MENSAJE DEL PAPA – DOMUND 2016

featured 2
Se va acercando el mes de octubre,  mes dedicado a las misiones.
En los próximas semanas iremos subiendo algunos recursos que nos ayuden para preparar este tiempo con la mirada y el corazón puestos en la misión.
Hoy os dejamos el mensaje del Papa para la jornada del Domund que este año nos invita a a “salir” de nuestra tierra, y de nuestras «fronteras», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana.

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA EL DOMUND 2016

Iglesia misionera, testigo de misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

  1. El Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a “salir”, como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella “tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio” (bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.
  1. La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, Él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jer 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, Él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144,8-9).
  1. La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, “no solo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica” (Juan Pablo II, encíclica Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por Él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.
  1. Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.
  1. En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13,7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida “madre”, también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen.En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que Él nos ha dado: su vida y su amor.
  1. Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva “salida” misionera, como he señalado también en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n. 20).
  1. En este Año Jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieronque fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.
  1. Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Francisco

Vaticano, 15 de mayo de 2016,

Solemnidad de Pentecostés

Presencia Comboniana en la JMJ de Cracovia

 Los misioneros combonian13873031_1059913760764271_6100231482766587638_nos estuvieron presentes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2016 en Cracovia, con miembros de otros institutos religiosos, con este motivo, se organizó una exposición misionera de carácter vocacional para los miles de jóvenes de todos los continentes, que llegaron esa ciudad. El P. Guillermo Aguiñaga, mexicano, que trabaja en Varsovia (Polonia), y el P. Rafael Pérez, español, que trabaja en Valencia (España) han sido los misioneros combonianos que se inscribieron como voluntarios para colaboraren en la JMJ 2016.

Rafael Pérez, secretario de la Evangelización de los combonianos en España nos comparte su experiencia:

“Mi participación en la JMJ  ha sido como voluntario. Toda una experiencia maravillosa para poner en práctica la gran misión del servicio, la disponibilidad y la ayuda. Han sido unos días muy intensos en los que los jóvenes de multitud de países de mundo entero han compartido con el Papa Francisco momentos intensos de oración, de testimonios de entrega generosa al servicio del Evangelio, junto a la alegría de sentirse llamados a ser valientes discípulos de Jesús. La presencia y los mensajes de Papa Francisco, siempre han animado a los jóvenes a renovar su vocación y fortalecerla cuando están comprometidos en la cercanía del necesitado. Así es como los jóvenes se convierten en un futuro de esperanza para el mundo de hoy en el nombre de Jesús. Desde la fe y la respuesta vocacional, muchas necesidades de nuestro mundo están siendo respondidas.’’

Imagen1

También Sergio y Dori, LMC de Chiclana, acompañaron a un grupo de jóvenes de su diócesis de Cádiz y Ceuta a la JMJ de Cracovia . Allí, junto a miles de jóvenes  peregrinos celebraron la fe  y la alegría de ser testigos de la esperanza, seguidores de Jesús y misioneros de su mensaje.

 

 

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Caminar abiertos a lo desconocido

Caminar abiertos, a lo desconocido, con capacidad de aceptar lo que venga. Es un don.

Esta actitud, es la que encontramos en muchos de los peregrinos20160712_110117 que se lanzan a hacer el Camino de Santiago. Podemos preguntarles: ¿por qué, para qué? pero no hay una respuesta común, el camino se hace «solo» y en él es donde muchos encuentran la respuesta.

Después de estar dos semanas, dando un servicio de acogida, no me puedo guardar las sorpresas que encontré día a día cuando se acercaban a la Parroquia de S. Tirso en Palas del Rei (Lugo), para sellar la «compostelana» al final de una etapa, y seguir al día siguiente la marcha  hacia Santiago.

 Según entran en la iglesia, les sonrío y ese pequeño gesto, muchas veces es suficiente para un saludo, una breve conversación y casi sin darnos cuenta iniciar un compartir abriendo el corazón.

Por qué están aquí, qué les movió a seguir, haciendo este esfuerzo soportando sol, lluvia, peso, dolor o cansancio? Y cuentan… Algunos han sido movidos por una promesa, un esfuerzo ofrecido al Padre, una petición o una acción de gracias por una causa concedida. Pero para muchos fue un lanzarse intuitivamente, sin saber, por cortar con una vida que nos «come» que nos «arrastra» o por acompañar a un amigo. Y ahí, sin darse cuenta, en el silencio del paso a paso, en solitario, muchos, encuentran a Dios.

20160712_104441Sí, hay peregrinos que me han dejado huella: aquella señora mayor que caminaba desde, no recuerdo el país extranjero, pidiendo por su nieto de 8 años deficiente mental más otras complicaciones que tenía a su madre agotada; un grupo de chicos, dos de ellos preocupados por encontrar algo para sus vidas por lo que luchar; una viuda desde el mes anterior que hacia el camino programado con su marido para hacerlo juntos; 3 personas haciendo campaña por una Asociación de Los Niños de Cáncer; bomberos voluntarios acompañando a discapacitados; una pareja de jóvenes haciendo su viaje de novios; padres e hijos en familia; minusválidos caminando solos…etc, etc. Mayores o jóvenes, solos o en grupo…desde Polonia, EEUU, Valencia, Cataluña, Australia, Corea, o «desde la puerta de mi casa y sola porque quiero encontrarme con Dios» como me respondió una joven francesa. ¡Admirable! Y es que es así, pues si somos capaces de dejarle a Él hacerse presente en nuestra vida, Él nos habla.

Creo que merece la pena este servicio. Por lo que supone para el caminante encontrar una iglesia abierta y acogedora, que alivie un poco el cansancio o te escuche hablar de Dios sin tapujos, que ofrece el descanso de un banco para orar …Pero también para mí misma pues todo esto me ha ayudado a hacer una reflexión positiva  uniéndome al sentir de los peregrinos sobre lo que es o no es importante, sobre la Iglesia universal y sobre todo a dar gracias a Dios por ¡tanta fe!

Mª Carmen Polanco. LMC

20160712_112738

Familia Comboniana en el Camino de Santiago

Os compartimos una pequeña reflexión en torno a la experiencia comunitaria que como Familia comboniana se está teniendo en el camino de Santiago.  Tanto la acogida a los peregrinos como la posibilidad de mostrar la dimensión misionera de nuestra fe está siendo toda una riqueza.

20160712_111229  “…Llama la atención como la Eucaristía está teñida del camino. Las homilías o las introducciones a la misma, siempre nos hacen referencia a todo camino. Al de Santiago, al de nuestra vida… Experimentar en este camino físico cómo debería ser nuestro camino vital: con poco equipaje. Cuanta más sea la carga que llevemos, más difícil sera avanzar, más tardaremos en llegar a donde quiera que vallamos. Las mochilas del peregrino tiene que ser ligeras. Y si comenzó el camino muy cargado, se irá dando cuenta de las cosas superfluas que ha de ir dejando atrás, quedarse con lo esencial, desprenderse. Y así es el camino de nuestra vida. O así debería de ser, porque la realidad nos dice que estamos haciendo lo contrario. Acumulamos y acumulamos peso y más carga sobre nuestras espaldas, sobre nuestros hombros, haciéndose el camino de la vida más y más pesado cada día. Y nos resistimos a desnudarnos de todo lo que nos estorba para ser felices, porque seguramente es eso lo que no nos deja ver el camino con claridad.

Nos parecería ridículo ver a un peregrino por estos parajes con unas anteojeras, con gafas de sol, con las orejas tapadas por música, con una gran mochila cargada de cosas a todas luces innecesarias. No disfrutarían del camino, de la naturaleza tan exuberante y verde que nos ofrece esta tierra. Ni del canto de los pájaros, ni el poder hablar y relacionarse con otros caminantes. ¡Que anormalidad!  Y sin embargo vemos normal andar por la vida cargados, doblados por el peso, no de la existencia, sino de nuestras posesiones más preciadas; esas que no nos acompañarán como no lo han hecho a lo largo de la historia del hombre, al final de nuestro camino vital. Posesiones que no nos dejan disfrutar de la vida a todo color, de la sinfonía continua del camino y de las personas que se agregan a nuestra vida, pasan por ella o las vamos perdiendo de vista poco a poco. O de golpe. Y es, en este último caso, cuando reflexionamos y caemos en la cuenta de que estamos muy cargados en la vida. De que perdemos el tiempo en escuchar nuestra propia música, viendo la vida a través de nuestras gafas, no más allá de lo que nos permiten nuestras orejeras. De que estamos encerrados en nosotros mismos y en los problemas que nos creamos también nosotros.

IMG-20160711-WA0002 La parroquia está a tope de gente. Muchos jóvenes que vienen de otras parroquias de España, de movimientos cristianos, sacerdotes que les acompañan, monitores, religiosos en bicicleta o religiosas caminando con sus bastones o palos. Tanta diversidad de gente y tanta gente diversa, que uno, ni dos ni los cinco que estamos por aquí podemos poner en pie. Nos llama la atención la mucha devoción y piedad de tantos y tantos jóvenes, de otras tantas personas no tan jóvenes. ¿Es solo una semilla  que se planta en este camino? ¿Caída al borde del camino o entre zarzales? ¿O caída en buena tierra, que dará mucho fruto? Pedimos a Dios Padre para que la Palabra ofrecida en estas palabras caigan, como la semilla,  aunque sea al borde del camino. Al menos servirá para alimentar a los pájaros, de esos que no tienen que preocuparse por la comida ni por el vestir. Y las que Él considere necesario o prudente, caigan en tierra buena o menos buena.

 Y después de la Eucaristía volvemos a casa. Y a esperar otro nuevo día, que nos traerá nuevas personas, con sus cargas, con sus vidas; a las que esperamos “aliviar” de alguna manera. O que ellos nos iluminen a nosotros. Es cuestión de irnos pasando la luz y la sal. De compartir lo que de poco tenemos para llegar al final de nuestro camino».

Juan Eugenio Escobar. LMC

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

ASAMBLEA DE LA COORDINADORA DE ASOCIACIONES DE LAICOS MISIONEROS

ASAMBLEA DE LA COORDINADORA DE ASOCIACIONES DE LAICOS MISIONEROS. (CALM).

UNA OPORTUNIDAD PARA CELEBRAR EL LAICADO MISIONERO AD GENTES.

IMG-20160606-WA0001

Por fin. En medio de miles de tareas y propuestas de fin de curso…nos juntamos algunos de los laicos y laicas misioneras que formamos parte de la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros, conocida como la CALM. El 4 de Junio celebramos, un año más, nuestra Asamblea.

Las entidades que formamos la CALM somos diversas, y el colorido que aportamos a la Misión Ad Gentes tiene nombre de Misioner@s de la Esperanza (MIES), Laic@s Misioner@s de Cristo Jesús,  Laic@s del Verbo Divino, Ekumene, Ocasha-ccs, Seglares de la Familia de la Sociedad de Misiones Africana,  Laic@s Misioner@s  Combonian@s, Laic@s Misioner@s de la Consolata, MISEVI. En esta ocasión nos acompañaron también, aunque no forman parte aún de la CALM,  dos laicas javerianas y una laica encarnada en la Diócesis de Madrid. Somos hombres, mujeres, casad@s, solter@s…y como familias que somos también nombramos a nuestros y nuestras hijas, de edades diversas, desde bebés a adultos pasando por adolescentes. A esta Asamblea acudimos una pequeña parte, aunque representativa,  de quienes formamos la CALM porque los desplazamientos y las responsabilidades familiares o laborales lo hacen difícil.

               Desde esta entidad participamos en la Conferencia Episcopal de Misiones con el Consejo Nacional de Misiones, en la PUM, en el Consejo Misionero Diocesano de Madrid, en la Escuela de Formación Misionera. Y de modo particular, si vivimos en España,  estamos presentes en nuestras delegaciones de misiones.

               En esta ocasión nos juntamos en Madrid, en nuestra sede. Y éramos de Madrid, Valencia, Zaragoza, Zamora, Alicante, Málaga, Huelva….

               El día fue intenso, cargadito de temas y propuestas para ver y definir.  Os cuento que el 8 de Octubre, junto con las OMP, estaremos en Tarragona, junto con la exposición itinerante de OMP. Y tendremos un encuentro nacional de laicos y laicas misioneras. Queremos compartir nuestra experiencia de misión ad gentes y vernos y que nos vibre el corazón y la vida con este regalo inmenso que tenemos y que nos provoca a seguir queriendo “salir de nuestra tierra” .  Después, los y las amigas de Ocasha-ccs nos acogieron para comer y prepararon una comida riquísima.  Y por la tarde tuvimos el honor misionero de que nos acompañara el misionero del IEME, José María Rojo…que vino con nosotros y nosotras recién caidito del avión. Él nos expuso el tema central de “Una Iglesia pobre para los pobres”. Yo me quedé con esas pistas que nos dio en relación a los pobres: “correr su suerte, asumir sus causas y con alegría, no como si fuera una cruz muerta”. Y para cerrar esta Asamblea celebramos la Eucaristía. Compartiendo y  cantando.

               Un abrazo y buen verano.

Isabel Herrero. Laica Misionera Comboniana. Secretaria de la CALM.