I Encuentro del Laicado Misionero en Andalucía

El pasado día 18 de febrero, nos reunimos en la parroquia Cristo Rey de Málaga siendo acogidos por el Instituto de Misioneros de la Consolata. Acudieron a la convocatoria de Ocasha-Andalucía los siguientes grupos:
img-20170222-wa0026– Laicos Misioneros Combonianos (Granada)
– Laicos Misioneros de la Consolata (Málaga)
– Misioneros de la Esperanza (MIES) de Málaga
– Movimiento de Acción Cristiana (MAC) Málaga
– Cáritas de Granada y Almería
– Ocasha-Cristianos con el Sur (Jaén, Granada, Almería,Málaga y Sevilla)
– Amigos relacionados con la Misión
– Los Delegados de Misiones de Málaga y Granada

Comenzamos la jornada con una oración preparada por José María Fedriani (Ocasha), seguidad de una dinámica de integración que preparó Tere (Ocasha).

Ya entrando en materia, Lola Golmayo de Ocasha y actual presidenta de la CALM (Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros) nos habló de la importancia de los laicos en la misión y de lo que es la CALM.

No presentamos cada grupo, así pudimos conocer mejor nuestros diferentes estilos, lo que nos caracteriza, nuestros carismas y sobretodo el amor por la misión.

Algunas conclusiones
• Hay más misioneros retornados que en destino. Son muy pocos las personas que salen a misión de cada grupo.
• Hay que seguir haciendo animación misionera pero con nuevas formas, métodos… El lenguaje que hemos usado hasta ahora ha quedado obsoleto. Hay que adaptarse a los tiempos y poner pasión.
• Los jóvenes son un reto, hay que adaptarse a su estilo en el lenguaje y las propuestas.
• Debemos unir todas las fuerzas misioneras en las Delegaciones de Misiones, desde ellas acoger todo el sentir misionero.

img-20170222-wa0019Para finalizar la mañana, pusimos en común una lluvia de ideasde lo que podríamos hacer juntos:
• Ver las fortalezas que hay en cada grupo, asociación, movimiento misionero… y poner al servicio de los demás: Ocasha puede ofrecer la riqueza de su proceso formativo y el espacio de la sede en Madrid, los Laicos Combonianos sus espacios de encuentro, Cáritas su experiencia de trabajo con jóvenes….
• Estas propuestas deben dialogarse con cada organización y ver qué podemos aportar y cómo hacerlo.
• Fomentar este tipo de encuentros que nos enriquecen a todos.

Continuamos con una comida compartida y con un café que nos ofrecieron los misioneros de la Consolata.

Ya después de comer, celebramos la Eucaristía que ofició el actual delegado de misiones de Granada, Elías Alcalde. Elías, nos invitó a todos a participar el día 11 de este mes en Guadix a una conferencia de Bernardo Andreu, Doctor en filosofía y teología sobre “La sociedad del escándalo” de 11 a 14h.

Desde Cáritas Granada, José Carlos nos invitó a todos los presentes a dar testimonio misionero a algunos colegios y un domingo en la tarde a un grupo juvenil.

Nos despedimos con una foto de los que nos quedamos hasta el final. Pues algunos compañeros tenían otros compromisos y se fueron a la hora de la comida. Nos dijimos adiós con el compromiso de poder caminar juntos en esta hermosa tarea misionera y de que este sea el primero de muchos encuentros.

img-20170222-wa0027

img-20170222-wa0008

7º Domingo T.O. 19 de febrero de 2017

Mateo 5,38-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.
Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

 

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

La llamada al amor es siempre atractiva. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general que respiraba en su entorno de odio hacia los enemigos, proclamó con claridad absoluta su llamada: «Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen».

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse, sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios no ha de introducir en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo, porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos, incluso el de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor o afecto hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando odio y sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle daño. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos. Podemos incluso devolverle bien por mal.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias, a la persona se le puede hacer prácticamente imposible liberarse enseguida del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

José Antonio Pagola

En nuestras manos está: alimentar el odio o el entendimiento, contribuir al dolor o al amor, construir barreras o puentes. Tender la mano siempre, a pesar de todo, no no amar.

Unidos por la Paz el diálogo interreligioso

Durante esta semana  los galardonados con el premio Mundo Negro a la Fraternidad, el Cardenal Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui y el Imám Oumar Kobine Layama, Presidente del Consejo Islámico de Centroáfrica visitaron  la ciudad de Granada, ciudad de encuentro y de encrucijadas de culturas.

A través de su testimonio pudimos acercarnos a la realidad compleja de este  país. Su trabajo para promover el encuentro y la fraternidad entre los miembros de las diversas religiones ha contribuido a desenmascarar la raíz más profunda del problema que se vive en Centroáfrica:  la lucha por el control de las riquezas económicas del país y por el poder, especialmente por el control de los yacimientos de diamantes.

Actualmente trabajan por construir una plataforma que consolide la acción de reconciliación y se extienda no solo al propio país centroafricano sino que sirva de ejemplo para la acción en otros lugares de África.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Manos Unidas Campaña Contra el Hambre 2017.

Un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mi
entras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo. 

Manos Unidas nació como Campaña contra el Hambre para dar respuesta a una llamada de la Comunidad Internacional a unir esfuerzos y acabar con esa lacra en el mundo. Sesenta años después asistimos a lo que San Juan Pablo II denominó «la paradoja de la abundancia»: a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, sigue habiendo 800 millones de personas a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse.

El lema elegido para la campaña de 2017 incorpora aspectos centrales del problema del hambre y busca promover un compromiso con un modelo global de producción y consumo sostenibles:compromiso con una concepción de los alimentos como comida para las personas y no como negocio; compromiso con la agricultura sostenible y compromiso con el aprovechamiento integral de la producción evitando la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Más información sobre la campaña

 

6º Domingo T.O. (A) 12 de febrero de 2017

Mateo 5,17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.] Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

 

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la Ley, que ordena «no matarás». Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata cumple la Ley, pero, si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se dé solo en la convivencia social. Es también un grave problema en el interior de la Iglesia. El papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de «cristianos en guerra contra otros cristianos». Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: «No a la guerra entre nosotros».

Así habla el papa: «Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?». El papa quiere trabajar por una Iglesia en la que «todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis».

J.A Pagola

En un mundo donde cumplir la ley puede considerarse un objetivo y un éxito, proponemos mirar a nuestro interior, a nuestro corazón, a la intimidad de Dios para vivir con una autenticidad mayor que la propuesta por las normas.