Con gran alegría celebramos ayer la jornada del Emigrante y Refugiado en la Parroquia de Nuestra Sra. De las Mercedes de Granada.
Nos reunimos en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía para rezar por todos nuestros hermanos/as que se ven obligados a dejar sus países de origen y migrar hacia otros países y culturas y también para dar gracias a Dios por todas las personas que con su esfuerzo y trabajo diario hacen de nuestro mundo una casa acogedora para todos y todas.
Fue una jornada festiva en la que también pudimos disfrutar de los cantos y danzas africanas.
Gracias a todos/as por participar y hacer posible este día de encuentro.
Doscientos millones de personas. Un hipotético «quinto país del mundo» en número de habitantes, que sin embargo viven sin tierra, huyendo, sin futuro. Son los migrantes. 60 millones de ellos son refugiados, que escapan de la guerra, de la muerte y del odio ante el ominoso silencio de Occidente. No se trata de una emergencia puntual, sino de una necesidad de actuar. Esto es lo que intenta la Compañía de Jesús, que esta mañana lanzóHospitalidad.es, una campaña global que intenta promover, de una manera integral, unacultura de acogida, sensibilización, cooperación e incidencia.
La campaña «quiere traer la voz de los refugiados que ya viven con nosotros», porque «estamos viviendo una de las mayores crisis de migración de la Humanidad«.
Ceuta y Melilla son el principal punto de entrada de España. Al país, lamentablemente, de las 19.000 «plazas» comprometidas sólo han llegado 18 personas, «algo que da mucho que pensar». Para los responsables de esta campaña, es preciso «afrontar la globalidad de la indiferencia, que ha alcanzado unas dimensiones mundiales«.
La Compañía de Jesús ha decidido actuar con la hospitalidad, con una respuesta generosa en integral, que no deje fuera a nadie. Con cuatro líneas: acogida, cooperación, sensibilización e incidencia.
Daniel Villanueva SJ, Director de la Fundación Entreculturas, subrayó cómo » la respuesta pasa necesariamente por acompañar, es irrenunciable». «Necesitamos trabajar en este asunto de manera transnacional, vinculando origen, tránsito y destino. No podemos olvidarnos de los que no han podido escapar de los conflictos», subrayó Villanueva, quien animó a «visualizar las causas de este éxodo, derribar estereotipos ante una población que se ha visto forzada a dejar sus países».
El próximo 17 de enero se celebra la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema, “Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la Misericordia“.
En este día queremos recordar que el mundo está viviendo la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Conflictos enquistados en Siria, Afganistán o el Cuerno de África están produciendo la huida continua de población civil que busca salvar su vida y tener un futuro, sin olvidar que el Mediterráneo se ha convertido en la frontera más desigual y mortífera del mundo.
Una realidad que nos interpela y a la que no podemos dar la espalda.
Liberia queda libre de ébola y la OMS da por terminado el fin del peor brote de la historia del Ébola.
Desde diciembre de 2013, la epidemia afectó a más de 28.000 personas y se llevó la vida de otras 11.315. El virus deja un reguero de lecciones aprendidas. Casi dos años después de que la OMS diera la voz de alarma, anuncia el fin del brote en Liberia (se declaró el 7 de noviembre del pasado año en Sierra Leona y el 29 de diciembre en Guinea Conakri). Esto significa que han transcurrido 42 días sin que se haya detectado ningún caso nuevo.»
Ahora llega lo que se llama la etapa post ébola: países con sistemas de salud totalmente colapsados, por no mencionar la parte económica y social, estigma de los supervivientes, secuelas medicas, psicologicas… queda mucho por hacer. Sobre todo, no bajar los brazos en la investigación y el desarrollo
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino». Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
LENGUAJE DE GESTOS
El evangelista Juan no dice que Jesús hizo «milagros» o «prodigios». Él los llama «signos» porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.
Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa «transformación del agua en vino» se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.
Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanascuando estas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.
El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es «sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.
No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.
A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.
¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una «religión aguada» y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.