Segundo encuentro continental africano de los LMC en Kinshasa

Los coordinadores de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) de las provincias Combonianas de África, y los misioneros Combonianos acompañantes, celebraron su segunda reunión africana del 21 al 26 de julio en la casa comboniana de Kimwenza (Kinshasa), República Democrática del Congo (RDC). Fue un encuentro de reflexión sobre el pasado y la planificación de las actividades futuras del LMC en el continente africano.

La segunda reunión del LMC africano contó con la participación de 25 personas: 18 laicos, 5 Misioneros Combonianos y 2 misioneras combonianas, incluidos los representantes del Comité Central del LMC, Alberto de la Portilla y P. Arlindo Ferreira Pinto.

La primera mañana se dedicó a dos temas, con el objetivo de introducir a los participantes en los trabajos de la asamblea, un tema sobre la realidad actual del Congo y el otro sobre la visión de la misión en la «Evangelii Gaudium».

Comenzó la asamblea con la presentación de los participantes, sesión orientada por los miembros laicos del Comité Africano del LMC: Dieudonné Likambo (Dido), congoleño, Innocent Mweteise Karabareme, ugandés y Márcia Costa, portuguesa que trabaja actualmente en Mozambique. De este mismo comité también forman parte del Provincial de Mozambique P. José Luis Rodríguez López, y el P. Joseph Mumbere Musanga, Congo. El P. José Luis se encuentra en México y el P. Joseph participó en los últimos días de la reunión por motivo de sus otras ocupaciones y problemas de transporte.

A continuación se repartieron las diferentes tareas para toda la semana. Márcia Costa aprovechó el momento para recordar los principales objetivos de la reunión, principalmente los temas de identidad, formación y autonomía económica, revisar y programar las actividades del LMC en el continente africano y en cada una de las provincias, teniendo en cuenta la conclusiones de las reuniones intercontinentales del LMC, en particular la última asamblea de Maia (Portugal), en diciembre de 2012, y la primera reunión africana en diciembre de 2011 en Layibi (Uganda).

 Las palabras de bienvenida a todos los participantes de la reunión fueron ofrecidas por el mensaje del P. Joseph Mumbere Musanga (leído por P. Enrique Bayo), y por la hermana Espérance Bamiriyo Togyayo respectivamente superior provincial de los Combonianos y Combonianas en Congo. Ambos destacaron el valor de la colaboración entre los institutos nacidos en el mismo carisma de Comboni y la importancia de la oración y el testimonio misionero comboniano como familia.

El P. Arlindo Pinto, coordinador del LMC a nivel del Instituto comboniano, informó que el P. Enrique Sánchez, Superior General y el P. Antonio Villarino, asistente general, enviaban saludos a todos los participantes de esta reunión y siguen con atención las diferentes realidades del LMC en el continente africano. Por su parte, Alberto de la Portilla, miembro y coordinador del Comité Central del LMC, dijo que esta reunión es un evento que interesa no sólo a los LMC africanos, sino también al resto del LMC de los continentes europeos y americanos que viven en contextos y realidades diferentes, pero con un fuerte sentido de pertenencia al LMC.

El P. Jean Claude Kobo Badianga, comboniano congoleño, hizo una breve presentación sobre la historia de la República Democrática del Congo (RDC) para la mejor comprensión de la situación socio-política y económica actual del país. Relacionó la historia de la República Democrática del Congo con la historia y los conflictos recientes y del pasado con los países vecinos (Angola, Congo-Brazzaville, Ruanda, Burundi, Uganda, Sudán del Sur y la República Centroafricana). Habló de las principales dificultades que impiden un gobierno estable y verdaderamente democrático en la República Democrática del Congo, como por ejemplo, el tribalismo, el regionalismo y la corrupción.

Se refirió a los diversos grupos rebeldes armados que operan principalmente en el norte y noreste del país, con la complicidad política nacional junto con los intereses internacionales relacionados con los riquísimos recursos naturales del suelo y el subsuelo de los congoleños. Petróleo, oro, coltán y muchos otros recursos minerales preciosos que son la verdadera fuente de las contradicciones sociales, las desigualdades económicas y los conflictos armados en la República Democrática del Congo.

La Iglesia Católica, los cientos de otras iglesias y sectas religiosas toman diferentes posiciones ante la realidad que pasa en el país, la mayoría de los casos para favorecer el «status quo» y, rara vez, para denunciar las injusticias de que son víctimas los congoleses de Norte a Sur. El P. Jean Claude recordó que los LMC tienen en esta realidad social, en la República Democrática del Congo y en otros países africanos, la responsabilidad cristiana y moral que puede y debe estar presente en sus actividades pastorales y profesionales.

El P. Enrique Bayo Mata, comboniano español que trabaja en la República Democrática del Congo, presentó el tema de la misión a partir de la exhortación apostólica post-sinodal del Papa Francisco «Evangelii Gaudium». Después de una presentación general del documento, el P. Enrique subrayó la perspectiva de la nueva evangelización marcada por la alegría del anuncio y el testimonio del Evangelio de Jesucristo en las diversas periferias humanas del mundo moderno. Habló de la conversión pastoral urgente para llevar a la Iglesia a salir de sí misma y volverse misionera, es decir, para ponerse al servicio de las personas y de los pueblos, especialmente de los excluidos, los más necesitados de la alegría de la fe y de la vida cristiana, y de los más alejados de los valores del Evangelio. Hizo referencia a que los laicos, formados profesional e intelectualmente, tienen una misión especial en el proceso pastoral de evangelización que busca transformar la sociedad y la inclusión social de los pobres en la vida activa de sus países.

En la tarde del primer día, Innocent dio una visión general acerca de quiénes son los LMC y lo que esperan de sí mismos, recordando que normalmente se comienza de una pequeña realidad y con pocas cosas, pero crece y madura teniendo una visión clara de la identidad, de lo que somos, y si tenemos un plan de acción concreto y lo que debemos hacer, en un contexto permanente de escucha de la Palabra de Dios, la oración y el discernimiento vocacional en el espíritu de San Daniel Comboni. Una vez terminada la exposición de Innocent siguió un largo intercambio de ideas y experiencias de las distintas realidades del LMC en África.

Márcia Costa presentó, a continuación, un resumen de la primera reunión africana de Layibi, especialmente lo referente a la identidad y la misión del LMC. Realzó que hace parte de la vocación LMC salir fuera de su realidad o país durante un período determinado, para una actividad misionera específica, y que los LMC asumen un compromiso de por vida. Los LMC tienen una formación humana, espiritual y misionera específica y buscan los medios para llegar a ser económicamente autónomos en sus diversas actividades. Después de la presentación, siguió un abundante intercambio en torno a los temas del documento Layibi. Se insistió, una vez más, en la importancia de que los LMC hagan una experiencia de misión fuera de su contexto geográfico.

El segundo día de actividades se dedicó a la presentación de los informes de las actividades del Comité Africano, el Comité Central y de las diferentes provincias africanas: Egipto-Sudán, Sudán del Sur, Togo-Ghana-Benin, República Centroafricana, Congo, Mozambique y Uganda. Dido Likambo presentó el informe del trabajo del Comité Africano desde la reunión de Layibi hasta la preparación de la reunión en curso en Kinshasa, y Alberto presentó los informes del Comité Central y de las provincias que no estuvieron representadas en la reunión, pero tienen LMC en sus países (Chad, Malawi-Zambia y Etiopía).

Uno de los temas más discutidos fue la falta de comunicación entre la Comisión Africana y las diversas provincias de África. Una de las razones dadas para el intercambio limitado de información y experiencia eran las dificultades naturales de las diferentes lenguas que se hablan en cada una de las provincias, y la dificultad de acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación, sobre todo a través de Internet, en la mayoría de los países africanos.

 Con el fin de preparar las conclusiones de la reunión, se utilizó el método de trabajo en grupos seguido de plenarios, durante los días 23 y 24, de forma que se fueron respondiendo las siguientes preguntas: ¿Cuál es la relación entre los grupo LMC locales y los LMC extranjeros que se encuentran en el mismo país? ¿Cuáles son los retos y estrategias a tener en cuenta para hacer un camino común? ¿Cómo podemos compartir los contenidos de formación de varios países para llegar a tener la misma formación básica a nivel continental? ¿Qué nos falta para que podamos vivir la vocación de la LMC según las conclusiones de Layibi? ¿Qué estrategias podemos seguir para vivir plenamente la vocación LMC? ¿Qué estrategias podemos adoptar para alcanzar la independencia económica? ¿Cómo podemos organizar el movimiento LMC a todos los niveles: la formación, la relación entre la LMC de diferentes países de África, la vocación, la organización y la economía?

En la tarde del 24 y la mañana del día 25, los laicos se reunieron para formular las conclusiones de la reunión, mientras que los Misioneros Combonianos y Combonianas aprovecharon esta ocasión para hablar de su colaboración con los LMC y compartir algunas ideas y experiencias acerca de cómo pueden y deben ayudar a consolidar el LMC en todas las provincias Combonianas. Se recordó también el compromiso hecho por los Misioneros Combonianos en el Capítulo General de 2009. En la última tarde de trabajo, se leyeron, discutieron y aprobaron las conclusiones según los temas que se trataron durante la reunión. Esto fue seguido por la elección de la Comisión Africana, habiendo sido reelegidos para los próximos tres años: Dieudonné (Congo), Innocent (Uganda) y Márcia (Mozambique). Por último, se propuso que la próxima reunión debería tener lugar en julio 2017 en Lomé (Togo), fecha y lugar a confirmar por el superior provincial del sector. El sábado, el grupo fue a visitar el Jardín Botánico «Kisantu bas-Congo» y la Catedral Kisantu, a unos 120 km de la ciudad de Kinshasa. La asamblea se concluyó el domingo con un encuentro conjunto con los LMC congoleños de Kinshasa en la comunidad provincial (Kingabwa), teniéndose en seguida la Eucaristía, presidida por el P. Joseph Mumbere, y un almuerzo fraterno.

Despegando a Uganda

Después de un año intenso de formación en Madrid, Polonia e Inglaterra, el pasado 18 de agosto Carmen Aranda, salía con destino a Uganda donde formará parte de una nueva comunidad LMC internacional formada por tres polacas y una española.

El envío misionero de Carmen se celebró a primeros de agosto en la Eucaristía de cierre de la Asamblea anual de los LMC de España. Como familia LMC compartimos la alegría  y emoción de sentirnos enviados con ella.

Mucho ánimo en esta nueva etapa, y ya sabes… cuenta con todo nuestro apoyo y oración.

 

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                                                               ¡PREPARADOS, LISTOS… YA!
IMG-20140802-01064 - copiaHa pasado un año completo, muy completo y ya todo está listo para viajar a África, a encontrarme con mis amigas, con mi Comunidad, con la gente de Gulu, con los misioneros y misioneras combonianos, y a encontrarme con ese Dios que a pesar de acompañarme en el viaje, ya me está esperando allí.
El proceso de formación ha tenido varias etapas, diferentes y completas, en distintas ciudades de Europa, y con experiencias y recuerdos que también llevaré en la maleta.
Empecé en Madrid (en septiembre del 2013) con el curso de Misionología viviendo con Palmira una secular comboniana y los compañeros de Ocasha. En el curso conocí a gente muy diferente entusiasmada con la misión.
Con las distintas materias que estudiamos disfruté de muchos descubrimientos y de una revisión constructiva de mi propia fe, y del bagaje personal que llevaba. Fue un tiempo importante de apertura, algo fundamental para viajar a otro país y otra cultura.
Después, en enero, volé hasta Cracovia donde conocí a la que será mi Comunidad en Gulu: Ewa, Asia y Monika, tres chicas polacas que como yo, habían iniciado un camino de preparación para esta aventura a la que nos sentimos llamadas.
Juntas terminamos en Londres, haciendo un curso intensivo de inglés y empezando a caminar despacito por el que será nuestro proyecto común como laicas misioneras combonianas los próximos años. Hemos puesto en marcha lo que significa ser comunidad y hemos intentado poner también sobre la mesa nuestras expectativas, voluntad, y sueños en lo que juntas tendremos que construir poco a poco en tierras africanas.
Ha sido un tiempo de conocer, entender y amar un poquito más esta vocación que descubrí hace un par de años. Aprender y escuchar de las convivencias con miembros de la familia comboniana, trabajar cosas de mi personalidad y sobre todo estar atenta a lo que estaba pasando a mi alrededor, a lo que Dios me estaba diciendo a través de personas, y de situaciones extraordinarias (como la de estar en constante movimiento por distintos países, con las dificultades que conlleva la lengua y el llegar a sitios nuevos).
Ha habido días de todo, porque en un año tienes tiempo para que la ilusión, la esperanza y esa fe que te tiene atrapada te sorprenda con preguntas, con situaciones que no te habías planteado y con dudas que no se pueden resolver. Interrogantes que se quedan prendidos precisamente en esa confianza grande a la que aspiro, una confianza que se mueve muchas veces en medio de la inseguridad humana y la ausencia de respuestas. Una confianza en Dios y en que mi vida está en sus manos, con todo lo que eso significa.
El año “ha terminado” en la Asamblea que celebramos los laicos combonianos españoles en Collado Mediano (Madrid). Ha sido una semana fantástica de convivencia, de reflexión, de risas y de mucha emoción, muchísima. Me he sentido muy querida y apoyada por todos. Qué bonito cuando percibes con fuerza que Dios te ha llamado por tu nombre, que te ha buscado, que te invita a seguirle…….ha sido la culminación a un tiempo de búsqueda, de inquietud. La misa de envío además de ser muy bonita por todo lo que compartimos y por la presencia de tantos niños, tuvo también la visita sorpresa de mi madre, que quería estar en conmigo en este momento tan importante y especial. Hubo muchas lágrimas de alegría y muchos abrazos de cariño. ¡Gracias a todos!
Tengo ganas de seguir viviendo con intensidad, con la tranquilidad de saber que este es mi camino porque así lo siento en el fondo del corazón, también hay curiosidad y sobre todo mucho agradecimiento a los laicos, esta familia que me ha acompañado durante todo este periodo. Agradecida a los misioneros y misioneras combonianas por abrirnos las puertas de sus casas, por acogernos sin reservas estemos en el país que estemos. También agradezco de corazón a mi familia y amigos por dejarme soñar, por no poner nunca obstáculos en mí camino y por ayudarme tanto a estar bien y sonriente.
Agradecida por supuesto a Dios por mi vida, una vida llena de amor, y con ganas de seguir viviéndola ahora…….un poquito más lejos.
Carmen Aranda Arnao, (lmc española)

Domingo 21 T.O. (A) 24 de agosto de 2014

Mateo 16,13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

4.2.7

¿QUÉ DECIMOS NOSOTROS?

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quienes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿Nos sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?

¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?

J.A.Pagola

Un verano muy misionero…

El verano es un tiempo privilegiado que se nos regala para hacer un alto en nuestro camino. Un tiempo para el descanso, para el encuentro con Dios y con los demás, para disfrutar de esas pequeñas cosas que a veces nos pasan desapercibidas en el ajetreo de nuestra vida cotidiana…y como no, un tiempo para vivir la misión.

Durante estos dos meses se han ido sucediendo una serie de acontecimientos que nos han permitido sentir la misión muy cerca de nosotros y han hecho que nos sintamos unidos como familia LMC: encuentro continental de los LMC africanos, asamblea de los LMC de España, reencuentro con Xoancar antes de regresar a Brasil y con Isabel/Gonzalo tras su vuelta de Perú, envío misionero de Carmen Aranda a Uganda,….

Todo un gran regalo que iremos compartiendo en los próximos días.

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Domingo 18 TO(A). 3 de agosto de 2014

Mateo 14,13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

4.2.7

DADLES VOSOTROS DE COMER

Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.

Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.

La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.

Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.

¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.

El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.

En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?

José Antonio Pagola