Semana Española de Misionología: «Misión y Redes»

Del 2 al 5 de julio se ha celebrado en Burgos  la 71 Semana  Española de Misionología  bajo  el título «MISIÓN Y REDES».

Han sido unos días  intensos en los que se ha reflexionado sobre la necesidad de formarse bien para llevar la belleza del Evangelio al mundo digital.  Las redes sociales y el mundo digital ha creado nuevas formas de pensar, estructuras de mentes diferentes.  Por ello, la Iglesia tiene que aprender a comunicar en estos códigos, y cambiar las forma de producir la información.

A lo largo de la semana participaron numerosas personalidades del mundo que trabajan en el mundo de la comunicación, además del testimonio de varios testimonios misioneros que explicaron cómo establecen comunicación misionera a través de las redes sociales.

Como no podía ser de otra manera,  la Semana Española de Misionología, ha predicado con el ejemplo: por primera vez, todas las ponencias y mesas redondas se han retrasmitido por streaming, y se han contado en directo en las redes sociales. Se ha llegado cerca de los 6 millones de impresiones en Twitter, y se han multiplicado por cinco las visitas en el perfil de Facebook.

Para ver las fotografías de la Semana de Misionología de Burgos: https://www.flickr.com/photos/130054684@N03/albums/72157698627018725

Para ver todas las ponencias y mesas redonda: https://www.youtube.com/watch?v=gCM5sZrh5rc&feature=youtu.be.

 

 

La Vida por la Amazonía (I)

“…Pienso en nuestros mártires, en los mártires de nuestros días, los hombres, las mujeres, los niños que son perseguidos, odiados, expulsados de sus hogares, torturados, masacrados. Y esto no es una cosa del pasado: esto sucede hoy. Nuestros mártires, que terminan sus vidas bajo la autoridad corrupta de gente que odia a Jesucristo. Nos hará bien pensar en nuestros mártires”. (Papa Francisco 6-02-2015)

Los territorios Pan-amazónicos están regados con sangre de mártires. Mujeres y hombres que dieron su vida para que la utopía del Reino se encarne entre nosotros. Enmarcada en el compromiso por la defensa de la vida  y el servicio a los pueblos de la Pan-Amazonía en  defensa de sus sabidurías ancestrales y de sus territorios,  la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) presenta una serie de videos que procuran acercarnos a las acciones, el pensamiento y el espíritu que animaba sus vidas y que de alguna manera explican su martirio. En un contexto de marginación, desprecio por la vida de los indígenas y de explotación inmisericorde de los recursos naturales, las y los mártires panamazónicos anunciaban a un Dios fraterno, promovían la justicia y buscaban una vida en plenitud para estos pueblos.

La voz de los profetas sigue resonando aún en el silencio de las selvas, la valentía de los pastores ha enfrentado y sigue enfrentando los intereses privados, y la sangre de los mártires ha bañado y sigue bañando la tierra y los ríos de la Amazonía. Con el papa Francisco afirmamos que “la Iglesia no está en la Amazonía como aquellos que tienen las maletas listas para partir después de haberla explotado. Desde el inicio, la Iglesia está presente en la Amazonía con los misioneros, congregaciones religiosas, sacerdotes, laicos y obispos, y ella continúa presente, y es determinante para el futuro de aquella región”. Hoy la Iglesia de la Amazonía es “una Iglesia pobre para los pobres” (EG -Evangelii Gaudium- no. 198).

La sangre de los mártires, y la presencia de la iglesia, sigue inspirando y comprometiendo a quienes trabajan en la promoción integral de las poblaciones amazónicas, para que ellas sean sujetos de transformación en la sociedad y en la Iglesia. La vida de los mártires nos ayuda a amar las culturas, tradiciones, costumbres, creencias, organizaciones y ritmos de la gente de la Amazonía; acompañando los procesos de liberación de las poblaciones amazónicas, signo del Reino de Dios.

La vida de los mártires amazónicos nos convoca también a unir esfuerzos y trabajar para incidir en políticas públicas de carácter local, nacional e internacional a favor de los que viven en la pan-amazonia y de sus diversos desafíos. Esta serie audiovisual nos facilita una lectura de la vida de los mártires y su contexto, una reflexión sobre la realidad de este bioma (sistema vivo), con el fin de buscar, junto a nuestras comunidades y pueblos, soluciones que dignifiquen sus vidas.

Estos reportajes intentan ser una ayuda a la conversión ecológica a la que nos convoca el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si: “Una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático. De otro modo, aún las mejores iniciativas ecologistas pueden terminar encerradas en la misma lógica globalizada.”

 

El primer capítulo de la serie «La Vida por la Amazonía» nos cuenta, a través de quienes lo conocieron y siguen su ejemplo de lucha y entreha, la vida y martirio de mons. Alejandro Labaka.

Mensaje del Papa Francisco para la 92 Jornada Mundial de las Misiones

El pasado sábado el Vaticano hizo público el Mensaje del Papa Francisco por la 92 Jornada Mundial de las Misiones que se celebrará el domingo 21 de octubre de 2018.

En el texto, el Santo Padre invita a todos los cristianos, especialmente a los jóvenes, a llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, testimoniando el amor de Dios.

A continuación, el texto completo del Mensaje del Papa Francisco:

 

Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos

Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes perciben cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.

 

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

FRANCISCUS