi frio de patera, mi llanto de niño en descampados de refugiados, mi angustia de inmigrante bajo un puente de la M-30, mi soledad de anciano olvidado. Mi dolor y mi llanto en todo el mundo. Yo os envío a curar mis heridas. Mis manos, costado y pies. Os envío a Mozambique, Os envío a Uganda y a Etiopía. A Madrid, a la Mancha y Castilla, Andalucía y Extremadura. No tengáis miedo. Yo he resucitado pero sigo sufriendo en esos lugares y en todo el mundo. Vosotros sois la cura a tanto sufrimiento. No llevéis alforja, ni ningún equipaje. Cargad con la escucha, la compañía, la sonrisa y el abrazo. Estad alegres, estad alegres porque si Yo estoy Vivo, vosotros sois enviados a dar mi Vida.

  No tengáis miedo. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo

 ¡Que paso! ¡Que Pascua! Gracias Señor por tanta Gracia.

Juan Eugenio de las Heras. LMC

PASCUA COMBOJOVEN: ABRIENDO PUERTAS A LA VIDA

Durante los días 23 al 27 de marzo se ha celebrado en la casa de los Misioneros Combonianos de Granada una nueva Pascua Combo-Joven bajo el lema “Abriendo puertas a la vida”.

18 participantes provenientes de Madrid, Granada, Sevilla y Navarra y animados por un misionero comboniano, una misionera comboniana y un Laico Misionero Comboniano, han reflexionado y celebrado la Pascua acompañando a la comunidad  parroquial de Casería de Montijo.

La experiencia ha sido muy enriquecedora para todos. Todos los momentos compartidos como las oraciones, las catequesis, las celebraciones y los ratos de convivencia, han sido para los jóvenes ocasiones de encuentro con la realidad y la persona de Jesús.

En estos días todos hemos sentido la presencia del Dios de Jesús y nos ha servido para renovar nuestro compromiso de fe y de misión con los más necesitados de este mundo.

 Llenos de la misericordia y de la alegría pascual salimos de este encuentro con el deseo de transmitirla y repartirla.

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2º Domingo de Pascua. 03-04-2016

Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»Pero él les contesto: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»Contestó Tomás: «¡ Señor mío y Dios mío!»Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE

La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

Tal vez necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Esta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.

José Antonio Pagola

 

La vida es una historia de caminos que cada uno recorre a un ritmo y de una manera personal. También nuestra experiencia de fe está llena de preguntas, dudas…y reacciones particulares.

PASCUA LMC 2016

En torno al lema: «Enviados a sanar un mundo herido desde la Misericordia» el grupo de LMC de España nos reunimos en Madrid para celebrar la Pascua.

Han sido  días  intensos donde hemos compartido oraciones, reflexiones, risas, ilusiones…. y donde sobre todo hemos «hecho familia» y Comunidad.

 

RESURRECCIÓN, PASIÓN POR LA VIDA

Cuando uno es movido por la fuerza de la Resurrección de Jesús, comienza a amar la vida de una manera diferente y comienza a entender a Dios de una manera nueva, como un Dios «apasionado por la vida» de las personas y los pueblos.

Tal vez nunca la humanidad, amenazada de muerte desde tantos frentes y por tantos peligros que ella misma ha desencadenado, haya necesitado tanto como hoy de hombres y mujeres comprometidos incondicionalmente y de manera radical en la defensa de la vida. Necesitamos orientar decididamente nuestras energías hacia la vida, animados por la fe en el Resucitado, superando cobardías, perezas, desgastes y cansancios que nos pueden encerrar en una muerte anticipada.

La «pasión por la vida» propia de las personas que creen en la Resurrección, debe impulsarnos a hacernos presentes allí donde «se produce muerte», para luchar con todas nuestras fuerzas frente a cualquier ataque a la vida.

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El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN