Compartimos las últimas noticias que nos llegan desde Bangassou en Rep. Centroafricana de la mano de mons. Juan José Aguirre. Una vez más el lenguaje de la violencia y de las armas se impone al lenguaje de la paz. Nos unimos en oración y pedimos por el pueblo centroafricano que tan duramente está siendo golpeado por la guerra y la violencia en los últimos años.
«Bangassou ha caído hoy en manos de rebeldes, muchos de ellos mercenarios y gente del Níger. ¡¡¡La mañana ha sido trepidante!!! Artillería pesada desde las 5 de la mañana y una treintena entre muertos y heridos. Tendremos que adaptarnos a un nuevo régimen… Esperemos que se eviten agresiones y pillajes. Para la Iglesia, la población sigue ahí, los pobres no se han movido ni el Cristo que habita en ellos, la comunidad cristiana seguirá creciendo y nosotros con ella. ¡¡¡Union de oraciones!!! En la foto un grupo de huérfanos que nos hemos traído a casa durante los días de tumulto e inseguridades. Aquí están distraídos. También ellos son inocentes, los miras a los ojos y no saben nada de rebeldes, de mercenarios, de luchas de poder… Sólo oyen los tiros y la ráfagas y se asustan mucho. Estábamos trabajando en tantos bellos proyectos de reconstrucción del país… Ahora tendremos que volver a empezar muchos de ellos. ¡¡Tiempo del hombre, tiempo de Dios!! Hay muchos traumatismos que hay que sanar. ¡¡Cristo sufriente está detrás de cada schock postraumático!! Los ancianos de la casa de la esperanza no se ni cómo están hoy. ¿ Se habrán llevado hoy algo a la boca? Siempre los más vulnerables pagan los platos rotos. Ha habido niños heridos de balas perdidas, niños que habían huido al Congo, nos separa nada más que el río, para escapar a la quema. Pero una bala le ha caído como una espada de Damocles sin saber de dónde venía. Hasta en su huida lo ha alcanzado la violencia de los agresores. A otro, rebelde este, lo han asesinado a palos en justicia popular. He visto su foto. Anoche cuando dormía no podía ni imaginar que su cuerpo podría quedar totalmente destrozado. Luego están los soldados del gobierno que han aguantado varias horas de esta fiesta de la Epifanía, hasta que el fuego cruzado los ha derrotado y han huido, dejándonos sólos, a mí y a mi gente, y Dios mudo a nuestro lado. Pero esta tarde, durante las vísperas, se nos ha reconocido y nosotros hemos dicho: ¡¡¡sabíamos que estabas aquí!!! «En la noche más negra, estabas pero dormido». ¡¡¡Dios es nuestro escudo!!!!»
Queridos todos, queridas todas. Un saludo de corazón desde Etiopía, y, como dicen aquí: «egziabhier bebereket yimulachihu» (que Dios os colme de bendiciones).
La mayoría de los que recibiréis este mensaje me conocéis, pero como es difícil saber el verdadero alcance de los medios, me presento. Mi nombre es David, y os escribo como Laico Misionero Comboniano, desde Gilgel Beles, al noroeste de Etiopía, donde fui enviado hace más de año y medio a compartir vida con todas este pueblo, y ya de vuelta en este segundo periodo.
En primer lugar, a través del enlace que a continuación os dejo, os comparto cómo son los hermanos y las hermanas que me acogen por estas tierras (viviendas, aldeas y caminos, modo de vida, cultura, etc.), así como un resumen de cuáles fueron nuestros primeros pasos en los diferentes proyectos que se nos plantearon ante las enormes necesidades que nos encontramos.
Podéis vivir unos minutos con el pueblo Gumuz y conocer nuestra realidad en este click (todas las fotos y videos que aparecen están hechas por mí o por mis compañeros/as):
A mi vuelta, la situación ha empeorado bastante. Por un lado, en algunas regiones el conflicto armado entre las fuerzas del Gobierno y las locales está dejando tras de sí miles de muertos, heridos y cientos de miles de desplazados.
Por otro lado, en otras regiones (y muy especialmente la mía) los conflictos étnicos han paralizado la vida (administración, colegios y otros centros educativos, hospitales y centros sanitarios, mercado básico, transporte, etc.), provocado también la huida de miles de familias a lugares donde no puedan ser perseguidos o reclutados por las guerrillas locales, y mantienen a la población viviendo en el miedo. En esta tesitura, los problemas ya existentes (y que habéis podido comprobar en el video) se han visto agravados por la nueva situación de enfrentamiento.
Nuestra labor aquí pretende ser el soporte social y estructural a los proyectos que los Padres Combonianos y las hermanas Combonianas desarrollan; no obstante, la situación actual (conflicto, precariedad, gran dificultad de movimiento, falta de medios e inseguridad) nos obliga a replantear aquí nuestra presencia, pero procurando siempre poner en el centro a estos hijos e hijas de Dios, a su servicio.
Por esa razón, son los tres los aspectos que vamos a intentar atender:
-Por un lado, la pastoral del enfermo: manteniendo los tratamientos comenzados y/o empezando nuevos tratamientos que sean requeridos; acudiendo a las aldeas para acercar a los enfermos al centro sanitario más cercano, colaborando en su transporte, asistencia, pago del precio del médico y los medicamentos (para quien no pueda afrontarlo, total o parcialmente), seguimiento de dicho tratamiento y consultas posteriores.
-Por otro lado, la pastoral de la infancia y la juventud: nuestro primer objetivo era la colaboración con los colegios y guarderías (material escolar, alimentos diarios para los estudiantes, etc.), así como atender a casos de especial abandono que hemos ido encontrando; no obstante, la nueva realidad nos hace abrir el abanico y estar disponibles para todas las situaciones que puedan surgir (sostenimiento de menores abandonados o en familias sin recursos, urgencias alimentarias, apoyo a los centros educativos en cualquier actividad que desarrollen, etc.).
-Por último, la pastoral de la mujer: son numerosas las situaciones de vulnerabilidad que nos encontramos entre las mujeres por múltiples razones (viudedad, abandono del marido, situaciones relacionadas con los conflictos, escasos o nulos recursos para mantener a la familia y mantenerse, imposibilidad de trabajar, enfermedad, etc.). Por esa razón, nuestro objetivo será atender las urgencias, pero también plantear algún proyecto, en cooperación con las hermanas Combonianas, que permita dar trabajo y salida digna a estas mujeres a largo plazo.
Estos tres puntos son las propuestas para llevar a cabo; la nueva situación de conflicto no permite concretar más, ni ser precisos en su planteamiento. No obstante, todo los medios que podamos obtener se pondrán al servicio de estas tres pastorales, en cualquiera que sea su desarrollo. Incluso, si la realidad demorara excesivamente la continuación de todos los proyectos, pondríamos los medios a disposición de los Padres Combonianos y de las hermanas Combonianas para que sean ellos y ellas los que den continuidad y sigan construyendo en este sentido, en estas pastorales (enfermos, infancia/juventud y mujeres), asentándolas a largo plazo.
Somos conscientes de que la situación que se vive en todo el mundo no es fácil, tanto por la Pandemia como por sus consecuencias económicas y sociales. Que sea el discernimiento personal y la libertad de cada uno los que sustenten la colaboración que se pueda dar.
Para ello, os hago llegar el número de cuenta de AMANI, la asociación creada hace años por nuestro movimiento de los Laicos Misioneros Combonianos; ésta quiere servir de cauce para las ayudas recibidas, así como sostener los proyectos que desde los diferentes lugares en los que estamos presentes se envían para el desarrollo de nuestros hermanos y hermanas.
El número de cuenta es: ES5514910001203000059881 (Triodos Bank, banca ética).
Si vuestra colaboración es para Etiopía y los proyectos arriba presentados, os pedimos lo especifiquéis en el envío (por ejemplo, Donativo Etiopía o Donativo Gumuz). No obstante, también se puede hacer una colaboración general, que será enviada a los proyectos en los que como Laicos Combonianos estamos presentes (Mozambique, Brasil, República Centroafricana, Perú, etc.). Podéis conocerlos también entrando en la web de la asociación (Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI). Cualquier colaboración será recibida con enorme gratitud.
Si queréis mantener el contacto conmigo durante mi periodo en Etiopía, os hago llegar el correo electrónico que, cuando me sea posible, leeré con mucho gusto y contestaré con alegría: davidap.etiopia@gmail.com
Desde Etiopía, os envío un abrazo enorme a todos y todas. Estamos unidos/as en la causa que el Padre nos encomendó: hacer de este mundo su Reino.
¿Estamos dispuestos?
Ayer nos enterábamos de la muerte del P. Carlos Bascarán en Brasil a causa del COVID-19. Nos unimos en oración como familia Comboniana por su eterno descanso y damos gracias a Dios por su vida entregada a la misión y a los más pobres. Descanse en Paz.
Compartimos una de las últimas entrevistas que se le hizo mientras estaba de vacaciones por España en junio de 2019.
«A sus 78 años, el padre Carlos Bascarán se mantiene en plena forma, tal vez porque de joven jugó en el Oviedo y nunca ha dejado de practicar deporte. Este asturiano trabaja desde 1983 en Brasil, y solo cada dos o tres años se deja caer por España para descansar un poco y saludar a su familia. Antes de que en septiembre regrese de nuevo a su destino misionero, hemos aprovechado para hablar con él.
Brasil es muy grande, ¿dónde trabajas exactamente? Estoy trabajando en Santa Rica, a unos veinte kilómetros de la ciudad de João Pessoa, en el estado de Paraíba, que es la parte más oriental de Brasil. Concretamente vivimos en un barrio de Santa Rita que se llama Marco Mora y que es una zona bastante abandonada. La población es muy variada: blancos, mestizos, negros y también algunos descendientes de indígenas. La gran mayoría son pobres.
Háblanos de tu comunidad comboniana. Aunque jurídicamente seamos una única comunidad, por motivos pastorales vivimos en dos lugares diferentes. Dos combonianos y yo vivimos en la parroquia y otros dos, que llevan la parte más específicamente social, viven a apenas unos kilómetros. Tomamos la opción de separarnos porque consideramos que el trabajo social exige una presencia en medio de la gente para no parecer un funcionario. Una vez por semana nos encontramos, tenemos una pequeña reunión para compartir experiencias, celebramos la misa y comemos juntos.
Trabajas en la parroquia, ¿verdad? Sí, en la parroquia de San Antonio. Yo soy vicario parroquial y aporto todo lo que puedo. Seguimos la línea pastoral de los Combonianos en Brasil, centrada en las comunidades de bases, la formación de líderes y el acompañamiento de jóvenes. Estamos en esta parroquia desde hace nueve años y yo personalmente llevo siete años, y estamos muy contentos con los líderes que están surgiendo. Son fantásticos, son gente pobre pero de una generosidad enorme. Además de la familia y de la lucha diaria por salir adelante ellos dedican tiempo y esfuerzos para animar y coordinar las comunidades y grupos pastorales.
¿Y la parte social?
Tenemos dos actividades fundamentales: un centro de defensa de los derechos humanos y un centro formativo para jóvenes y niños. En torno al primero ha surgido una cooperativa de reciclaje. Son unas 30 o 40 personas acompañadas por el hermano comboniano Francesco D’Aiuto. Al principio trabajaron mucho para concienciar a las familias del barrio y conseguir que separen los desechos en función del reciclado. Ahora pasan una vez por semana a recoger los desechos, lo reciclan en la cooperativa y lo venden. Sacan buenos beneficios porque evitan a los intermediarios. Al inicio fue difícil coordinar el grupo pero ahora funciona muy bien. El centro de formación acoge a niños y jóvenes en horarios extraescolares para ayudarles en la formación humana, música, baile de la capoeira, informática, taller de costura, etc. Participan unos 200 chicos y chicas. En el barrio había más violencia antes, creemos que nuestro centro y otro parecido que existe para chicos más mayores han contribuido en la disminución de la violencia.
Para terminar cuéntanos algo de la realidad actual de Brasil. Actualmente la Iglesia está trabajando mucho en vistas al próximo Sínodo de la Amazonia, pero queda mucho para involucrar a la sociedad. A nivel político, desde enero tenemos nuevo presidente. Bolsonaro llegó al poder con el objetivo de acabar con la corrupción, lo cual es positivo pero yo creo que no lo va a conseguir. Además, Bolsonaro es militar y no ha escondido una cierta falta de preparación para los asuntos políticos que puede pasarle factura. Ya veremos. Gracias Carlos y buenas vacaciones.»
En estos 35 años del martirio del Siervo de Dios, el Padre Ezequiel Ramin, la Hermana Sandra Amado, misionera comboniana, comparte su testimonio de vida y vocación y Andressa lee una de las cartas del P. Ezequiel.
Junto con la iglesia en Brasil y en el mundo, recordamos las causas que movieron al misionero y Siervo de Dios. Hoy en día las mismas causas continúan moviendo a la sociedad y a la Iglesia, especialmente a través de la acción del Papa Francisco. Tanto la Laudato Si como en el Sínodo para la Amazonia, o en la reunión de jóvenes economistas, convocada en Asís, son ejemplos de la actual y urgente lucha por la justicia. La vida es un derecho de todos, pero una vida digna exige grandes cambios en el sistema al que, por desgracia, acabamos acostumbrándonos.
Que el Padre Ezequiel sea un ejemplo y una inspiración para nosotros en este difícil momento de la vida: pandemia, confinamiento, desmantelamiento de derechos y políticas públicas. La vocación misionera es una dedicación al servicio de la vida, de la persona humana y de la naturaleza. La solidaridad es una llamada para todos, pero al entregarse a la misión se fortalece y se convierte en un sueño y un proyecto de vida. Ezequiel Ramin, la hermana Creusa, la hermana Dorothy, Chico Mendes, el padre Josimo, con tantos mártires que quedaron en el camino, ayudan a nuestro pueblo a levantarse para defender sus derechos y sus vidas.
Entre las novedades que nos ha traído esta tristemente famosa pandemia del Covid-19 es que no da demasiado margen a la acción caritativa ni al heroísmo en favor de los demás. En viejas épocas de peste, quien optara por ello se podía dedicar totalmente a los apestados aun a riesgo de sus vidas. Así lo hicieron personas que más tarde fueron declarados santos, como Luis Gonzaga, el rey Luis de Francia o Daniel Comboni. Pero eso ahora está prohibido. Estamos en una sociedad superorganizada que actúa por criterios de higiene científica, y lo que se nos dice es que la mejor manera de ayudar al prójimo es estarse quietecitos en casa para disminuir los riesgos de contagio. Con todo, siempre hay espacios para la generosidad, aun en tiempos del coronavirus.
Digo todo esto desde un rincón de África donde, a Dios gracias, ni ha llegado “todavía” en coronavirus y donde las medidas gubernativas de aislamiento no son tan draconianas como lo han sido en Europa. Pero igualmente estamos condicionados de muchas maneras por el virus, el cual es como una espada de Damocles que pende amenazadora sobre nuestras cabezas.
Vivo en la misión de Gilgel Beles, en Etiopía, con dos jóvenes laicos misioneros combonianos, uno español y el otro portugués, que han llegado aquí hace un año. Del coronavirus nada se sabía entonces y venían llenos de ilusión por hacer muchas cosas en favor de los demás. Se dieron sin medida en servicios como la enseñanza de todo aquello que eran capaces de enseñar, las visita as los poblados, llevar al centro de salud a los enfermos que caían en su camino…Trabajaban como a destajo para disfrutar al máximo el breve período de dos años de su permanencia.
Luego, inesperadamente, en mitad de la faena, por así decirlo, llegó el coronavirus. Muchas organizaciones llamaron a sus miembros a volver a la nación de origen. También ellos fueron llamados. Si se quedaban, era bajo su responsabilidad. Y ellos no dudaron en la elección: se quedaban “bajo su propia responsabilidad”, incluso cuando la madre de uno de ellos está pendiente de una delicada operación de cáncer e incluso cuando ellos mismos están aquejados de continuos ataques de tifus y fiebre tifoidea, que los debilitan..
Y aquí siguen. Como ya dije, no es que las medidas de confinamiento sean particularmente duras. El margen de movimiento es todavía bastante amplio, al menos mientras no asomen por nuestra zona los primeros contagios. Sin embargo, todo el rimo de las actividades se ha resentido. Al paralizarse totalmente la vida académica y al estar prohibidas las reuniones, ya no pueden enseñar .a grupos y la biblioteca que habían abierto ya no tiene clientes.
A pesar de todas estas limitaciones, intentan resistir hasta el límite. Se han encariñado con esta gente y, aunque no puedan hacer muchas cosas “por ellos”, pueden sí estar “con ellos”. Y ellos sienten que la simple presencia en estos momentos de tribulación es un valor que de por sí ya justifica tanto el haber venido como el quedarse el mayor tiempo posible.